Javier Ruiz Tagle

Javier Ruiz Tagle

Profesor Asistente, Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales (IEUT, PUC)

Opinión

Viviendas Sociales en Vitacura: ganan los políticos, pierden los pobres

En el cerro Alvarado se pueden construir viviendas en Vitacura, pero no en Lo Barnechea. Foto: Rudy Muñoz

Esta columna fue escrita junto a Gricel Labbé y Martín Alvarez Instituto de Estudios Urbanos UC.

Ante el bullado caso del proyecto del Municipio de Las Condes para instalar viviendas sociales en Vitacura, cabe levantar algunas conclusiones. A diferencia de lo que señaló el arquitecto Pablo Allard en este mismo medio hace unos días[1], el cambio de uso de suelo para el terreno del conflicto fue absolutamente discrecional: fue un cambio a un solo terreno, lo cual es totalmente anómalo para la planificación urbana chilena. En otras palabras, es un traje a la medida, que surge como una improvisación ante un solapado pánico social. Fueron los mismos vecinos los que solicitaron el cambio de uso de suelo. Decían que no querían más viviendas en el sector, ya sean viviendas de lujo o viviendas sociales, y que en vez de eso querían un parque. Sin embargo, este es un discurso muy poco creíble, ya que no se les oyó ningún alegato cuando se construyeron las tres torres de 23 pisos cada una en Tabancura, con una densidad mucho más alta que cualquier proyecto de vivienda social, y a solo metros del terreno del Municipio de Las Condes. En ese contexto, el Municipio de Vitacura levantó el discurso de ‘comuna verde’, para desviar la atención ante el evidente pánico social de los vecinos. Y claro, suena menos malo oponerse para construir un parque, que simplemente oponerse.

Pero el problema no es circunstancial, sino que tiene un efecto de largo plazo bastante serio. Como todos saben a estas alturas, la comuna de Vitacura es la más rica de Chile, no tiene viviendas sociales, y por lo tanto, no tiene habitantes bajo la línea de la pobreza. El caso más cercano a la pobreza de Vitacura, como señala Pablo Allard, es la Villa El Dorado. En 1962, la CORVI construyó 750 viviendas, orientadas sobre todo a profesores y oficiales de Carabineros. Pero aun así, según la encuesta Casen 2015, Vitacura tiene 0.0% de pobreza por ingresos y 2.8% de pobreza multidimensional. Entonces, al no haber pobres en Vitacura, no es muy difícil convertirse en la comuna con el mayor índice desarrollo humano de Chile, como promociona su municipio, incluyendo sus recientes aspiraciones de ser una comuna líder en cantidad de áreas verdes.

Y lo problemático no es solo hoy, sino lo que se genera hacia el futuro. Al no haber pobres en Vitacura, se genera un círculo vicioso de exclusividad. Por ejemplo, el Subsidio de Localización para viviendas sociales, se aplica a quienes quieran vivir en su misma comuna. Si no hay comités de allegados ni postulantes a vivienda social en Vitacura, no hay ninguna posibilidad de que se instalen allí. Entonces, el proyecto del Municipio de las Condes se presenta como la única oportunidad en muchos años de que entren habitantes de menor nivel socioeconómico a vivir a Vitacura, que las generaciones siguientes postulen a vivienda ahí mismo, y que ocupen los servicios públicos de educación y salud. Cabe señalar que, de los 20 establecimientos educacionales que hay en Vitacura, hay dos que son escuelas municipales, y que atienden a 2500 alumnos. ¿Quién estudia ahí entonces?, ¿Son esos los alumnos que más necesitan tener educación gratuita y pública? Con la salud pasa algo parecido: de los 15 establecimientos de salud, hay un solo Cesfam y un solo Cosam, ubicados en la misma Villa El Dorado.

Pero Las Condes, a pesar de ser una de las principales comunas del barrio alto, tiene bastantes diferencias. Los enclaves históricos de pobreza en Las Condes era dos: la (también famosa) Villa San Luis, y el sector de Colón Oriente. Como todos saben, de la Villa San Luis fueron expulsados sus habitantes más vulnerables, tanto por las erradicaciones forzosas de la dictadura como por la gentrificación de precios de las oficinas de Nueva Las Condes. Sin embargo, en Colón Oriente hay muchos hogares pobres, que se han asentado a través de distintos programas de vivienda social. En los 70’ y 80’, se construyeron villas para solucionar el problema de los asentamientos informales, constituyéndose así la base familiar de los habitantes de las nuevas villas. En 1994, se construye el conjunto Portada de Fleming, con 330 departamentos. En 1997 y en 1999, se construyen los proyectos Bosque de la Villa I y Bosque de la Villa II, con 445 y 92 departamentos, respectivamente. Y entre 2008 y 2017, se construyen las cuatro etapas del proyecto Las Condesas, con 645 departamentos. Así, entre 1994 y 2017, se construyeron 1512 viviendas sociales en Las Condes, mientras en Vitacura no se construyó ninguna. Con todas estas viviendas dentro de su territorio, Las Condes tiene 0.6% de pobreza por ingresos y 4.8% de pobreza multidimensional. En términos de educación, de sus 58 establecimientos educacionales, tiene cinco escuelas municipales, atendiendo a 5000 alumnos. Y de sus 27 establecimientos de salud, tiene dos Cesfam, un Cosam y un SAPU. Tanto Las Condes como Vitacura son comunas muy acomodadas, con buena parte de sus servicios privatizados. Pero pese a que en Colón Oriente el trabajo del municipio no ha logrado frenar problemas de droga, prostitución y violencia intrafamiliar, al menos han sido capaces de mantener, servir y asentar hogares de bajos ingresos en los últimos 50 años, lo cual no ha hecho Vitacura.

El miércoles 11 de abril, aparentemente, se zanjó la polémica: con la mediación del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, ambos municipios acordaron que el terreno de 28.000 m2 será utilizado en un 50% para viviendas sociales y en un 50% para un parque. Entonces, con una densidad estimada de 500 habitantes por hectárea, se recortó la cantidad de viviendas sociales de 450 a 225, aproximadamente. Pero el tema no termina ahí, ya que parte del acuerdo parece afirmar que no solo van a incluir viviendas sociales, sino viviendas de clase media. Eso indicaría que se van a acoger a la tipología de Proyectos de Integración Social, que incluye un ‘máximo’ de 40% de viviendas sociales. Con ello, se vuelve a recortar la cantidad de viviendas sociales, de 225 a 90, aproximadamente. Tal como ha ocurrido en muchas partes del mundo en donde se utilizan estos instrumentos de mezcla social, se generaría el problema de que se reduce la cantidad de viviendas sociales ‘aceptables’ (en este caso en un 60%, después de haberse reducido en un 50%). Y para un lugar con tanto recelo social, no sería raro que se incurriera en fuertes prácticas de control social hacia los pobres, como la construcción de muros, hasta la selección de hogares, y las normas de convivencia, todo lo cual ha marcado este tipo de políticas en el mundo desarrollado.

Vemos entonces por parte de Vitacura, un cerramiento hacia lo social y hacia lo público, como ya ocurrió cuando 9 de cada 10 vecinos votó que NO cuando el municipio propuso hacer pasar una ciclovía por la calle Luis Pasteur. En la misma línea, en su defensa corporativa del Municipio más rico de Chile, Pablo Allard señala que “Vitacura es la única comuna en Chile sin vivienda social, pero tampoco tiene barrios cerrados con guardias como Las Condes”, olvidando de un plumazo las decenas de condominios amurallados, de casas y edificios, que hay Santa María de Manquehue, en Lo Curro, y en varias otras partes de su comuna. Esta vez al menos cedieron en algo, en medio de la presión de muchos sectores, pero demasiado poco como para ser destacado. Y de Las Condes, si bien destacamos su ímpetu inicial, nos parece criticable que hayan cedido a reducir a una cantidad mínima las viviendas sociales a construir, y con ello aumenten el déficit de residencias que tiene su comuna. En otras palabras, ganaron mucho en propaganda hacia el municipio, pero perdieron en defender a sus habitantes más necesitados. De esta manera, ganaron los políticos y perdieron los pobres.

[1] https://www.latercera.com/opinion/noticia/la-vivienda-no-se-juega/142401/

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