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Pablo Halpern: “La cultura contemporánea incomoda al poder, y suele ser más difícil de acoger por una derecha que privilegia el orden”

El director artístico del Teatro Zoco cuestiona la suspensión de la segunda etapa del GAM, pide mayor claridad sobre la política cultural del gobierno y analiza la tensa relación entre la derecha y el mundo artístico. Respecto del ministro Francisco Undurraga, dice que junto con los recortes presupuestarios, "sería muy importante que también explicara cuál es su visión para el sector".

En noviembre de 2022, el Centro para las Artes Zoco abrió sus puertas en plena Av. La Dehesa, lejos de los circuitos culturales tradicionales de Santiago. La apuesta era levantar una sala para 240 personas dedicada al teatro, la música y las artes visuales, en un sector con escasa oferta cultural. Las primeras funciones tuvieron poco —o ningún— público. Cuatro años después, varias obras se presentan a tablero vuelto. “Hemos tenido funciones agotadas”, dice su director artístico, Pablo Halpern.

Con el teatro como uno de sus ejes, la programación de Zoco combina obras clásicas y textos contemporáneos, varios de autores premiados con el Pulitzer. La oferta incluye, además, ciclos de piano, música de cámara, arias de grandes óperas y conversaciones con intelectuales ganadores del Premio Nacional, conducidas por Ascanio Cavallo, además de un taller de actualidad a cargo de Matías del Río.

Actualmente, en cartelera está El quinto paso, obra con Francisco Melo y Felipe Rojas, del dramaturgo norirlandés David Ireland, que aborda el alcoholismo. Para los próximos meses, Zoco agenda Espectros, de Ibsen.

—Zoco tiene una línea teatral bastante definida. Nos interesan las obras que conectan con el público a partir de temas atemporales y universales. Buscamos historias en las que las personas puedan reconocerse: relaciones humanas, conflictos familiares, secretos, poder, culpa, manipulación, estatus, vínculos en crisis y dilemas morales. Son obras que ponen en escena conflictos que atraviesan la condición humana, que es lo que el teatro mejor sabe hacer —dice Halpern.

Crédito: Daniel Corvillón

El escenario de Zoco ha convocado a actrices y actores reconocidos, desde Jaime Vadell y Gaby Hernández a Paola Giannini, Alejandro Castillo y Tito Bustamante, entre otros. Y eso, dice el director artístico, se debe a los personajes complejos, a menudo contradictorios, con capas y matices, que dan vida a sus obras.

A ello se suman los ciclos de conversaciones y la oferta musical, asesorada por Andrés Rodríguez, director artístico del Teatro Colón, de Buenos Aires.

—La idea es que Zoco sea un espacio donde distintas disciplinas convivan, pero bajo un mismo criterio: calidad, cercanía con el público y una experiencia cultural del más alto nivel posible.

¿Cómo ha sido la recepción?

Cuando Zoco partió era un espacio cultural completamente desconocido y naturalmente comenzamos con niveles de audiencia bajísimos. Me acuerdo que la primera obra casi no tuvo público. Pero desde entonces la asistencia ha ido aumentando de manera sostenida y hoy muchas funciones están agotadas. Obviamente, esto requiere trabajo persistente y también inversionistas con paciencia para esperar que un espacio como este explote.

¿Es un teatro para el público de La Dehesa?

No. Yo soy director artístico y, como ocurre en los teatros del mundo, los directores artísticos inevitablemente infiltran su gusto teatral en la programación. Cuando uno programa no se pregunta qué le va a gustar a la gente de la comuna. Uno parte del supuesto de que si una obra tiene resonancia en uno, va a tener resonancia en distintos públicos. Evidentemente, nosotros tenemos una línea, pero parece que nuestro gusto teatral ha despertado interés también en otros espacios. El Festival de Teatro de Quilicura programó tres obras nuestras y no es precisamente el público de La Dehesa, ni tampoco el del GAM, donde presentamos otra obra. Y estamos llegando a esos públicos.

Las obras que presentan, ya sean contemporáneas o clásicas, parecen estar alejadas del experimentalismo teatral.

Sí, no hacemos teatro experimental. Ese tipo de teatro ya tiene muchos espacios en Chile. Nosotros estamos llenando un vacío que tiene que ver con poner en escena muy buenos textos del teatro clásico y contemporáneo, sobre todo del teatro realista, que además sustenta buena parte de las carteleras de las grandes capitales del mundo. No hacemos un teatro que uno pudiera rotular como vanguardista. No es eso lo que hacemos.

¿Cuál es el modelo de financiamiento?

El teatro opera bajo el paraguas de la Fundación Cultural Zoco. Esa fundación tiene un financiamiento que permite mantener la operación del teatro y producir obras propias.

¿Es un modelo rentable?

Ningún teatro en el mundo logra autofinanciarse solo por venta de entradas. Eso no existe, ni siquiera en los teatros más exitosos. El modelo combina venta de entradas, auspiciadores y también la explotación de la sala para otros fines, como arriendos para actividades privadas o empresariales.

En las últimas semanas se ha reactivado la discusión sobre el rol del Estado y los privados en cultura. ¿Cuál es su mirada?

Creo que es un error plantear el financiamiento de las artes como una disyuntiva entre Estado y privados, porque las artes necesitan a ambos, aunque cumpliendo roles distintos. El Estado tiene un rol insustituible, porque hay espacios de la cultura que no pueden depender de la taquilla, del mercado o de la capacidad de atraer auspicios. El Estado debe sostener aquello que es culturalmente valioso, aunque no sea rentable: la creación, la formación de públicos, la descentralización, el patrimonio, el acceso y también la posibilidad de que existan obras más riesgosas o dirigidas a públicos menos masivos. Los privados, por su parte, pueden contribuir creando nuevos espacios, produciendo obras, aportando capacidades de gestión y ampliando la oferta cultural.

¿Han descartado postular a fondos públicos?

No tenemos descartado postular a fondos públicos. Lo que pasa es que tengo la impresión de que esos fondos están orientados quizá a un tipo de teatro que nosotros no hacemos. Pero yo creo que el Estado también debe promover el buen teatro, venga de donde venga. Nosotros no hacemos un teatro con criterio comercial, para ser bien francos. Espero que haya una mirada más amplia respecto del rol que juegan los fondos culturales. Lo que hacemos es trabajar grandes textos de la dramaturgia contemporánea y clásica, y no veo por qué eso no debiera también ser apoyado por fondos públicos.

A menudo, los gestores culturales se quejan de que en Chile los privados participan poco en cultura.

Es posible. A diferencia de otros países, en Chile no existen los incentivos que permitan una mayor disposición al mecenazgo y a la filantropía para las artes. Los incentivos tributarios en Estados Unidos son mucho mayores. Aquí, la Ley de Donaciones Culturales tiene un tope que, si queremos aumentar el aporte privado, probablemente debiera revisarse.

¿La cultura es una inversión más que un gasto?

Sin duda. Pero tampoco creo fanáticamente que el Estado tenga que hacerse cargo de financiar toda la cultura, ni que los privados deban financiarlo todo. Creo que ambos cumplen roles complementarios. Por supuesto que en el mundo, en general, la cultura es vista como una inversión.

Expectativas y visiones

El gobierno anterior llegó con un discurso muy cercano a la cultura y despertó muchas expectativas. ¿Cuál es su evaluación?

Creo que esas expectativas fueron defraudadas. Pero también hay que decir que casi todos los gobiernos hacen promesas en cultura que después no cumplen.

¿Cómo ve la relación de este gobierno con la cultura?

Es de público conocimiento que este gobierno está haciendo recortes presupuestarios al Ministerio de las Culturas y, obviamente, como alguien que trabaja en el mundo cultural, eso no me gusta. Aunque también es cierto que esos recortes forman parte de un ajuste presupuestario más amplio, que ha impactado transversalmente a buena parte del aparato público. Ahora, dicho esto, creo que el debate no puede quedarse solo en los recortes. Tan importante como saber qué se va a reducir es entender qué quiere hacer este gobierno en materia cultural. Hasta ahora el ministro ha sido claro, incluso bastante detallado, respecto de las restricciones que va a enfrentar su ministerio, pero para tener un cuadro completo sería muy importante que también explicara cuál es su visión para el sector, qué prioridades tiene, qué metas busca cumplir y qué lugar cree que debe ocupar la cultura en el proyecto del gobierno.

Una de las noticias más lamentadas en el medio cultural ha sido la suspensión de la segunda etapa del GAM. ¿Qué piensa de ello?

Como alguien que trabaja en el mundo de las artes, no recibo bien una nueva postergación de la gran sala del GAM. Pero no recibo bien estas postergaciones independientemente del gobierno de turno. A esta altura, eso ya me parece irrelevante. La pregunta es cuántos gobiernos más habrá que esperar para que esta obra finalmente se termine.

Para Halpern, “el problema viene desde el origen”. Cuando se inaugura el GAM, en 2010, se anuncia que la gran sala quedaría para una segunda etapa. “Y, a mi juicio, ahí empiezan los problemas, porque ‘segunda etapa’ suele ser un eufemismo para ‘ninguna etapa’”.

Fotos: MOP

Recuerda que “las obras empiezan recién en 2015. En 2018 ocurre la gran paralización por problemas con la empresa constructora, y desde entonces el proyecto ha estado detenido. Hacia el final del gobierno del presidente Boric hubo una nueva adjudicación, pero sin asegurar completamente los fondos, y ahora el Presidente Kast la vuelve a postergar. A estas alturas, cabe preguntarse si habrá algún gobierno, de alguna tendencia, que alguna vez quiera terminar esta obra. Para mí es una anomalía inexplicable que sucesivos gobiernos de distintos signos no hayan tenido la voluntad política para concluir este proyecto”.

Ahora, agrega, el problema tiene otro lado. “A lo largo de los distintos gobiernos se han comunicado las características arquitectónicas y técnicas de esta sala, pero sabemos bastante menos de lo que se quiere hacer en ella. Yo considero que ese es un problema”.

Pablo Halpern cuenta que hizo su pasantía como director en el Teatro Arena Stage, en Washington. “Mientras se construía el edificio había otro equipo trabajando en definir qué tipo de teatro se iba a hacer ahí. Porque un espacio cultural no se define solo por sus muros o su tecnología, sino también por el proyecto artístico que le da sentido. Y para entusiasmarse con un proyecto cultural no basta conocer sus virtudes arquitectónicas. Es importante saber qué se quiere hacer ahí”.

Se ha dicho que la gran sala del GAM estará dedicada a grandes espectáculos, como el Cirque du Soleil.

A mí que me digan que se va a hacer una sala para grandes espectáculos como el Cirque du Soleil no me resulta suficiente. Quiero insistir en que ahí hay un trabajo pendiente, que es fundamental hacer. Y si se ha hecho, no se ha comunicado con la misma fuerza con que se han comunicado las virtudes arquitectónicas y técnicas de la sala.

¿Es un error suspender la segunda etapa del GAM?

A estas alturas me gustaría ver un gobierno, de cualquier signo, con la voluntad política para terminar esta obra de una vez por todas.

Izquierda y derecha

¿Cómo ve la relación de la derecha con la cultura?

Creo que la idea de que la derecha tiene una relación más distante con la cultura es bastante sustentable, pero tampoco hay que caricaturizarla. No creo que a la derecha no le interese la cultura ni que la izquierda tenga una superioridad moral en este campo. Lo que ocurre es que ambas tradiciones suelen entender la cultura de manera distinta. Para la izquierda, la cultura ha sido más naturalmente un derecho social, un espacio de crítica, memoria, democratización e inclusión. Para la derecha, suele valorarse más cuando aparece asociada al patrimonio, la tradición y la identidad nacional. La tensión aparece porque buena parte de la cultura contemporánea —el teatro, el cine, la literatura, las artes visuales— tiene una vocación crítica: incomoda al poder, cuestiona los consensos, revisa la memoria, pone sobre la mesa problemas sociales duros, como las desigualdades, y ese tipo de cultura suele ser más difícil de acoger por una derecha que privilegia el orden, la continuidad institucional, los consensos y la eficiencia del gasto público. Cuando la cultura se entiende como crítica social y como política pública, la izquierda se siente más cómoda. Cuando se entiende como tradición, identidad o industria, la derecha se siente más cómoda. Y ahí está, creo yo, el nudo del problema.

Por lo que ha mostrado este gobierno, ¿cree que tiene interés en la cultura?

La reducción del presupuesto en cultura y la no continuidad del proyecto de la sala 2 del GAM no son señales que a quienes trabajamos en el mundo cultural nos puedan entusiasmar. Hay que esperar un poco a que el ministro del sector muestre sus cartas: cuál es su idea, cuál es el aporte que este gobierno va a hacer. Y veremos cuál es el balance al final.

Desde la oposición se ha dicho que el gobierno está desplegando una batalla cultural. ¿Lo percibe?

En el ámbito de las artes, todavía no veo un despliegue de batalla cultural.

¿Y más allá del ámbito de las artes?

En el mundo de las artes, que es el tema de esta entrevista, aún no lo veo.

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