Una nueva esperanza

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Con el sistema de salud al borde del colapso se hace difícil encontrar esperanza. Sin embargo, la crisis ha ayudado a ordenar las prioridades, acelerando procesos que estaban estancados por excesiva deliberación política. Tal es el caso del acceso a la vivienda, puesto en evidencia por el exministro Mañalich y la relación fatal entre indicadores de hacinamiento, allegamiento y contagio.

Las políticas habitacionales chilenas fueron exitosas en lo cuantitativo en los últimos 40 años; pero con altos costos sociales en lo cualitativo, con mala calidad y habitabilidad de condominios y las graves dinámicas de segregación y exclusión.

En la última década se trató de enmendar el camino con programas como “Quiero mi barrio” y regeneración urbana, pero perdimos el foco y el número de familias en campamentos casi se duplicó de 28 a 48 mil. Según la CChC el déficit habitacional llegó el 2019 a 739.603 unidades, donde el 58% corresponde a allegamiento y 42% a la necesidad de reemplazar unidades deterioradas. Pese a lo anterior, Chile es el único país emergente del sur global que podría garantizar el acceso universal a la vivienda antes del 2030, y es donde surge la esperanza.

El martes pasado, el ministro Ward adelantó un ambicioso plan en que el Minvu se compromete a construir 100 mil viviendas nuevas, 120 mil mejoramientos, e impulsar más de 500 obras urbanas. Superando lo que fue el plan de reconstrucción del 27F, lo que requerirá de la confianza y colaboración de todos los actores públicos, privados y sociales.

El plan no solo impulsará con fuerza programas masivos como el DS19, que acaba de adjudicar la construcción de 10 mil viviendas en Antofagasta, sino también apoyará iniciativas municipales como la de los alcaldes Lavín o Jadue en Recoleta, quien esta semana entregó las primeras viviendas en arriendo de su inmobiliaria popular.

Aquí no solo caben grandes constructoras o municipios. Esta semana se publicó en el Diario Oficial el esperado decreto de microdensificación predial, que permite regularizar y radicar a miles de familias que por años vivían de allegados en mediaguas construidas en fondos de sitio o ampliaciones anexas a familiares, convirtiéndolos en propietarios. Este esquema de microdensificación permitirá que se triplique la oferta de vivienda accesible en áreas centrales y pericentrales sin afectar la calidad de vida e identidad de barrios y comunidades. Además de generar empleo, surgirán cientos de empresas constructoras más pequeñas con esquemas de gestión como cooperativas o inmobiliarias comunitarias que enriquecerán y diversificarán al sector vivienda desde una mirada más local y participativa. En cuanto a los campamentos, también avanzan innovadoras propuestas de urbanización incremental por parte de una serie de empresas privadas y los arquitectos de Elemental, iniciadas al alero del programa “Compromiso País”, hoy avanzan en una serie de pilotos para acelerar la carrera por terminar con los campamentos.

De concurrir todas estas fuerzas y voluntades, surge la esperanza que antes del 2030 seamos capaces de resolver el déficit habitacional en Chile, y poder realmente quedarnos en casa.

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