Pulso

Amanece (Otra vez) en Chile

12/03/2026 - PRESIDENTE JOSE ANTONIO KAST. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

“It’s a new dawn, it’s a new life, it’s a new world….” — Nina Simone, 1965

Se puso el sol en la administración Boric, amanece para Kast. El ritual se repite. Nuevos equipos, nuevas fotos, nuevos sueños, nuevo legado prometido. Nuevo plan de juego. La mayor parte de las veces dura poco, tal como descubrió Mike Tyson, en una analogía que hemos usado otras veces, cuando señaló que el plan dura hasta que se recibe el primer combo en pleno rostro.

La lección de los últimos 36 años de estos ritos es simple y brutal: cuando hay convergencia política, Chile progresa. Cuando no, naufraga. Todo lo demás — el precio del cobre, la inteligencia del presidente, incluso la situación internacional — pasa a segundo plano. Convergencia no significa acuerdos en todo. Pero sí respetar las reglas del juego y no transformar al adversario en enemigo. La lealtad y la madurez política parecen ser casi un prerrequisito para el progreso.

Aylwin fue el gobierno del reencuentro, de los abrazos. Podíamos vivir todos bajo el mismo cielo. La resaca luminosa de la campaña del “No”. Después de una partida con dudas, se consolidó el modelo de desarrollo que nos haría despegar como un cohete. La amistad cívica nos permitió soñar con ser un jaguar latinoamericano.

Frei aceleró el paso. Una lógica tecnocrática para consolidar el modelo. La economía voló casi hasta el final. Los happy 90’s a tambor batiente. La política se manejó bien. Nos integramos al mundo con acuerdos de libre comercio, remachados con fotos del presidente vistiendo tenidas exóticas a lo ancho del mundo. Hasta que llegó, de la nada, la Crisis Asiática, un muro con el que nos estrellamos sin aviso. Las tasas explotaron por los aires y nos recordaron nuestra fragilidad.

Lagos comenzó con miedos, un socialista a La Moneda. Pero uno razonable. Aún no cicatrizábamos de la Crisis Asiática cuando reventó el Nasdaq y cayeron las Torres Gemelas. El dólar se fue a las nubes. La economía se hizo más lenta. El ánimo más sombrío. Pero a medida que pasaron los meses, el Presidente se agigantó. Las concesiones dinamizaron el país, lo mismo que las reformas al sistema financiero. El legado terminó muy por lo alto.

Bachelet 1 fue una presidenta contenida. A la luz de lo que pasó después, casi maniatada. Una administración correcta y con pocos incidentes que recordar, excepto los pingüinos. La economía muy bien gracias al aumento del precio del cobre, hasta que llegó la crisis subprime y todo pareció hundirse en septiembre de 2008. Apareció el ministro Velasco, que navegó, gastó y salió adelante. La gente se sintió acompañada por el estilo maternal de la presidenta. Chile parecía incombustible.

Llegó Piñera a días del terremoto. Una tromba. El hombre más inteligente de Chile en el puesto más exigente. Se sentía por todas partes un optimismo contagioso. La reconstrucción fue rápida e impecable. Estado y privados trabajando como una sinfonía. Los mineros fueron el peak. Después aparecieron las primeras grietas en lo político y lo cultural. Las marchas, la satanización del lucro. “Educación gratuita y de calidad”. El eslogan más caro de la historia de Chile. La Polar horadó la confianza en lo privado. Con todo, la economía anduvo muy bien hasta finales de 2013. Se creó un millón de empleos. Eso no lo cuenta nadie.

Bachelet 2 llegó rauda, montada en la retroexcavadora y con el “Nuevo Modelo” en la cartera. A pasar máquina con todo: a la economía, la educación y al sistema político. Un desastre tras otro, ampliamente anunciados por la destrucción evidente del sistema de incentivos. Terminaba la edad de oro. En solo un año Peñailillo, Arenas y Eyzaguirre hicieron lo suyo. Luego vendría el caso Caval. El gobierno gatearía tres años, pidiendo la toalla para el final. Algo profundo se había quebrado.

Piñera 2 llegó a reparar, con menos entusiasmo que el anterior. Estaba deslavado. La oposición política y cultural desde 2011 aprovechó cada oportunidad para enlodar los logros anteriores. Esa frustración, ejemplificada en el CAE, fue el material del infierno. Estalló la furia. Lo impensable. La oposición más desleal de la historia se sumó a la aventura refundacional. Vinieron batallas semanales en Plaza Italia, el Covid, los retiros, el cuestionamiento a toda razón y autoridad.

Boric llegó a institucionalizar la Refundación y aceleró hacia el precipicio. Pero nos salvamos, increíblemente. Del “Vamos a crear desestabilización” de De Polo pasamos al “Estabilizamos el país” de Elizalde. De locos. Todo gracias al triunfo del Rechazo. Es verdad: hubo una mediocridad tremenda, pega desprolija y mal hecha. Pero fue muchísimo mejor de lo esperado. La convergencia, aunque forzada y a regañadientes, nos salvó una vez más. Yo por lo menos lo agradezco. No todos lo dicen en voz alta.

Amanece para Kast. Sin jolgorio, pero sí con ganas de trabajar. Parecemos estar bien parados: Chile tiene en sus entrañas dos de los materiales más codiciados del siglo — cobre y litio — justo cuando el mundo los necesita como nunca. Es como haber guardado agua en el desierto sin saberlo. Pero, irónicamente, la IA, que junto a la electromovilidad son las causas últimas de nuestro futuro esplendor, amenaza con cerrarle la puerta a las nuevas generaciones de jóvenes educados. Ojo con eso. El mundo está corriendo muy rápido y será muy difícil acomodarse, aunque estemos bien posicionados gracias a nuestros recursos naturales. Habrá desafíos, conocidos algunos y otros como la obsolescencia del trabajo, que ni siquiera dimensionamos. Los superaremos solo en la medida en que la clase política dé el ancho. Habrá combos inesperados. Pero nunca, nunca más, los golpes bajo el cinturón buscando un KO mañoso deben venir desde adentro.

Comienza un nuevo round. Hay que enfrentarlo con optimismo y trabajo duro. Pero, ante todo, con lealtad.

* Emprendedor y Panelista de Información Privilegiada de radio Duna

Más sobre:gonzalo restinicolumnapulso

Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera

Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE