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La generación empresarial chilena que se retiró (y se está retirando) de la primera línea

Varios empresarios emblemáticos cumplieron o cumplirán los 80 años en los últimos meses: Julio Ponce, Eliodoro Matte, José Luis del Rio y Hernán Briones. Ponce entregó el mando a su hija; Matte dejó las empresas a los 75; Del Rio abandona directorios en abril y Briones vendió su última empresa operativa. Otros han salido antes de la primera línea. Aquí Rolf Lüders, Hernán Cheyre y Jon Martínez analizan la generación en retiro del mundo empresarial.

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Julio Ponce asumió la gerencia de las empresas de Corfo en 1980, donde estuvo casi tres años, antes de llegar, en 1987, a la presidencia de la entonces Soquimich. Eliodoro Matte Larraín asumió en 1981 la gerencia general de CMPC, la forestal controlada por su padre. José Luis del Rio Goudie dirigió junto a su padre la compra de Sodimac y se incorporó a su directorio en 1982, pero antes había participado en la adquisición de Derco, en 1976.

Los tres nacieron con una diferencia de meses. Los dos primeros cumplieron en noviembre sus 80 de edad. Ponce festejó en un evento con muchos de sus cercanos, entre ellos empresarios como Leonidas Vial, Isidoro Quiroga y Francisco Pérez Mackenna, en su parcela en Curacaví. Matte también conmemoró el aniversario ese mismo mes, en un evento más familiar e íntimo: sus hijos le prepararon un libro sobre su vida. José Luis del Rio cumplirá los 80 años el 17 de febrero.

Los tres están retirados de la primera línea, pero el último en anunciarlo fue José Luis Del Rio: hace una semana comunicó su salida de los directorios de varias empresas. En abril dejará Falabella, la empresa en la que estuvo por 22 años, tras la fusión con Sodimac, en 2003, y habrá abandonado además Aza, Tecnofast y Alto. Del Rio se mantendrá en la sociedad matriz, Inder, y en la pesquera Friosur.

Julio Ponce había dejado en 2015 la presidencia de SQM y las sociedades cascadas, pero se mantuvo activo, tras bambalinas, hasta el año pasado, cuando oficializó el traspaso del manejo de sus empresas a su hija Francisca, hoy directora de todas las sociedades cascadas.

Eliodoro Matte dejó la presidencia de Empresas CMPC en 2016, en un coletazo del caso colusión del papel tissue, y cuatro años después, a sus 75, por el protocolo familiar del clan dejó el último gran directorio: Forestal O´Higgins, la matriz de los negocios de los Matte. Según quienes lo conocen, hasta hace poco al menos seguía yendo a las oficinas de su family office Portoseguro, en el barrio El Golf.

No son los únicos en llegar a esa edad emblemática y acogerse a un retiro relativo de la vida empresarial más pública.

Hernán Briones Goich dio en 2025 un paso decisivo hacia el retiro. Junto a su hermano Pablo ya habían vendido años atrás Indura, pero ahora enajenaron la última de las compañías operativas que fundó su padre, Hernán Briones Gorostiaga. Hernán Briones Goich cumple 80 años en mayo y desde hace años vive en Portugal. Este mismo 2025, su hermano Felipe, 76 años, vendió Pesquera Yadrán.

Antes lo hicieron los socios principales del grupo Penta, Carlos Eugenio Lavín (83 años) y Carlos Alberto Délano (77 años). La matriz de Empresas Penta es presidida hoy por Fabio Valdés. Los Carlos, como coloquialmente se les conoce, mantienen oficinas en El Bosque Norte, a las que asisten, pero no con mucha frecuencia. Andrés Navarro, dueño de Sonda, tiene 77 también, dejó la presidencia de Sonda en 2023, pero sigue en el directorio.

Andrónico Luksic Craig es menor, tiene 71 años, pero poco antes de cumplir los 70 decidió abandonar la primera línea, estableciendo con ello un límite tácito de edad a la permanencia en el grupo. Hoy en Quiñenco están sus hermanos Jean Paul y Paola Luksic Fontbona.

Luis Enrique Yarur, 75 años, dejó el directorio de BCI, donde estuvo más de tres décadas, a inicios de 2025.

Otros empresarios icónicos fallecieron en el último tiempo, bordeando los 90: en 2024 murió Gonzalo Vial Vial, creador de Agrosuper, y en marzo de 2025, Horst Paulmann, el fundador de Cencosud.

Pero hay empresarios que iniciaron sus pasos en los años ochenta que siguen activos. Por ejemplo, dos son presidentes de sus grupos empresariales. Juan Eduardo Errázuriz Ossa, a sus 82 años, es el presidente del holding de ingeniería y construcción Sigdo Koppers. Y Juan Hurtado, quien cumple 79 años en marzo, es presidente de Entel y está en el directorio de Consorcio Financiero, del cual ya se retiraron sus socios, Eduardo Fernández León y José Antonio Garcés Silva, y entraron sus hijos. Hurtado, eso sí, ya cedió posiciones: en 2024 dejó los directorios de las aseguradoras y el banco del grupo Consorcio y asumió su hijo Juan Carlos Hurtado Cruzat.

Y la cabeza de uno de los mayores grupos locales sigue Roberto Angelini, presidente de Empresas Copec y AntarChile. Tiene 77.

La generación en retiro

Todos estos nombres fueron protagonistas de los negocios en los años ochenta y en su mayoría asumieron roles gerenciales de primera línea antes de cumplir los 40 años. Una combinación de condiciones personales y las oportunidades de una economía en transformación permitieron su rápido ascenso. Ambos factores influyeron en ese posicionamiento, cree Rolf Lüders, ex ministro de Hacienda en los ochenta y profesor del Instituto de Economía de la Universidad Católica.

“Es una mezcla. En septiembre de 1973 el Estado de Chile controlaba más de quinientas empresas, entre ellas las más importantes del país. Además, existían unos pocos grupos económicos, relativamente pequeños, y un gran número de chilenos con estudios en economía y administración de empresas, educados en los Estados Unidos y/o en universidades chilenas, con currículos similares a sus pares en países con economías de libre mercado. O sea, se trataba de personas que estaban conscientes del potencial de crecimiento de una economía chilena liberalizada y de las oportunidades que se iban a dar en el mercado”, razona Lüders, quien recuerda que el régimen militar decidió privatizar, entre 1974 y 1990, en varias rondas y por varios métodos, la mayoría de sus empresas, excepto unas pocas consideradas estratégicas, además de servicios públicos y el sistema de pensiones.

“Se dieron así las condiciones para que jóvenes chilenos, bien formados, y con espíritu empresarial, pudiesen hacerse de paquetes de acciones y formar grupos económicos controlados por ellos. Son los mismos que ahora se están retirando y traspasando el control de sus empresas a sus descendientes”, agrega Lüders, economista que cursó un doctorado en la Universidad de Chicago.

Jon Martínez afirma que esa generación –a la que califica como muy exitosa, trabajadora, cultora de un bajo perfil y, en general, austera- se caracterizó por asumir grandes responsabilidades desde muy jóvenes. “Les tocó una época muy distinta, un Chile completamente diferente, mucho más pobre y complicado, y donde estos jóvenes, que lograron tener estudios que sus antecesores probablemente no tenían o estudios diferentes, especialmente aquellos que estudiaron ingeniería comercial o ingeniería civil, lograron hacerse cargo de empresas a muy corta edad”, dice el director del Centro de Empresas Familiares de la Universidad de los Andes.

Martínez continúa así: “Lo hicieron al alero de una economía chilena que estaba devastada después del gobierno de (Salvador) Allende y les tocó rearmar Chile, refundar en cierto sentido la economía chilena y luego, con las privatizaciones y otras transformaciones de la economía, fueron extremadamente exitosos y valientes en sus decisiones: lograron llevar a Chile a un estadio de desarrollo completamente impensado para las décadas anteriores”.

Una opinión similar manifiesta Hernán Cheyre, presidente del CIES-UDD, quien sostiene que para desplegar el espíritu emprendedor se requiere un entorno proclive. “A esta generación de empresarios le tocó entrar a la cancha en un período en que la economía chilena estaba experimentando cambios fundamentales como consecuencia de la apertura comercial, de la desregulación de industrias que previamente estaban sometidas a severos controles, y también de la privatización de empresas estatales. El principal mérito de ellos es que estuvieron dispuestos a asumir los riesgos en un escenario nuevo y también incierto, y ello se explica, además de sus condiciones personales, a un contexto institucional en Chile que incentivaba la inversión, con estabilidad en las reglas del juego y con un horizonte donde los pilares centrales de nuestro orden económico no eran cuestionados”, responde el ex vicepresidente ejecutivo de Corfo.

Herederos

La generación que va en retirada ya ha ido transfiriendo el mando de muchas de sus empresas. Los mismos protagonistas que cumplieron 80 años ya tienen sus reemplazantes. Julio Ponce legó el manejo de las cascadas y SQM a Francisca Ponce, la tercera de sus cuatro hijos, quien está en las sociedades de inversión, pero no en SQM, a la que no puede entrar hasta después de 2030, por un acuerdo de 2018 con Corfo. La familia de José Luis del Río ha estado representada en las empresas donde participa por Juan José del Río Silva, hoy en Tecnofast y Aza. Y la rama de Eliodoro Matte ha optado por profesionales externo: en Empresas CMPC, Hernán Rodríguez; en Colbún, Rodrigo Donoso; y en Bicecorp, por José Ignacio Goldsack, gerente general de su family office, Inversiones Portoseguro. Su hijo Jorge Matte Capdevila está en la matriz Forestal O’Higgins.

“Es común escuchar que las generaciones de herederos suelen gastarse las fortunas generadas por sus progenitores, pero ese no es el caso general. Los grandes empresarios que se están retirando vienen planificando esto con bastante antelación, profesionalizando los equipos e incorporando en forma paulatina a las nuevas generaciones en distintas posiciones dentro de sus empresas, pero obviamente no todos los descendientes tienen las mismas capacidades e intereses”, reflexiona Hernán Cheyre. “Mi percepción es que estos grupos continuarán fortaleciéndose a través de sus descendientes, acompañados de sólidos gobiernos corporativos y de una administración profesional, ya que el espíritu emprendedor es algo característico de las nuevas generaciones”, agrega.

Lüders no cree que pueda repetirse la generación que creció en los 80 en los negocios, pero tampoco cree que el futuro de mediano y largo plazo sea solo de herederos. “Es posible -si bien no probable- que se produzca un shock de inversión y crecimiento, pero en una economía relativamente madura, manejada por administradores profesionales, con un gran número de empresas extranjeras participando en los sectores más dinámicos. Veo más bien una economía en que la propiedad de las empresas chilenas se vaya difundiendo cada vez más y sus dueños manejando directa o indirectamente carteras de inversiones muy diversificadas”, opina Lüders.

Jon Martínez dice que la generación de recambio tiene otros talentos, más actuales y acordes al mundo de hoy. “No tengo dudas de que esta nueva generación va a ser capaz de conducir a sus empresas a un nivel de desarrollo aún mayor. Han sido personas con buena educación y formación, por lo que van a poder abordar los desafíos que se les presentan con mucha capacidad y talento”, finaliza.

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