Europa teme que se produzcan consecuencias económicas generalizadas si se prolonga el corte de gas ruso

El gasoducto Nord Stream, que transporta el gas desde Siberia hasta Alemania, cerró el lunes pasado para realizar el mantenimiento anual, que se espera que dure 10 días. FOTO: KRISZTIAN BOCSI/ BLOOMBERG NEWS

El cierre del gas Nord Stream podría provocar una escasez que afectaría a industrias como la petroquímica, la siderúrgica, la cerámica y la del plástico.


A medida que se acerca la fecha límite para que Rusia reanude el suministro de gas natural a Alemania esta semana, los funcionarios y ejecutivos europeos están cada vez más preocupados por la serie de consecuencias económicas que se extenderían por todo el continente si Moscú mantiene el grifo cerrado.

El gasoducto Nord Stream, que transporta el gas desde Siberia a Alemania, cerró el lunes pasado para realizar el mantenimiento anual, que se espera que dure 10 días. Muchos en Occidente temen que Moscú prolongue el cierre, posiblemente de forma permanente, y prive a Alemania, la potencia industrial de Europa, de un ingrediente clave para sus fábricas y las de sus vecinos.

Los líderes europeos culparon a Moscú de utilizar el gas como arma cuando los flujos del gasoducto comenzaron a disminuir el mes pasado. La capital rusa culpó el déficit a problemas técnicos relacionados con las sanciones occidentales.

Según el programa anual de mantenimiento, Nord Stream vuelve a estar en funcionamiento el próximo jueves, lo que significa que el flujo de gas debería reanudarse al día siguiente.

Para complicar el cálculo, funcionarios y ejecutivos dicen que podría ser difícil determinar si Rusia está restableciendo los flujos de gas en su totalidad. En un caso, Moscú podría volver a poner en marcha el gasoducto, pero con volúmenes menores, como ya ha hecho, alegando problemas técnicos relacionados con las sanciones.

Alemania depende en gran medida del gas ruso, y también actúa como centro de tránsito para el gas destinado a Austria, la República Checa y Ucrania. La industria alemana también fabrica materias primas y componentes, como vidrios, plásticos y otros productos químicos, que son cruciales para otros fabricantes de toda Europa y de fuera de ella.

Por diversas razones, Rusia ya ha dejado de suministrar gas a Francia, Polonia, Bulgaria, Finlandia, Dinamarca y los Países Bajos. Recientemente redujo el suministro a Alemania e Italia, culpando a las sanciones occidentales de los cortes.

En caso de que Nord Stream siga vacío después del jueves, Berlín dijo que declararía el estado de emergencia, utilizando la nueva legislación para tomar el control del mercado energético. Y en caso de que el corte provoque una escasez de gas, podría racionar el combustible.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha advertido de que la UE tiene que "prepararse para un escenario en el que tengamos que abandonar por completo el gas ruso". Foto: Francois Mori/REUTERS

El jueves pasado, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, advirtió que la Unión Europea tenía que “prepararse para un escenario en el que tengamos que cambiar totalmente de gas ruso”.

El mismo día, el presidente ejecutivo de Shell PLC, Ben van Beurden, declaró en una conferencia sobre energía que Europa se enfrenta a la posibilidad de una fuerte subida de precios mientras el continente se prepara para un invierno “realmente duro”, por lo que podría tener que racionar su energía.

Berlín insiste en que no cortará las exportaciones a sus vecinos. Los países de la UE tienen acuerdos -uno de ellos, la directiva SOS- diseñados para evitar que una nación acapare combustible en tal escenario, y Alemania ha prometido solidaridad con varios vecinos si el gas ruso deja de fluir.

El Comisario de Energía de la UE, Thierry Breton, viajó a Berlín a principios de este mes. Uno de los principales objetivos de los funcionarios de la UE es garantizar que no se repita lo ocurrido en los primeros días de la pandemia del Covid-19, cuando algunos países miembros acapararon equipos médicos y de protección.

“Cada país debe demostrar que hará todo lo posible por sí mismo y por los demás”, comentó Breton tras la visita. El órgano ejecutivo de la UE, del que forma parte Breton, publicará en breve nuevas directrices sobre la conservación del gas que sugerirán limitar la temperatura de los edificios de oficinas en todo el bloque a 19 grados Celsius, o unos 66 grados Fahrenheit, según dijeron el jueves los funcionarios.

Los fabricantes europeos de industrias que consumen mucho gas han cambiado a combustibles alternativos, como el petróleo y el carbón, cuando es posible, y han hecho acopio de productos químicos y otros ingredientes esenciales antes del invierno, cuando la demanda de gas es mayor, según los responsables empresariales y comerciales. Pero estas medidas no son suficientes. Los ejecutivos de la industria y los economistas dicen que una escasez de gas lo suficientemente grave como para obligar a un racionamiento en cualquier país europeo - especialmente en Alemania, la mayor economía del bloque - se sentiría inevitablemente en todo el continente.

Un acontecimiento de este tipo perturbaría las cadenas de suministro de todo Europa, sobre todo en el sector petroquímico, que depende del gas y el petróleo como materia prima, señaló Günther Oettinger, excomisario de Energía de la UE y político alemán. La producción de acero, cobre y cerámica también se vería gravemente afectada. La legislación alemana da prioridad a los hogares e instituciones, como los hospitales, para el suministro de gas, lo que hace más probable que la industria sea la primera en sufrir un racionamiento en caso de escasez. Dada la estrecha integración de la economía del continente, una medida de este tipo se extendería rápidamente hacia el exterior.

La aseguradora alemana Allianz SE señaló en un informe reciente que “toda la UE se vería afectada si alguna economía entrara en una recesión aguda y duradera” como consecuencia de la interrupción del suministro de gas.

Una zona residencial de Frankfurt, Alemania, sin electricidad el mes pasado. FOTO: MICHAEL PROBST/ ASSOCIATED PRESS

Más del 60% de los productos químicos importados por Alemania, sin incluir los productos farmacéuticos, proceden de otros países de la UE, según la Asociación Alemana de la Industria Química, o VCI, que incluye muchas de las mayores empresas químicas y farmacéuticas del país. A su vez, Alemania envía la mayor parte de sus exportaciones de productos químicos a clientes industriales de la UE.

Los plásticos y otros materiales fabricados en los Países Bajos pueden contar con el amoníaco o el acetileno producidos en Alemania, un compuesto utilizado en la soldadura y como componente químico de baterías, cables y otros productos. Esos y otros plásticos pueden cruzar la frontera para ser moldeados, o para entrar en la fabricación de asientos de automóviles, envases de medicamentos, productos electrónicos o materiales de construcción, dicen los responsables del grupo comercial.

El acetileno, por su parte, también puede tener usos médicos. Los grupos de la industria química y las empresas están estudiando la forma en que los funcionarios europeos darán prioridad al gas natural para la producción que se considera crucial para la fabricación de medicamentos que salvan vidas, o para los fertilizantes que maximizan el rendimiento de los cultivos, una consideración clave en un momento de inflación desenfrenada de los precios de los alimentos.

“Estamos poniendo mucho empeño en explicar que si hay que priorizar el gas, nosotros, en la industria de los fertilizantes, tenemos que ser una prioridad”, dijo Jacob Hansen, director general de Fertilizers Europe, un grupo comercial que representa a la mayoría de los productores de fertilizantes europeos.

Hensen, comentó también, que la mayoría de las plantas funcionan las 24 horas del día, salvo unas pocas semanas del año. La mayoría necesita funcionar a un 75% de su capacidad o más para mantener el calor y la presión del proceso de fabricación.

En caso de que Alemania empiece a racionar el gas, el gobierno tendrá la facultad de decidir qué sector se verá afectado primero o con más fuerza y cuál se salvará. Las empresas y asociaciones empresariales han presionado mucho a Berlín para que sus sectores sean clasificados como críticos.

“Nuestro objetivo más importante es garantizar que no haya escasez de gas en la UE”, sostuvo un representante de la VCI, la asociación química alemana, cuyos miembros son los mayores consumidores de gas natural de Alemania y representan más del 30% de su uso industrial de gas, según la asociación. La VCI afirma que otros países europeos podrían absorber parte de la producción química alemana si sus suministros de gas natural se mantienen mejor. Sin embargo, los elevados precios del gas y otros ingredientes, así como la complejidad del transporte de mercancías -incluidos los gases altamente inflamables- amenazan con agravar la ya dolorosa inflación de los precios, según el representante.

Según Ruud Schmeink, socio de la consultora Deloitte, con sede en Ámsterdam, que se ocupa de las cadenas de suministro industriales, una falta de gas que afecte a la fabricación de plásticos podría paralizar la producción de automóviles o incluso de zapatillas deportivas. “Una escasez de suministros desciende en cascada por la cadena de valor, pero cada vez es peor”, explicó.

A la vez, la amenaza al suministro de gas ruso podría verse agravada por otras variables. Los productores estadounidenses de gas natural licuado han prometido aumentar los suministros a Europa, pero las tormentas tropicales, habituales en esta época del año, podrían interrumpir estos planes y complicar también los envíos de otras mercancías, dicen los expertos en comercio.

“Estamos entrando en la temporada de huracanes, que siempre termina provocando problemas en la cadena de suministro en EE.UU.”, señaló Guy Bessant, presidente de Stolthaven Terminals, que forma parte de la empresa de buques cisterna para productos químicos Stolt-Nielsen Ltd., que cotiza en la bolsa de Oslo y que envía y almacena productos químicos a granel y otros productos a todo el mundo. Tanto él como otras personas afirmaron que los gasoductos europeos existentes pueden encargarse de cierta redistribución del combustible, y que las líneas de ferrocarril y otras líneas de transporte de mercancías pueden redistribuir algunos suministros de productos químicos a otros países, pero a un costo.

“El mercado está favorable en este momento”, dijo Bessant. “Y no hay mucha capacidad de reserva para el almacenamiento de productos químicos”, agregó.

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