Política

Javier Leturia, vicepresidente republicano: “Muchos en el partido quisieran que éste fuera un gobierno 100% republicano, pero sería un error”

Fundador de la UDI y del Partido Republicano, el ahora vicepresidente de esa tienda plantea que la administración Kast está anclada en un proyecto austero, pragmático y restaurador. Aunque no ha abandonado la batalla cultural -dice-, este no debe perder la amplitud que implica el ser “de emergencia”.

12.05.2026 Javier Leturia, vicepresidente del Partido Republicano Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vasquez R.

Fundador de la UDI y, en 2019, también del Partido Republicano, el abogado Javier Leturia (75) ha optado en su vida política por la segunda línea, más que por la exposición. Ello no quita que en ambas colectividades haya tenido posiciones importantes: fue expresidente de la FEUC durante la Unidad Popular, cercano a Jaime Guzmán, y ya en las filas del partido de José Antonio Kast, presidente del tribunal supremo de la tienda, miembro del comité electoral y de la comisión política.

Leturia fue de los militantes UDI que acompañaron a Kast en su salida de esa tienda, con una mirada crítica del devenir de ese partido. Hace unas semanas fue nombrado vicepresidente de los republicanos, cargo que ocupó hace un tiempo, en una movida que también dejó al historiador Gonzalo Rojas -otro histórico- a cargo del área de Formación.

Desde ahí, Leturia -que conoció a Kast a través de su hermano Miguel y, luego, en el gremialismo- habla del proyecto republicano y de cómo el presidente no ha abandonado la batalla cultural.

¿Qué les llamaba la atención de Kast al conocerlo en sus tiempos universitarios?

Que era un fiel reflejo de las convicciones de Jaime Guzmán y absolutamente coherente; intransigente lo criticaban algunos en ese momento, y eso es lo que valoraba, que fuera consecuente en la manera de pensar, en defender eso y en sus acciones. Era muy activo. Lo que me llamaba la atención era la dedicación de recorrer el país, hablar con las personas, tenía mucha vocación en ese sentido. Era bien admirable.

¿Y esa coherencia se asociaba a intransigencia?

Algunos lo catalogaban de intransigente, pero resulta que hay principios que no son transables.

¿Qué principios no eran transables para Kast en ese momento?

Los mismos hasta ahora. En el fondo, si tú piensas en un modelo de sociedad que está basado en la persona y entiendes que la persona es trascendente, empiezas desde la vida que está por nacer, después la libertad, también el enfoque de la política como servicio público, bien común, orientada a las personas. Son principios que pueden adaptarse en distintas formas, pero que son indispensables.

¿La UDI había abandonado esos principios? ¿Por eso deciden salirse del partido?

Lo que pasa es que había un ciclo político agotado, un desgaste de todos los partidos, y lo hay, de alguna forma, hasta hoy. Entonces, era importante una renovación, un cambio de personas, un impulso más fuerte a las ideas, el volver al trabajo, a más acción que pensamiento, menos parlamentarismo. Era un remezón que no se logró en la UDI.

¿Los dirigentes de la UDI de la época no supieron leer lo que estaba pasando?

Creo que se fueron relajando. Lo que pasa es que cuando tú ya llevas mucho tiempo en política, cuando eres parlamentario o has participado en un gobierno, te relajas un poco. Entonces, faltaba darle movimiento.

¿No quisieron perder poder?

Cuando la gente está en cargos políticos se aferra un poco a eso, sobre todo a los cargos parlamentarios. Pero no era tanto que lo hicieran mal, sino que el tiempo pasa la cuenta.

Un proyecto austero

¿Cómo describiría el proyecto republicano hoy día?

Es un proyecto de futuro, en primer lugar. No es una cosa inmediata; es un modelo de sociedad, reforzando los principios de la sociedad libre, y eso implica necesariamente un enfoque muy directo en las urgencias sociales y en los más desvalidos. Por eso, un proyecto republicano, en la forma de hacer política, es un proyecto austero, alejado de las prebendas y muy enfocado en la gente.

¿Y poco enfocado en la política?

No, orientando la política hacia un gobierno, sobre la base de que no hay nadie por sobre la ley, que no hay privilegios para los políticos, sino que todo lo contrario, que la política es una forma de servicio, una vocación donde no se buscan beneficios personales, sino que contribuir a un mejor país y ayudar a la gente.

¿Ve encarnado este proyecto en el gobierno?

Absolutamente. Sin perjuicio de las trabas que puede haber para echar a andar la máquina desde un comienzo, con la situación en que se encuentra el país, con el conflicto internacional, ese es el objetivo del gobierno: las urgencias sociales. Este es un gobierno de emergencia. Ordenar la casa es lo primero y, luego, la economía; avanzar en temas de seguridad, enfocarse en darle una mejor vida a la gente, sobre todo a los que están más marginados.

Las urgencias sociales son el horizonte de los gobiernos de cualquier signo. ¿En qué se diferencia de uno de izquierda?

Las prioridades de la izquierda no son las urgencias sociales. Ese puede ser el discurso, pero la prioridad de la izquierda es el Estado, apoderarse de él y hacerlo un botín. Pero en cuanto a las urgencias sociales, la verdad es que nunca tuvieron muy buenos resultados, porque, desgraciadamente, las platas que se recaudaron para cuestiones sociales no se aprovecharon bien, quedaron entrampadas en el Estado, no llegaban a la gente. Entonces, la filosofía debe ser que la plata siempre está mejor en el bolsillo de la gente y no en la piñata del Estado. La idea de la verdadera redistribución es que la plata que se recauda como impuesto vuelva a la gente, especialmente a los más vulnerables, y eso no se logró.

En términos de solucionar las urgencias sociales, ¿cuál sería la diferencia respecto de un gobierno como el de Piñera, por ejemplo, que fue de derecha?

El gobierno de Piñera administró mucho mejor los recursos estatales. Pero hay que poner más énfasis en la pobreza, en el desempleo, y que se elimine la plata que se recorta en el camino y llegue directamente a los que tienen más necesidad.

Hay quienes hablan de que el proyecto republicano implica una suerte de restauración conservadora...

No, creo que lo que ocurre es que Chile tiene una cultura cristiana occidental y una cultura republicana también, y eso se ha ido debilitando en el tiempo. Entonces, es una restauración republicana, en primer lugar. Y si a eso se le quiere llamar conservador, que es una defensa de la persona, de la vida, de la familia, de la libertad de la persona para desarrollarse, bueno, no es una vuelta conservadora, sino que es una defensa de ciertos valores que son propios de la cultura cristiana occidental.

¿Valores que este gobierno quiere reponer?

Lo que ocurre es que los valores se dan, más bien, en una lucha cultural, en un tiempo distinto al del gobierno. Más aún cuando se trata de un gobierno de emergencia que tiene que apagar incendios. Pero, además, las cuestiones culturales, valóricas, no se detienen ni por ley ni por decreto, sino que tiene que haber un cambio en la mentalidad de la gente. Para eso, lo mejor, es el ejemplo, primero, desde el gobierno, en la forma de hacer gobierno, más austero, más eficaz. Y segundo, de ir en la sociedad haciendo que esas ideas vuelvan a estar más presentes. Y eso es un ciclo: ha habido un debilitamiento de todos esos conceptos, pero también se ve que hay una reacción.

¿Y estamos ahora en el lado conservador del péndulo?

No me gusta tanto la palabra conservador.

Póngale el nombre que quiera...

Es una cuestión cultural y valórica, pero todo centrado en la dignidad de la persona humana. Eso no es una política que sea conservadora. Restauradora, esa podría ser la palabra.

El proyecto republicano nace, en parte, de la crítica al abandono de los principios en que habría incurrido la UDI, ¿el gobierno renunció a sus principios al abandonar, por ejemplo, la agenda valórica?

La UDI no abandonó sus principios, sino que, a veces, era más transaccional con la identidad de la izquierda. En vez de ser propositiva, era más bien reaccionaria. O sea, se defendía de la izquierda, pero no avanzaba defendiendo un proyecto propio. Ahora, lo segundo, no es que el gobierno haya abandonado las cosas valóricas y, de hecho, si bien no es el momento para retroceder en lo que se refiere al aborto, sí puede tener políticas que fortalezcan la maternidad, a las madres vulnerables, a los adolescentes, a los niños que no tienen la posibilidad de tener una buena educación. Se puede avanzar mucho en el fortalecimiento de la familia y en el apoyo a las madres, sobre todo.

¿Este gobierno es ideológico?

No. Este es un gobierno más bien pragmático, que, por supuesto, cree en un modelo de sociedad libre, pero lo que hay que hacer aquí es solucionar problemas, echar a andar al país, lograr el desarrollo y generar más empleo y menos pobreza. Y, en lo político, restaurar ese espíritu portaliano, republicano, de austeridad, desde el presidente hacia abajo, que no haya abusos, que no haya corrupción. O sea, un gobierno más austero y más ajustado al bien común.

Desde la izquierda acusan que este es un gobierno muy ideológico, sobre todo por el proyecto de reconstrucción que se está debatiendo en el Congreso.

Todo lo que no sea política de izquierda, socialista, para ellos va ser ideológico y lo van a impugnar por una cosa u otra. Por supuesto que es lo contrario a lo que quiere la izquierda, que ha fracasado en el gobierno.

Y que no sea un gobierno ideológico, ¿apunta a que tuvieron que dejar atrás algunas cosas para poder llevar adelante una alianza más amplia?

La verdad es que no se ha dejado nada de lado, sino que se ha dado prioridad a los temas que son realmente urgentes. Y lo primero es el desarrollo, que contribuye a que haya más seguridad, menos delincuencia. Bueno, también una política de seguridad eficiente. Y no poner sobre la mesa temas que hoy no tienen mayor sentido, que pueden estar en la discusión de la sociedad, pero no en la discusión parlamentaria o de gobierno, sino que son temas que no son urgentes ni posibles en este momento. Entonces, hay que enfocarse, y cuatro años son pocos, en lo más urgente; en la emergencia.

¿Le habría gustado ver más representación republicana en el gabinete?

No necesariamente. Primero, porque José Antonio llegó, si bien liderando y ganando la primera vuelta, con un apoyo leal y con una votación total de los que habían votado por Chile Vamos. En el caso de Chile Vamos ha actuado con mucha lealtad, hay gente que aporta mucho por sus capacidades, por su experiencia, y los republicanos tienen que ser generosos. Además, tampoco el Partido Republicano debe convertirse en una bolsa de trabajo. La gente quiere tener más representación y decir: ‘Nosotros somos los importantes’. Pero no, aquí hay un gobierno que es bastante amplio, con gente que fue de izquierda. Entonces, mientras más amplio sea, mejor, y mientras más representativo sea ante la ciudadanía, también. Pero eso no significa que el gobierno deje de tener una orientación republicana. Lo que pasa es que en el programa de gobierno de cuatro años hay coincidencia y mucha libertad y apoyo de los demás.

¿El militante republicano entiende que se haya optado por gente que venía de la izquierda para conformar su gabinete?

No todos. Muchos quisieran que fuera un gobierno 100% republicano, pero sería un error, porque, con el programa de gobierno, da un poco lo mismo. Por ejemplo, tenemos un muy buen ministro de Agricultura. Ahora, si empiezan a estar en desacuerdo con el plan de gobierno, van a tener que salir.

El Partido Republicano se ha caracterizado por ser “granítico”. ¿Se rompió eso con las diferencias entre Arturo Squella y Alejandro Irarrázaval en las últimas semanas?

Para nada. Lo que pasa es que no son problemas de personas, sino que es de diseño del gobierno, y desde la separación del Ministerio del Interior con el de Seguridad, quedaron algunas cosas que están un poco repetidas. Entonces, la articulación, y con los asesores del Segundo Piso, se ha hecho más difícil. En la medida en que todo eso se vaya afianzando, va a ser mucho mejor. Hoy vemos que la cosa está más ordenada, que el ministro del Interior está conduciendo con más visibilidad.

O sea, ¿era necesario este remezón?

Era necesario, conveniente, sí. Pero creo que se le ha dado mucha más importancia.

¿No habla eso de que hay dos apreciaciones distintas dentro del partido, por ejemplo, respecto al modo en que se hace política o del diseño del gobierno?

El gobierno y los partidos son cosas muy distintas. Entonces, el Partido Republicano, si bien es un partido que apoya al presidente, eso no significa que pierda su autonomía y su independencia de juicio. Y si hay proyectos que no se estén impulsando y que se puedan impulsar y que correspondan a lo que nosotros pensamos, lo vamos a hacer. Y si hay cosas que nos parecen que se están desviando o que están mal hechas, también lo vamos a decir. Eso es fundamental, esa es la forma más leal de apoyar al presidente, al gobierno y lograr los objetivos que queremos para el país.

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