¿Seguridad Alimentaria para todos?



Por Rodrigo Figueroa, decano de Agronomía y Forestal UC

La crisis socio-ambiental que enfrentamos releva muy claramente las interconexiones de los sistemas agroalimentarios globales, especialmente frente a los evidentes cambios climáticos, de sequías e inundaciones en distintas latitudes. Como si lo anterior no fuera complejo, ello se agrava con el enfrentamiento ruso-ucraniano, países que según FAO representan en conjunto un 30% de la producción mundial de trigo y un 78% del aceite de maravilla. Adicionalmente, Rusia es también fabricante clave de fertilizantes.

En este escenario, se hacen especialmente importantes dos aspectos tecnológicos: mejorar la “resiliencia” de los sistemas alimentarios promoviendo que sean “intensificados agroecológicamente”, reemplazando la tecnología existente, pero manteniendo o aumentando los niveles productivos actuales. En segundo lugar, es vital aminorar las pérdidas (“mejorar la defensa”) asociadas a las distintas etapas y plagas (malezas, insectos y enfermedades) específicas de cada cultivo o plantación.

Seguramente otros países, con grandes extensiones de territorio (Estados Unidos, Australia y Canadá), incrementarán sus superficies cerealeras ante un aumento significativo en los precios globales. Frente a esta alza urge atender la pregunta sobre ¿cuál será la población de mayor riesgo alimentarios ante un alza sostenida de precios? Sin duda la respuesta es clara: serán las personas más vulnerables y más pobres de nuestra sociedad. Es allí donde debe estar el foco de nuestra preocupación y solidaridad como nación que valora y trabaja por la equidad; es ahí donde el estado deberá proteger y asegurar la disponibilidad de alimentos de manera oportuna, como lo ha hecho en otras ocasiones.

Una manera de anticiparse, palabra clave para Chile ante los actuales desafíos, es estimulando las “intenciones de siembra”. Es decir, que más agricultores en distintas localidades, perciban condiciones para producir. También se debe asegurar las cosechas de diciembre a marzo, factor especialmente relevante en la zona triguera histórica nacional que se concentra en la hermosa Araucanía.

Adicionalmente, se hacen especialmente urgentes políticas públicas que resguarden la disponibilidad hídrica, sin descuidar las necesidades de la población, en las 101 cuencas del país para concretar la generación de alimentos de calidad.

De igual forma, será crucial cuidar la inocuidad de alimentos de consumo local, por ejemplo, en las hortalizas, a través de mejoras legislativas para su trazabilidad, el uso “regulado” de plaguicidas y fertilizantes. Proyectos de ley que lamentablemente “duermen” desde hace varias décadas.

Solo de esta manera, transfiriendo y adaptando la ciencia-tecnología disponible, promoviendo políticas públicas claras y el sentido del bien común, podremos asegurar que las todas las personas, especialmente las más desvalidas de nuestra sociedad, cuenten con las calorías mínimas necesarias para soñar con que sus niñas y niños se proyecten en un Chile más justo y solidario.

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