Teletón otra vez: sí

Vista de la fachada del Instituto Teletón, que cerrara sus puertas a partir de mañana para prevenir el contagio del Covid-19



Durante cuatro décadas, la Fundación Teletón ha contribuido enormemente a Chile y particularmente a las personas con discapacidad. A través de sus sedes en 14 ciudades del país, anualmente se realizan más de 750.000 atenciones a cerca de 30.000 personas. Mas allá de estos datos, que ya son significativos en sí mismos, hay otros tres elementos que merecen destacarse.

En primer lugar, Teletón ha sido clave en posicionar en la ciudadanía la situación de la discapacidad, mostrándola como un desafío para toda la sociedad, las familias, los colegios, y no solo para un grupo de personas que todos los días deben convivir con su situación. Un aspecto clave en este sentido fue la promulgación, el año 2017, de la Ley de Inclusión Laboral, que promueve y protege la incorporación de personas en situación de discapacidad al mundo laboral. Otro aspecto importante es la adhesión social a esta causa; más de la mitad de su financiamiento proviene de personas que hacen un aporte anónimo a este fin. Son literalmente cientos de miles de personas −de nivel socioeconómico alto, medio y bajo− que adhieren a esta causa a través de una donación. Las empresas contribuyen en menos de un quinto.

En segundo lugar, Teletón ha sido innovadora en términos de sus modalidades de intervención respecto a las principales causas de las discapacidades que atienden. También ha innovado a través de un modelo de atención con un enfoque biopsicosocial de la discapacidad, que pone énfasis no solo en las necesidades de la persona, sino también su contexto y el de su familia. Su aporte a la investigación ha sido reconocido en diversas publicaciones científicas.

Finalmente, esta iniciativa es un muy buen ejemplo de colaboración público-privada. Efectivamente, cerca de un cuarto del presupuesto de Teletón proviene de fondos públicos, pero colaboración significa trabajar con más personas en la realización de una obra, no es una mera provisión de un servicio. En este sentido, hay un amplio espacio de trabajo conjunto, derivaciones y articulaciones entre el sistema público y esta fundación.

Por supuesto que no todo es perfecto. Una crítica importante que se ha formulado se refiere al evento mismo de la Teletón, en el cual suele producirse una mezcla de farandulización y un excesivo sesgo de conmiseración, todo con el propósito de movilizar a una audiencia en torno a un aporte. Esto puede contribuir a perder el foco, que es la dignidad de la persona con discapacidad. Otra critica que se ha planteado es ¿por qué el Estado de Chile no ha sido capaz de generar una institucionalidad en este ámbito? Ciertamente, no hay ninguna ley o restricción que impida que esto ocurra. De hecho, el Servicio Nacional de la Discapacidad, creado recién el año 2010, tiene un rol muy importante en la promoción de la igualdad de oportunidades de personas con discapacidad. Sin embargo, tal como lo hemos mostrado en nuestros estudios del proyecto Sociedad en Acción, las organizaciones de la sociedad civil son precursoras en afrontar diversas problemáticas sociales y públicas, y lo hacen con mayor flexibilidad, cercanía a los usuarios e innovación. Por lo tanto, si algo funciona razonablemente bien, no tendría mayor objeto cambiarlo, pero sí facilitar su mejora, desarrollo y complementación.

Los últimos seis meses no han sido fáciles para Chile. El estallido social provocó un cambio significativo en la agenda política y social del país; para qué decir la grave epidemia que nos azota. No son tiempos para improvisar caminos desconocidos para trabajar en torno a la discapacidad o, menos aún, abandonar todo lo que se ha ido logrando. Una vez más, y con mayor razón, comprometámonos otra vez con la Teletón.

* Ignacio Irarrázaval, director del Centro de Políticas Públicas UC

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