Arturo Fontaine: “La cámara única tiende a invisibilizar y diluir la representación de las regiones”

Arturo Fontaine

Si bien lamenta que en la Comisión de Sistema Político de la Convención se haya aprobado la idea de un Congreso unicameral, aplaude que haya prosperado el acuerdo por un régimen presidencialista reformado. "Íbamos en una deriva", señala el ensayista y autor de “La pregunta por el régimen político”.


Un vaso medio lleno ve el académico y escritor Arturo Fontaine tras las votaciones en la comisión de Sistema Político en la Convención Constitucional.

El mismo se define como un presidencialista “converso”, luego de que en su tiempo como miembro y director del Centro de Estudios Públicos fuera uno de los promotores del “parlamentarismo”. De hecho, el CEP es definido en el mundo académico como la “cuna” de los parlamentaristas chilenos. “Era un parlamentarista entusiasta, pero me convencí de que no era posible para Chile”, dice.

Para explicar su cambio de postura, Fontaine escribió el libro: La pregunta por el régimen político.

Si bien lamenta que se haya aprobado la idea de un Congreso unicameral, aplaude que haya prosperado el acuerdo por un sistema presidencialista reformado, sin el mecanismo revocatorio que se propuso en un principio, con una vicepresidencia paritaria y reelección a los cuatro años.

“Fue un triunfo aplastante. Fue una derrota para la idea de que haya un primer ministro con ratificación parlamentaria. Se le cerró la puerta a un híbrido tipo Perú con Cámara única. Estamos mejor que lo que había”, señala.

Para algunos académicos, la suma entre un Congreso unicameral y un presidencialismo reformado es igual a un hiperpresidencialismo.

Diría que no es una buena combinación. El presidencialismo funciona mejor con dos cámaras. En eso no hay dudas. Muchos académicos han demostrado que las dos cámaras son positivas. Se ha demostrado que la segunda Cámara no es un freno, en general, a las iniciativas que vienen de la primera Cámara. Estoy a favor de la idea de que haya una segunda Cámara territorial, con representación indígena y esa composición, haría que esa Cámara se comportara de una manera muy distinta.

La fórmula que se propone para el Congreso señala que los escaños se asignan en proporción a la población. Rompe el esquema territorial que había predominado por lo menos desde el binominal. Por ejemplo, Magallanes perdería peso y se centralizaría más el poder en Santiago. ¿Coincide?

Uno de los problemas que tiene la Cámara única es que tiende a invisibilizar y diluir la representación de las regiones y de los pueblos indígenas, porque esa Cámara (única) tiene que ser de representación poblacional. ¿Las regiones cuánta representación tendrían en esa Cámara única: la mitad, menos de la mitad? En cambio, una Cámara donde estén las regiones y estén los pueblos indígenas, hace mucho más visible y les da más poder a las regiones. Esta propuesta de una Cámara única va en contra de los intereses de las regiones. Disminuye el poder de las regiones, en relación a lo que podría ser una Cámara territorial. El otro problema que tiene la propuesta es que no hay renovación por partes. La gracia del sistema es que haya una renovación por partes, en el tiempo actual, esto es muy importante, con la volatilidad que tienen las preferencias, el efecto de las redes sociales, hay momentos en que la opinión pública queda en una cierta posición emocional, que dura poco. La segunda Cámara contribuye a darle más racionalidad a la política.

¿Cuándo se elimina una Cámara, el gobierno adquiere más poder, no? Porque se simplifica la negociación y tramitación de leyes.

Por supuesto. Y ese ha sido el proyecto del Frente Amplio desde el principio y la idea de que el Congreso fuera unicameral estaba apoyada por esos sectores. Era la propuesta mayoritaria. Todos esperábamos que ganara lejos el Congreso unicameral. Era evidente que tenía apoyo. La sorpresa es que haya ganado por un voto. En cambio, la opción presidencialista ganó por 16 votos a favor y cinco en contra.

¿Por lo tanto, eso hace difícil que se apruebe en el pleno o no?

En general, quienes proponían una segunda Cámara planteaban un tigre de papel, sin poderes reales, una segunda Cámara de segunda clase. Eso tampoco es capaz de contrapesar el poder de una primera Cámara.

Pero si fue tan estrecha la votación en la comisión de Sistema Político, lo lógico es que el Congreso unicameral no logre los dos tercios del pleno para ser aprobado.

Eso es lo que está por verse. Si se hace una defensa interesante de la bicameralidad, como no se ha hecho, o se hizo muy tarde, es posible que esto se revierta. La gente no tiene opiniones fijas. La gente razona y delibera, esa es la idea de una Convención. Pienso que es posible que la idea de una segunda Cámara prenda. Pero que sea una Cámara que represente a los territorios y a los pueblos indígenas y que sea una Cámara revisora real.

Respecto del gobierno y el régimen presidencialista reformado, ¿usted siente que ese modelo va a prosperar en el pleno?

No lo sé. Sí creo que íbamos en una deriva. Recordemos que no hubo ninguna propuesta parlamentarista ni propiamente semipresidencialista, lo que hubo fue una propuesta que era un engendro, un injerto de trucha en loro, tipo Perú, un semipresidencialismo tipo Perú, un semipresidencialismo del malo. Con unicameralidad, con disolución. Ahí tienes un Ejecutivo más fuerte y una situación caótica. No es la excepción, es la regla cuando hay estos sistemas presidenciales parlamentarizados, un tipo de semipresidencialismo que por lo general ha fracasado. La primera vez que fracasó fue en la República de Weimar, que dio origen a Hitler. El mecanismo presentado era muy defectuoso. Me alegro por Chile que se haya rechazado el modelo tipo peruano. Ahora hay que dar otra lucha para que se ponga la idea de una segunda Cámara con poderes reales.

Le llama la atención que el presidente electo haya conformado el gabinete a partir de otras fuerzas parlamentarias para poder tener mejor representación en el Congreso. El ejercicio que hizo Boric es más propio de un régimen parlamentario. Por ejemplo, ni Aylwin ni Lagos, que ganaron votos prestados del PC, sumaron al PC al gabinete. Tampoco Frei Montalva lo hizo con la derecha.

Diría que la mayoría de los gobiernos en regímenes presidenciales son de coalición. Es muy natural que un presidente busque formar una coalición si es que tiene un apoyo a sus ideas que van más allá de los partidos que lo hicieron triunfar. Frei Montalva no lo hizo, pero sí lo hizo Jorge Alessandri, que incorporó a radicales.

Pero fue en el transcurso del gobierno, no inicialmente.

Bueno, para esos efectos es lo mismo. Lo hizo en el momento en que sintió que tenía que hacerlo. El punto es que hay estudios internacionales que muestran que las coaliciones bajo el presidencialismo si bien son un poquito menos frecuentes que bajo el parlamentarismo, tienden a ser más duraderas. Los sistemas presidenciales, salvo en países bipartidistas, funcionan con coaliciones.

¿Cómo se puede resolver el problema de las minorías en el Congreso. ¿Se puede arreglar mediante alguna fórmula en la Carta Fundamental o no?

Se pueden introducir algunos elementos que lo hagan menos probable, pero este no es un presidencialismo chileno o solo del presidencialismo, en general. Ocurre en el parlamentarismo y ocurre con mucha mayor frecuencia en el semipresidencialismo. Los gobiernos de minoría están en todos los sistemas. En Canadá, España y Holanda son casi la regla. Es algo muy frecuente. Está en el orden del 70% de los casos que hay gobiernos de minoría. Esa teoría de que los gobiernos de minoría significan un drama no tiene sustento. Lo que sí es cierto es que queremos que en Chile haya más incentivos a tener gobiernos de mayoría. Por eso hemos planteado que la elección parlamentaria se haga con la segunda vuelta. De esa manera, la coalición que apoya al presidente puede tener la opción de quedar en mayoría.

Dentro de las reformas al gobierno se incorpora la vicepresidencia. ¿Le gusta la idea?

Es muy importante y positivo que se haya incorporado la vicepresidencia. Además del carácter paritario, es una figura elegida directamente por el pueblo. Eso le da mucha fuerza. Esa figura puede tener distintas tareas. Por ejemplo, EE.UU. acomete importantes tareas que le encomienda el presidente. Por ejemplo, Biden en la época de Obama estuvo encargado de las relaciones exteriores y ahora su vicepresidenta está a cargo del tema migraciones. En fin, son temas que pueden variar.

Que el Presidente pueda extender su mandato hasta ocho años, ¿eso refuerza al presidencialismo?

Yo no lo pongo así. Creo que es una medida que permite que el Presidente pueda sembrar proyectos que van a rendir frutos después de los primeros cuatro años. Es un incentivo al largo plazo. Es muy positivo y esto fue aprobado por todos. Creo que estas noticias positivas llegan en un momento en que hay una serie de otras noticias en la Convención que alarman, por su espíritu fundacional y su riesgo. Pongo un solo ejemplo: que la carrera del juez deje de ser una vocación para toda la vida. Eso es invitar al soborno. Este tipo de iniciativas han generado una sensación de alarma. Por eso, creo que hay tanta alarma por esta mala noticia que es la unicameralidad, pero era una mala noticia conocida. Entonces, esta idea de que el bicameralismo fue derrotado y fue la sorpresa no tiene asidero en la realidad. La sorpresa es que la derrota fue solo por un voto.

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