El fuego amigo que permea la relación entre empresarios y fútbol

Carlos Heller fue el último de una amplia lista de empresarios que decidieron salir de la actividad deportiva, o al menos abandonar la primera línea. Las amenazas, la violencia, los aportes económicos constantes, el costo familiar y la imposibilidad de desarrollar proyectos formativos, destacan dentro de la compleja interacción entre quienes están detrás de las SADP y el balompié.


“Desde este momento renuncio a la U, la delincuencia nuevamente ganó, tengo amenazas de muerte en mi teléfono y no seguiré como presidente”. El sábado 16 de marzo, Carlos Heller generó un terremoto en el fútbol chileno. Tras el adverso partido entre el equipo que lideraba y la Universidad de Concepción, el presidente de Bethia decidió dar un paso al costado. Se aburrió. Y no solo él. El viernes, Nicolás Ibáñez -vía la Fundación Futuro de Valparaíso (FFV) que preside- decidió mandatar al directorio de Santiago Wanderers para llamar a una junta extraordinaria de accionistas y proponer un aumento de capital o emisión de acciones que permita el ingreso de nuevos inversionistas y su salida definitiva del club.

Los casos de Heller e Ibáñez no son aislados. Han sido múltiples los empresarios que han optado por alejarse de la actividad: Carlos Alberto Délano, José Yuraszeck, Federico Valdés, Cristián Varela y Antonio Bloise son parte del variopinto grupo de hinchas que en algún minuto entraron y optaron por salir, algunos hastiados. “Le dediqué 15 años de mi vida y no vuelvo nunca más”, indica uno de los que decidió abandonar el mundo del balompié. “Prefiero salirme del tema. Estoy lejos del fútbol por una decisión bien meditada hace ya siete años”, dispara otro al ser contactado.

Es que una actividad que en algún minuto se vio como atractiva, hoy los espanta. Y la lista de empresarios futboleros amenaza con seguir acotándose. Cercanos a Leonidas Vial precisan que está cada vez más alejado de Blanco y Negro, y que incluso dejaría el directorio. “Él sigue hasta un poco tiempo más”, dice un conocedor; e incluso Ricardo Abumohor, en O’Higgins, ya está cansado. “Creo que ya me voy”, admite.

La realidad era distinta años atrás. Tras la quiebra de clubes emblemáticos y la precaria situación financiera de otros tantos surgieron como solución las Sociedades Anónimas Deportivas (SADP), reguladas por la entonces Superintendencia de Valores y Seguros (SVS). La legislación mandató que el 2006 los clubes debían optar por migrar a esta figura o seguir como corporaciones o fundaciones, constituyendo un Fondo de Deporte Profesional para su administración. Veintiuno de los 32 equipos decidieron avanzar hacia una SADP. Un año antes, Colo Colo ya había constituido Blanco & Negro, tras quebrar en 2002.

Una de las máximas de estas nuevas organizaciones era generar un mayor control, más transparencia, una estructura más profesional y al mismo tiempo dueños conocidos que respondieran. Esta organización les permitiría a los hinchas transar acciones en la Bolsa. Así, empresarios de renombre entraron a la actividad. En 2005 ingresó Leonidas Vial a Blanco y Negro; el mismo año, la familia Abumohor se hizo de O’Higgins. En 2006, la familia Said, Fernando Aguad y Alberto Kassis hicieron lo propio con Palestino, al igual que Valentín Cantergiani y Ernesto Corona con Audax Italiano -hoy controlado por la familia Antillo-. Un año después se creó Azul Azul (U. de Chile) con Carlos Heller, Peter Hiller, Carlos Alberto Délano, entre otros, a la cabeza. En 2008, Nicolás Ibáñez decidió ingresar a Santiago Wanderers, mientras que en 2009, la constitución de Cruzados (UC) se tradujo en el debut de María Cecilia Karlezi -hoy vía Auguri y Santa Filomena- y de la familia Del Río al fútbol.

“El fútbol tiene algo que lo hace bastante único, y es que es una industria que genera muchas pasiones, donde el frío análisis racional nunca es suficiente para explicar por qué uno da el paso de sumarse a una causa deportiva”, señala el empresario y exdirector de Colo Colo Alfonso Gómez.

A su juicio, lo que está detrás tiene que ver con tres factores: lo deportivo -todos son hinchas que quieren que al equipo le vaya bien; lo económico, aparejado a lo primero; y lo que parece ser lo más generalizado: el desarrollo social. “Son pocas las industrias que tienen la capacidad de apelar a una masa tan grande de personas, lo que te da una oportunidad de incidir en un fenómeno que es más bien social y cultural”, señala Gómez. “Mi experiencia ha sido bien positiva. Me ha tocado vivir grandes alegrías en el mundo del fútbol, y si bien algunas veces no es tan grato, atesoro cada momento. Mi relación con Colo Colo tiene que ver con mi sentido de pertenencia con Chile, ser hincha de Colo Colo me hizo más chileno y me abrió las puertas para integrarme, a los seis años, en un país nuevo y sin saber el idioma”, explica el expresidente de Colo Colo Aníbal Mosa.

Asimismo, fuentes señalan que la participación de la sociedad Auguri en el fútbol obedece a una tradición familiar, al permanente interés por participar en actividades que contribuyen socialmente, y por el cariño que existe hacia el club deportivo de la Universidad Católica.

Un empresario ligado a Blanco y Negro subraya: “Colo Colo se rescató de la quiebra a través de LarrainVial en función de que era importante que el club saliera adelante dada su relevancia para el pueblo chileno”.

Y más aún. Los empresarios vieron en el fútbol -concuerdan los contactados- una posibilidad de canalizar y aportar en el desarrollo de jóvenes que pudieran surgir y desarrollarse en torno al balompié.

“Cuando se crearon las SADP y Estadio Seguro, vimos en Santiago Wanderers una oportunidad para trabajar con los jóvenes de la Región de Valparaíso, realizando acciones que les ayudaran a empaparse de valores sanos, aprender a través del deporte y, de esa forma, mejorar su calidad de vida. El desafío que nos propusimos como Fundación Futuro de Valparaíso fue hacer llegar ese desarrollo a la industria del fútbol. Pero a poco andar nos dimos cuenta de que la brecha era demasiado grande, que requería de un trabajo mucho más profundo y, sobre todo, coordinado entre todos los que participamos en esta industria”, explica Nicolás Ibáñez. Hoy, tras nueve años al mando, la fundación que preside opta por vender. “Reconocemos nuestro fracaso en tratar de levantar SW. Estamos seguros de que en manos más expertas, el club podrá tener una buena opción para llegar lejos. Para FFV ha llegado el momento de dar un paso al lado”, asegura. De hecho, cerrará la fundación.

Es que -dice un accionista de un equipo- “acá te encuentras con una realidad muy distinta a la que pretendes”.

Una visión diferente tiene Mosa: “Uno no puede entrar a esta actividad pensando en la rentabilidad de su inversión. El que ingresa al fútbol en Chile pensando que va a ser un gran negocio, simplemente se equivoca. En el fútbol hay que entender que el compromiso es a largo plazo, con sus hinchas, su historia, el respeto por sus ídolos y los resultados deportivos. Es todo esto lo que determina la estabilidad y crecimiento de las instituciones”. Y remata: “Es lamentable que los empresarios decidan retirarse, la salida de Heller es una gran pérdida para el fútbol chileno”.

El choque con la realidad

En marzo de 2012, cerca de 70 hinchas de la Garra Blanca llegaron al edificio de LarrainVial con petardos y bengalas. Reclamaban por la presencia de Leonidas Vial en la mesa de Blanco y Negro. En el lugar desplegaron un lienzo que rezaba: ‘Leonidas Vial = Yuraszeck’, sindicando a ambos empresarios como los monopolizadores del fútbol. Incluso, convocaron a una marcha nacional contra la sociedad anónima tras Colo Colo.

En paralelo, Federico Valdés -en ese entonces presidente de Azul Azul- reconocía en radio Duna haber recibido amenazas de muerte. Siete años después las mismas recaían contra Carlos Heller.

Es que la relación entre hinchas y dirigentes ha sido a lo menos compleja. Un ejecutivo del fútbol subraya que mientras en países como México y EE.UU. los dueños de clubes son vistos con admiración, aquí se ven con desconfianza. “Dicen casi que somos empresarios ladrones que nos queremos llevar el club para la casa, y nada más alejado de la realidad, todo lo contrario, muchos les hemos inyectado dinero a los clubes”, afirma un empresario del fútbol.

Si bien los ingresos de los clubes han ido al alza desde la creación de las SADP, los gastos se han incrementado de la misma manera -producto del encarecimiento de la plantilla de jugadores-, más allá de los jugosos retornos que reciben del Canal del Fútbol.

La Fundación Futuro de Valparaíso (FFV), presidida por Ibáñez, ha aportado $ 4.800 millones a Santiago Wanderers; Carlos Heller, US$ 3,3 millones a la U vía préstamos cuyo compromiso de pago era al 31 de diciembre pasado; los controladores de Audax concretaron aumentos de capital por más de US$ 15 millones entre 2008 y 2015, y en 2018, Auguri compró $ 1.147 millones en acciones de Cruzados en el marco de la segunda etapa de un aumento de capital, donde se aportaron, entre todos, del orden de $ 4.124 millones. Hoy son muy pocos los clubes que están en azul.

“Lamentablemente, en Chile, el fútbol profesional se ha quedado en el subdesarrollo. Las razones pueden ser muchas. Hay responsabilidades en muchos sectores, pero la principal es la indolencia de un sector de la sociedad que permite que el espectáculo deportivo que sostiene al fútbol sea capturado por la violencia y la incivilidad, incluso por el delito, sin hacer absolutamente nada”, señala Ibáñez, rememorando la imagen de hinchas japoneses limpiando la basura antes de retirarse del estadio en el último Mundial. “Esa es una imagen del primer mundo, de progreso a la que hay que aspirar”. Y hace un llamado: “Hay que erradicar absolutamente la violencia y las incivilidades de los estadios y del fútbol en general. Esa es la principal causa de nuestro subdesarrollo y el cáncer que está matando al fútbol profesional en Chile. Ahuyenta a las familias de los estadios, evita que jóvenes talentosos piensen en el fútbol como una alternativa de vida y aparta cualquier iniciativa de inversión”. Y da un paso más: “Si no es posible concurrir a los estadios en familia, con seguridad y en un entorno agradable, el fútbol chileno seguirá en el subdesarrollo hasta ser irrelevante. Va a llegar el momento en que los jóvenes que buscan ídolos deportivos sabrán mucho más de los equipos de España, Alemania y Gran Bretaña que de los de Chile”.

Un empresario resume la situación como que en el fútbol están todos los problemas sociales del mundo.

A ello se suman las rencillas internas. Blanco y Negro ha sido ejemplo de eso, tras las diferencias entre Leonidas Vial y Aníbal Mosa. Gómez precisa que él optó por dejar la mesa del club en 2018, justamente por discrepancias con la dirigencia y por no tener garantías de buenas prácticas en el gobierno corporativo. “Lamentablemente, esta es una industria en que mucha gente coloca de su bolsillo y tiene la impresión de que se compró un juguete y que con ese juguete puede hacer lo que se le ocurre. Ahí empieza a suceder que de pronto las buenas prácticas del gobierno corporativo empiezan a abandonarse y esto se termina convirtiendo en una guerra de personalidades y de egos, y este es el principio del fin de un proyecto de esta naturaleza”, dice.

Y así viene el aburrimiento, concuerdan. Inyecciones sucesivas de capital, amenazas y conflictos internos, sumado a una actividad demandante generan el escenario perfecto para decir adiós. El fútbol no se agota entre lunes y viernes; por el contrario, es el fin de semana donde se juega el todo por el todo. Y las familias lo resienten. “Familiarmente esto se hace insoportable. Todo el día molestando detrás de esto, una preocupación constante, y más encima recibes amenazas”, confidencia un empresario ligado a uno de los principales clubes. “Esto tiene un gran costo familiar. Y después de varios años uno necesita paz, y simplemente no estás dispuesto a sacrificar tanto cuando además te das cuenta que hay otras industrias donde los sacrificios se reconocen y agradecen, y en esta industria lo normal es lo contrario”, añade Gómez.

La frustración por no formar jóvenes

“El fútbol es distinto a cualquier empresa. Esto no es solo cosa de plata, esto se trata de credibilidad. Esto le pertenece a la gente, a un país. La ley puede decir que somos dueños, pero en el fondo tú solo administras, porque sin la gente no eres nadie”, dice Ricardo Abumohor, que asumió la presidencia de O’Higgins en 2006. Es uno de los empresarios que más tiempo lleva ligado a la actividad, y su visión es crítica. “Las SADP fueron muy importantes en un principio, porque le dieron un marco y un ordenamiento, pero se empezó a desvirtuar. No tuvo regulaciones. Y se empezaron a hacer dueños de los clubes personas que tenían una visión distinta. Ellos tenían una visión económica, y el fútbol es deportivo-social eminentemente”, sostiene.

De los 23 miembros de la selección sub 20, seis son jóvenes de O’Higgins, el club que tiene la mayor representación; de hecho, solo un jugador más aportan los tres principales equipos del país de manera conjunta. Un 20% del presupuesto del club de Rancagua va a las divisiones menores, y un 15% a mantener el campo de entrenamiento Monasterio Celeste, un moderno complejo de más de 16.000 m2, inaugurado en 2014. Hoy -se quejan al interior de los principales equipos- son pocos los clubes que han hecho inversiones de esta envergadura.

Para Abumohor hoy urge avanzar hacia un modelo de SADP que reconozca el carácter social del fútbol, en línea con potenciar las divisiones inferiores. “Hay clubes que reciben la misma plata que yo, pero les importa un carajo donde entrenan, arriendan cualquier cosa, no les interesa el desarrollo de los jóvenes y todo su presupuesto se destina al primer equipo y te ganan en la cancha, pero qué pasa después, qué le dejan al fútbol chileno, cero”.

Abumohor confidencia haberse reunido ya con autoridades para hacerles entender que se deben reformar las sociedades en esa línea, pero “acá es como predicar en el desierto”, subraya. El empresario ya no participa en el Consejo de Presidentes, pese a ser el titular de O’Higgins. Ya está cansado. “En este esquema yo no sigo (…) Estoy dando ventaja. Tengo que competir con los clubes más grandes, populares, que tienen otro tipo de ingresos y eso lo entiendo, pero no me hagan pelear con los 13 equipos restantes con estas diferencias”.

En el sector dan un paso más. Para muchos, las Sociedades Anónimas Deportivas, creadas hace más de 10 años, requieren replantearse más ampliamente. “Tenemos que implementar estándares más estrictos en el control de la gestión y de los gobiernos corporativos, tanto de los clubes como de la ANFP, profesionalizando aún más la actividad. Esos controles deben llegar a los representantes de los jugadores y deben regir, especialmente, para las contrataciones y traspasos”, dice Ibáñez. “Siempre es importante avanzar en resguardar que las instituciones tengan manejos transparentes y directorios íntegros, cuya representación se corresponda con el poder real de cada accionista. Hay que desterrar todo tipo de negocios de directores relacionados con la institución a la que pertenecen. Los recursos deben invertirse responsablemente en todas las áreas del club. En el mundo de hoy, el gran desafío es tomar las experiencias internacionales a fin de colocar a las instituciones deportivas al nivel que estos tiempos exigen”, añade Mosa.

Gómez intentó diseñar un código de conducta al interior de Colo Colo en 2016, pero no floreció. “Es una de las tantas cosas que no logró ver la luz”, dice.

Si bien Mosa parece ser la excepción, ya que en pos de su fanatismo por Colo Colo asegura estar contento con la actividad y aboga por una mayor participación de los hinchas, en el resto del empresariado existe desazón.

Para nadie es novedad lo complejo que fue para Heller tomar la decisión, y esa sensación se replica en otros. “La relación más que dolorosa, fue penosa. Siempre pensé que podíamos lograr algo. Me hubiese encantado decir que Colo Colo se transformó en una universidad de jugadores de élite, pero veo que hay problemas. Y sigo un poco tiempo más para irme”, dice un empresario.

Y Gómez insiste: “Me quedo con la tremenda frustración de no haber podido hacer más con todo ese potencial social que tiene Colo Colo, esa capacidad de incidir en el desarrollo integral de niños, utilizando el deporte como una puerta de entrada para poder tener mejores aspiraciones. Me quedo con la tremenda frustración de que nunca logré que hiciéramos algo un poco más ambicioso, más integral y más logrado en ese sentido”.P
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