Por Arturo CifuentesKen, Yoko y la IA

El advenimiento de la inteligencia artificial (IA) ha gatillado todo tipo de especulaciones con respecto al futuro, desde qué trabajos se eliminarán hasta cómo podría esta afectar las capacidades cognitivas y emocionales de los humanos. Sin embargo, algunos efectos más concretos e inmediatos han recibido menos atención.
Es el caso de las ciencias de la computación. Si bien se ha reportado que los programadores están teniendo dificultades para conseguir empleo, ya que muchas tareas simples han sido desplazadas por la IA, lo concreto es que esta tendencia ha afectado principalmente a los jóvenes (profesionales entre los 22 y 25 años). Entre los programadores con más experiencia (el segmento 35-40 años), el empleo se ha mantenido estable o ha aumentado. Sin embargo, la tendencia más interesante —o tal vez más dañina— es la que está afectando a las universidades.
El sueldo de un profesor asistente en esta disciplina fluctúa entre los US$100 mil y US$140 mil al año. El sector privado, específicamente firmas ligadas a la IA, están ofreciendo sueldos que son prácticamente el doble. Y en el caso de investigadores con algunos años de experiencia, o jóvenes con un Ph.D. de una universidad de prestigio, los llamados “frontier labs” pueden ofrecer una compensación cercana al millón de dólares anual.
En este contexto, no es sorprendente que muchos académicos estén abandonando sus universidades para unirse al sector privado. Específicamente, en lo que va del año 2026 al menos 22 profesores han dejado sus posiciones en universidades de renombre. Más allá del factor económico, es razonable suponer que estos empleos ofrecen atractivos adicionales.
Ken Ono, quien dejó la Universidad de Virginia para unirse a Axiom Math, y aseguró que no lo hacía por el dinero, tal vez refleja (con un tono un poco mesiánico) este sentimiento: “Voy a tener el lujo de participar en transformar cómo el mundo realmente funciona”.
Curiosamente, no es la única persona llamada Ono que ha intentado transformar al mundo. Yoko Ono trató de hacer lo mismo hace poco más de medio siglo en Montreal, pero con un objetivo un poco distinto: Give Peace a Chance. Participó junto con su marido, John Lennon, en un bed-in (una semana en cama) para promover esta idea. Años después, Yoko Ono reflexionó sobre la ingenuidad de su proyecto: “John y yo pensamos que nuestro bed-in podría transformar las cosas… pero no teníamos mucha paciencia.”
Claramente Ken Ono no va a necesitar tener mucha paciencia: la IA está transformando al mundo de forma bastante rápida. Ahora bien, si esos cambios van a promover la paz o no, está por verse. De cualquier forma, pasar una semana en cama para promover el uso pacífico de la IA sigue siendo una idea un tanto ingenua.
*El autor de la columna es investigador principal en Clapes UC
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