Por Juan Andrés QuezadaMegarreforma: La Moneda mira al Senado y apuesta por un acuerdo con el Socialismo Democrático
Tras un duro primer round oficialismo-oposición en la Cámara de Diputados, el gobierno busca abrir una conversación con los senadores de la izquierda más moderada, que le dé fondo político al proyecto, lo que dejaría outside al PC y al Frente Amplio.

“Esto huele a un camarín de fútbol amateur”, dijo la diputada Marisela Santibáñez al entrar, el martes, a las 17.11 horas, a la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, que en ese momento hacía un break para “enfriar” los ánimos, a pedido del diputado independiente Carlos Bianchi. “Nunca había visto algo así. Nunca”, argumentó.
Habían pasado dos horas de un intenso debate entre el oficialismo y la oposición al interior de la Sala Juan Bustos. Un primer round lleno de reproches mutuos en torno a la forma en que se comenzaría a discutir el megaproyecto de reconstrucción y reactivación económica del gobierno.
El clima era espeso y caluroso. Tanto así, que la diputada Priscilla Castillo (DC) comenzó a subir las cortinas roller y abrir las ventanas para que entrara aire fresco.
Aparte de sus 13 miembros y sus respectivos asesores legislativos; de los representantes del Ejecutivo, encabezados por el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, y la prensa, se sentaron a la mesa y participaron activamente diputados que no son parte de esta instancia, entre ellos Daniel Manouchehri y Raúl Leiva (ambos PS) y Pamela Jiles (PDG).
También llegó una decena de diputados a presenciar el debate. Entre ellos, Gonzalo Winter (FA), Emilia Nuyado (PS), los PPD Raúl Soto y Carlos Cuadrado, los UDI Eduardo Cretton y Constanza Hube y los independientes René Alinco y Cristián Contreras.
Por un lado, los legisladores de izquierda defendían su derecho a discutir las indicaciones presentadas y no ser “un simple buzón” del Ejecutivo.
Al otro, la derecha denunciaba una estrategia obstruccionista y dilatoria a través del “tsunami” de indicaciones -anunciado días antes por el diputado Jaime Araya (indep.-PPD)- y pedían comenzar a votar el proyecto y respetar la suma urgencia con que había ingresado -que obliga a la Cámara a discutirlo en un plazo de 15 días-.
Pero ni la brisa marina que esa tarde entró al salón logró enfriar el ambiente.
Apoyado en la mayoría oficialista de la comisión, su presidente, el republicano Agustín Romero, se mantuvo firme ante la ráfaga de cuestionamientos a su actuar.
Su mano de hierro -que aseguró que el gobierno obtuviera una apabullante victoria en la instancia- a muchos recordó al fallecido diputado Pablo Lorenzini, quien cumplió el mismo rol durante la discusión de la reforma tributaria de la expresidenta Michelle Bachelet, en 2014.
En medio del debate, el diputado Jaime Coloma (UDI) tocó una tecla que, con el pasar de las horas, comenzaría a hacer sentido a ambos bandos. “Aquí no está fructificando el diálogo, y qué va a pasar. Se va a terminar arreglando todo en el Senado, lo mismo que nosotros tanto criticamos”, dijo.
El hijo del exsenador Juan Antonio Coloma fue más allá y develó un diálogo que hasta ahora se ha mantenido en reserva. “Yo ya veo, por su intermedio, presidente, cómo el senador Javier Macaya (UDI) -presidente de la Comisión de Hacienda del Senado- y la senadora Paulina Vodanovic (PS), están abriendo un diálogo previo, serio, real y sin amenazas ni la mala fe que hay en esta comisión”.
A ratos, Quiroz comenzó a mostrar más apertura, precisando algunas cifras, respondiiendo las alertas hechas por el Consejo Fiscal Autónomo e, incluso, acogió algunas indicaciones de la DC y el PPD, lo que no cayó bien a Jiles. Una de ellas fue el aumento de incentivos a las pymes en la contratación de mujeres y jóvenes.
La comisión sesionó hasta la medianoche y los diputados opositores fueron entrando en un callejón sin salida, donde la derecha impuso su mayoría en cada artículo.
Lo mismo ocurrió en la jornada del día miércoles, que se extendió por más de 14 horas -desde la 15.10 hasta las 5.11 del jueves- y que terminó con la aprobación del proyecto ancla de La Moneda y amplio triunfo de la derecha que dejó heridas.
En las fuerzas de centroizquierda se produjo una dura resaca: la convicción de que el oficialismo cuenta en la práctica con los votos para aprobar la ley en la sala este miércoles, que las negociaciones con el PDG los han dejado fuera de juego y, pese al ruido provocado, que la oposición “responsable” no supo articular un relato ni una propuesta que tuviera eco en la ciudadanía.

Diálogo en Nueva York
Avizorando una falta de acuerdo en la Cámara Baja, tal como ocurrió, Vodanovic y Macaya acordaron “abrir el juego”, de cara a la pronta llegada de la iniciativa a la Comisión de Hacienda de la que ambos forman parte. Ello debería ocurrir a partir del 2 de junio.
Las conversaciones se realizaron en el marco de la participación de los dos en el Chile Day -realizado el 8 y 9 de este mes en Nueva York y Toronto-, que reunió a más de 500 inversionistas, ejecutivos y autoridades chilenas.
“Sí, estuve conversando con la senadora Vodanovic. Estoy atento (a lo que está ocurriendo en la Cámara), ojalá se ponga la pelota en el piso y tengo la televisión prendida”, señala metafóricamente el expresidente de la UDI, quien asumió el asiento dejado por Coloma en la jefatura de la Comisión de Hacienda.
Quiroz y Vodanovic, sin embargo, no cruzaron palabra durante el Chile Day. Las duras críticas de la timonel socialista a algunos puntos claves del llamado megaproyecto impidieron un acercamiento en Norteamérica.
La presidenta del PS sí ha mantenido un diálogo con el ministro del Interior, Claudio Alvarado, empujada por figuras y economistas históricos de su sector, entre ellos Ricardo Lagos Weber -quien integró y fue presidente de la Comisión de Hacienda del Senado en distintos períodos-, Ricardo Solari, Carlos Ominami y Mario Marcel, entre otros.
Paralelamente, la Comisión de Medio Ambiente del Senado, que integra el PS Alfonso de Urresti, también abrió el diálogo con el gobierno y la semana pasada almorzaron con la ministra del ramo, Francisca Toledo, abordando los puntos más polémicos del megaproyecto, como la llamada permisología.
Los senadores socialistas siguieron con atención la discusión esta semana en la Cámara, donde no tienen representantes.
La tarde del miércoles Vodanovic cruzó raudamente del Senado rumbo a la Comisión de Hacienda y se acercó a conversar con Manouchehri, quien pese a no ser parte de la instancia, desde un principio haparticipado como uno más de sus 13 miembros.
“A Manouchehri lo llamaron a inspectoría”, comentó el diputado del Frente Amplio Jaime Brito a Quiroz, sacando las primeras risas al jefe del equipo económico del gobierno, quien durante las dos jornadas había mantenido un duro semblante.
También habló con el jefe de su bancada, Raúl Leiva, quien tampoco es parte de la comisión, pero participó a ratos de las sesiones. Y, antes de que se reanudara el debate, se sentó al lado de Quiroz para intercambiar algunas palabras.
La visita de la senadora produjo suspicacias al interior de los diputados de su partido, que en su mayoría han defendido una postura dura ante el Ejecutivo.
La senadora Daniella Cicardini (PS) también acudió la noche del miércoles a la comisión y produjo una gran controversia en redes sociales, al compartir un video -grabado por ella- en que aparece Quiroz dibujando en un papel mientras se discutía el proyecto.

Abrir juego
A pesar del duro discurso que hasta ahora ha enarbolado la oposición en torno a la iniciativa de Kast -logrando una unidad táctica que en diciembre era difícil de vislumbrar-, las conversaciones entre el Ejecutivo, el oficialismo y la centroizquierda no se han interrumpido.
Estas se intensificaron luego de que el PDG, a través de una simple propuesta -quitar el IVA a los pañales y medicamentos-, se anotara un importante triunfo ante la ciudadanía, colgándose la medalla de la mantención del 12,5% de impuestos a las empresas -que Kast había prometido en su campaña- y otorgado un fuerte protagonismo a su líder, Franco Parisi.
Los contactos de parte de la dirigencia del Socialismo Democrático hacia el oficialismo se multiplicaron cuando la semana pasada, por unas horas, el PDG anunció que ponía en suspenso el acuerdo.
En paralelo, desde la derecha figuras como el senador Luciano Cruz-Coke, la timonel de RN, Andrea Balladares, y el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, llamaron a cambiar de estrategia y buscar un entendimiento con la centroizquierda.
“Aprovecharía el impasse para buscar un acuerdo más serio con quienes reflejan el espíritu de lo que fue la antigua Concertación o Socialismo Democrático, como les gusta decirle ahora”, dijo Squella.
En este intercambio informal, desde el oficialismo le han reiterado a la oposición el argumento de que cuentan con los votos para que la iniciativa pase prácticamente sin contratiempos. Que en la Cámara Baja tienen un “riesgo controlado” -si el PDG llegara a bajarse del acuerdo, tienen “amarrados” los votos de Jaime Mulet, Contreras y Alinco- y que en el Senado las fuerzas están 26/24 a su favor.

El nudo en la oposición
En este escenario, no son pocas las voces del Socialismo Democrático que confiesan que la decisión a tomar no es fácil.
La frágil tregua y unidad que la oposición logró en torno a la crítica a la ley de reconstrucción -empujada fuertemente por el Frente Amplio y el PC- dificulta el optar por cuerdas separadas en la discusión en el Senado. Y añaden que decisiones del gobierno, como los oficios de Hacienda que recortaban programas relevantes, les impiden en el discurso apoyar la iniciativa.
Sin embargo, también cunde la sensación de que políticamente no tiene réditos el quedar abajo de la discusión y han enviado señales en esa línea.
“Esta reforma no tiene un diagnóstico común, no tiene un diálogo ni una solución común”, dijo Vodanovic el miércoles a Radio Pauta. No obstante, añadió que en la oposición “hay propuestas y hay voluntad de mejorar el proyecto”. “Si la propuesta que logramos consensuar es buena, van a contar con el Partido Socialista de Chile”, concluyó.
En una parte del oficialismo, en tanto, ha comenzado a ganar fuerza la idea de que un acuerdo amplio político sería una señal a los inversionistas extranjeros que tendría más valor que una invariabilidad tributaria de hasta 25 años que incluye el actual proyecto en discusión.
Esto, de paso, abriría una fisura en la oposición entre los partidos de la ex Concertación y el bloque PC-FA de cara a futuras discusiones legislativas, señalan fuentes oficialistas. Un tema que aún es punto de discusión en el Socialismo Democrático, que a inicios de la actual administración de Kast intentó relevar y reforzar un proyecto propio, distinto al de sus exsocios.
“Muchos saben que esa ligazón les está haciendo daño”, reconoce un miembro del comité político de Kast.
Sin embargo, el gobierno -y así lo han notificado Quiroz y Alvarado- no está dispuesto a cambiar el corazón del megaproyecto.
Así las cosas, el gran desafío de Vodanovic y otros líderes del llamado progresismo es lograr compensaciones potentes de parte del gobierno, que les permitan convencer a sus parlamentarios, dirigentes y bases partidarias.
Otra de las dudas es que hasta qué punto Alvarado y el Segpres José García pueden negociar -y entregar- concesiones, frente a la dupla conformada por Quiroz y el jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval, que estarían por avanzar imponiendo su mayoría ganada en las urnas.
Así las cosas, la tarea del sector de la izquierda abierta a llegar a un acuerdo con el gobierno se ve muy cuesta arriba. Hace algunas semanas, el comité central del PS se declaró en “oposición frontal” a Kast, llamó a rechazar el plan de reconstrucción y convocó a la oposición a actuar unida.
Las luces ya se encendieron en el PC y el FA. “Si la opción del gobierno es prescindir del Partido Comunista, eso se va a sentir y va a tener una consecuencia”, advirtió el timonel comunista, Lautaro Carmona, el jueves en el programa de streaming de La Tercera, Desde la Redacción.
Este martes y miércoles comenzará el último round en la Cámara, entre las derechas y las izquierdas, cuando la sala discuta la idea de legislar y el articulado del megaproyecto del Presidente Kast.
De pasar, como es lo más probable, la generación de reemplazo en la Cámara Alta, antecedida de avezados negociadores, tendrá su primera prueba de fuego.
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