Patricio Pron: formas de escribir un cuento

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La principal virtud del escritor argentino Patricio Pron (1975) como cuentista es su versatilidad, el rango de opciones que maneja con las formas breves. Su nuevo libro, Lo que está y no se usa nos fulminará (Literatura Random House), lo confirma: doce cuentos que son doce maneras diferentes de abordar el género, de mostrar su plasticidad. Hay también una enorme variedad de temas y atmósferas: cuentos políticos y de escritores, cuentos ambientados en la Argentina de los setenta y en el Brasil de hoy. En casi todos también se encuentra un humor sorprendente, algo que convierte a este texto en un fino ejemplo de esa levedad que pedía Ítalo Calvino para la literatura contemporánea, "el deseo de acariciar con la gracia del coral el horror salvaje de la Gorgona".

La crítica Graciela Speranza ha notado que una de las grandes contribuciones de Pron es su trabajo con el tiempo, la búsqueda de nuevas formas simbólicas de narrarlo que, al desnaturalizarlo, nos ayuden a enfrentarnos a la experiencia acelerada del presente. De ello dan prueba aquí los dos mejores cuentos del libro, "La repetición" y "Las luces sobre su rostro, las luces sobre su rostro", capaces de destacar incluso en un libro de muy alto nivel. En ambos cuentos los personajes se proyectan al pasado, buscando en la repetición o superación de una noche feliz o traumática la clave que les permita salir de un presente entrampado. En "La repetición", un hombre en medio de una crisis existencial se aboca al proyecto delirante de querer reconstruir una noche ocurrida cuarenta años atrás en la que fue feliz; el cuento trabaja con la fisura existente entre esa imposibilidad (no podemos volver a vivir el pasado) y la memoria infiel del pasado, mezclada en un presente de nostalgia y desazón. "Las luces sobre sobre su rostro, las luces sobre su rostro" es el cuento técnicamente más complejo: la historia de un boxeador mexicano que en medio del ring recuerda dos accidentes: uno diez años atrás, que pudo haber dado fin con su carrera -conducía borracho y drogado- y otro cinco años atrás, en el que fallece su esposa. El cuento, que abreva de clásicos como "La noche boca arriba" cortazariana y "El Sur" y "El milagro secreto" de Borges, que a la vez se inspira en Bierce- se abre a varias lecturas; en una, el boxeador no solo está recordando en el ring, sino reviviendo esos diez años: se ha producido un "milagro secreto", solo que aquí, de manera más amarga y dura que en el cuento de Borges, ser "dueño del tiempo" no implica poder cambiarlo y "hacer las cosas mejor", sino "vivirlo todo a secas, sin poder enmendar ningún desacierto ni apartarse de una senda cuyas estaciones incluyen las peleas, los agravios provocados y recibidos y un accidente de automóvil".

Otras formas de narrar un cuento: cuestionando la información presentada por el narrador ("Salon de refusés"); a través de las respuestas a un cuestionario de ingreso a un país ("Oh invierno, sé benigno"); a partir de las notas al pie de página ("He's not selling any alibis"). "Un divorcio de 1974" atrapa con elegancia conmovedora las luchas ideológicas en la Argentina de los setenta. En "Notas para un perfil de Tinder" -con muerte de hámster incluida- y "Quien te observa en el espejo desaparecerá contigo"- el humor funciona como registro de nuestro sentido del ridículo y de los límites a nuestros deseos más terrestres y también a los trascendentes. Pron ha escrito un gran libro.

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