Segundo tiempo: Convención Constitucional



Por Soledad Alvear, abogada

La semana pasada fuimos testigos de las dificultades que existieron para alcanzar los acuerdos que permitieran elegir a la presidenta y el vicepresidente de la Convención Constitucional. Ello puso una luz de alerta acerca de la las capacidades de articulación política que habrá que desarrollar dentro de los intensos próximos seis meses para lograr los acuerdos amplios y transversales que se plasmen en el texto de la nueva Constitución que se someterá al plebiscito de salida.

La instalación de la Convención, tan diversa y plural en sus integrantes, permitió visibilizar las causas de muchos grupos, dando origen a la reivindicación pública de dichas identidades y su validación en el espacio público. La tarea que hoy tiene la Convención, sin embargo, importa superar esa etapa y poner el acento en la construcción de los acuerdos más amplios posibles de manera que la Constitución efectivamente interprete a todas y todos.

Para ello debemos partir de la convicción que la nueva Carta Fundamental, a diferencia del texto de 1980, no puede ser una Constitución de revancha, en que un sector le imponga el marco constitucional a otro. La Constitución debe ser el marco político común bajo el cual se desarrolla nuestro sistema democrático. Bajo ese marco común, le corresponde a las distintas fuerzas políticas plantear las preferencias al electorado para llevar a cabo los programas que cada una de ellas postulan.

Existe un sólido acuerdo en los más diversos sectores políticos en torno a concebir a nuestro país como un Estado Social y Democrático de Derecho, con pleno respeto de los derechos humanos. Bajo ese gran entendimiento se puede avanzar en un texto constitucional del que nadie se sienta excluido.

El proceso de construcción de los acuerdos más amplios es una tarea que requiere de mucho tiempo, paciencia y buena fe. Se debe partir realizando un diálogo amplio y sin exclusiones. Cada sector debe ser capaz de salir de posiciones de trinchera. Esto implica desarrollar la capacidad de escuchar, con una auténtica disposición de apertura a lo que plantean los otros, cediendo y abandonando posiciones iniciales, para lograr bases compartidas.

No cabe duda que los convencionales constituyentes deben sentir la enorme responsabilidad histórica que recae sobre ellos. La ciudadanía les ha otorgado un mandato para que se pongan de acuerdo en proponer un texto constitucional que sea el marco político compartido para todos los habitantes de nuestro país. Los mandatarios deberán rendir cuenta de este histórico encargo al momento de proponer el texto de la nueva Constitución y someterlo a la aprobación o rechazo de la ciudadanía en el plebiscito de salida. Esperamos que los distintos sectores representados en la Convención actúen con la sabiduría necesaria para lograr el más amplio consenso nacional que permita una aprobación inmensamente mayoritaria en el plebiscito de salida.

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