Olivia Mitchell: “La persistente falta de conocimiento financiero ha contribuido al escepticismo de muchos chilenos sobre el sistema de pensiones”

La profesora de The Wharton School, de la Universidad de Pensilvania, quien participó en la Comisión Bravo de pensiones en Chile, cree que el "analfabetismo financiero es una gran explicación sobre por qué las personas no han ahorrado más, invertido más, y por qué han hecho tantos retiros" en el país.




Una larga trayectoria en pensiones tiene Olivia Mitchell, profesora de The Wharton School, de la Universidad de Pensilvania, quien participó la semana pasada de manera remota en el seminario “Sistema de Pensiones en Chile: Mirada al largo plazo”, organizado por CFA Society Chile.

Mitchell también conoce de cerca el sistema previsional chileno, pues fue parte de la Comisión Bravo entre 2014 y 2015, y ha seguido de cerca el debate que se ha dado en Chile en el último tiempo.

¿Alguna vez ha visto retiros en otros países como los que se han hecho en Chile durante la pandemia, donde ya se han aprobado tres y se está tramitando el cuarto?

-No. En EE.UU. se le permitió a las personas retirar fondos de su plan de contribución definida, pero tienen que devolver esos recursos dentro de tres años, y si no lo hacen, deben pagar impuestos. Es por esto que hubo muy pocos retiros, las personas que retiraron deben haber sido como máximo el 3%, 4% o 5%. Creo que otra explicación es que el gobierno federal de EE.UU. ha impulsado programas de estímulos económicos bastante grandes, donde especialmente a las personas de bajos ingresos se les entregaron recursos para poder sobreponerse al desempleo y los efectos de la pandemia.

¿Y en otros lugares?

-En Alemania tienen programas donde los empleadores fueron subsidiados para mantener con sueldos a sus empleados, para que no se quedaran sin dinero. Especialmente en el norte de Europa hubo muchos esfuerzos para que las personas siguieran ligadas a sus empleadores mediante programas de subsidios, para que cuando la economía volviera a funcionar no fuera tan difícil contratar personas. Nosotros no hicimos eso, y como resultado ahora tenemos muchos problemas en la contratación de personas, hay exceso de demanda de empleados y muy pocos han postulado. Entonces, hay muchas formas de lidiar con el problema del Covid-19 y sé que Chile hizo algunas cosas, como entregar subsidios para alimentos, y también con el seguro de protección del empleo, y beneficios de cesantía. Pero encima de eso, se permitió a las personas hacer retiros de sus fondos previsionales, y solo en uno de esos procesos tuvieron que pagar impuestos al retirar fondos. Creo que no fue realizado mirando hacia el futuro, porque las personas sufrirán en la jubilación al reducir sus ahorros, muchos de ellos a cero.

Formó parte de la Comisión Bravo de pensiones en Chile hace algunos años. ¿Qué puede hacer el país para recuperar todos los fondos que se han retirado?

-Cuando estuve en la Comisión Bravo hubo una división, la mitad del grupo, economistas como yo, recomendamos mejorar las pensiones solidarias y también aumentar las contribuciones. La otra mitad del grupo quería terminar con las AFP. Pero advertimos que ir a un sistema de reparto es muy peligroso para países como Chile, donde la tasa de natalidad es muy baja, la población crece lentamente y la fuerza laboral también. Sería muy caro poner una carga a pocos trabajadores para que paguen tantas pensiones. Entonces, no hay una bala mágica, no hay una respuesta mágica.

Pero se pueden hacer mejoras...

-Creo que los chilenos van a tener que trabajar mucho más. Algunos países, especialmente en Europa, ahora están indexando la edad de retiro según la longevidad. Entonces, cada vez que la longevidad aumenta un año, la edad de retiro también. La evidencia muestra que no todos van a ser capaces de trabajar por más tiempo, pero muchas personas sí, especialmente en los trabajos que no son tan demandantes físicamente. La evidencia muestra que se puede hacer eso y que será necesario hacerlo. Lo otro, es que en Chile hay una edad más baja de jubilación para las mujeres que para hombres. Cuando estuve en la Comisión, dije que esto realmente no es una buena idea, porque las mujeres viven por más tiempo, se retiran antes, y sus ahorros son menores en promedio. Eso significa que los beneficios, en un sistema de contribución definida, serán muy bajos. Como mínimo hay que igualar la edad de jubilación de hombres y mujeres, y luego aumentar ambas, indexarlas según longevidad. Eso sugerí, y no recuerdo en qué periódico se publicó, pero al día siguiente la Presidenta Michelle Bachelet dijo que no lo haría. Solo entregué mi opinión.

¿Y sigue siendo esa su opinión?

-El problema es que una baja edad de jubilación para mujeres resulta en discriminación contra las mujeres. entonces, si un empleador quiere contratarte, y ya tienes más de 55 años y eres mujer, entonces el empleador va a proyectar que te podrías ir pronto, entonces no necesariamente te va a escoger para el trabajo. Eso debería revisarse.

En el debate, cuando se discutió la reforma previsional, desde algunos sectores se propuso crear un sistema de cuentas nocionales. ¿Cree que es una buena idea?

-Suecia y Alemania lo tienen en el pilar estatal, en el beneficio público que se entrega. Las cuentas nocionales no son más que un sistema de reparto, porque el dinero es recaudado hoy y se le entrega a los jubilados de hoy. No tiene activos que se puedan invertir para ganar retornos en el mercado de capitales mundial. No veo que sea mejor o peor que un sistema de reparto, el cual está desfondado y pone desafíos dada la baja fertilidad.

Comentó algunas cosas que debe hacer Chile para mejorar su sistema de pensiones y ese diagnóstico fue entregado hace varios años. ¿Por qué cree que el país no ha avanzado en esa dirección?

-Cuando estábamos trabajando en la Comisión Bravo, uno de los hechos que fue presentado, y que ya era conocido, es que la densidad de cotización era muy baja en Chile. Esto ocurre en muchos países latinoamericanos, las personas entran y salen del mercado laboral formal, de vez en cuando tienen trabajos informales, y lo que era fascinante para mí, era que en las encuestas nos encontramos con que mucha gente que no contribuía estaba en la parte alta de la escala de ingresos, y muchos en la parte baja. Entonces, las personas en la parte baja de ingresos no contribuían porque estaban en el sector informal, en esos días, que fue hace 10 años atrás, personas que trabajaban en el campo, o taxistas, no tenían que cotizar. Entonces, un problema era incluirlos en el mercado laboral formal para que coticen.

¿Y los de la parte alta?

-Las otras personas que no contribuían eran médicos, abogados, personas con educación que claramente, de forma errada, pensaban que podían invertir más eficientemente ellos mismos. Como son trabajadores independientes, tampoco contribuían. Entonces, el problema es que hay que integrar a ambos grupos para poder hacer funcionar el sistema de pensiones. También estoy al tanto que el sistema de pensiones no puede arreglar un mercado laboral con problemas profundos, en otras palabras, si tienes discriminación laboral con la mujer, lo tenemos acá (en EE.UU.), sé que hay diferencias de pago en Chile; pero si hay diferencias de sueldo en el mercado laboral, eso se va a traducir en diferencias de pensiones al jubilar. Realmente hay que tomar atención no solo del sistema de pensiones, sino también del mercado laboral. Por eso es difícil, porque es un cambio social muy grande. Otro grupo que siempre me ha preocupado son las empleadas domésticas, y ese es un gran problema alrededor de todo el mundo, porque típicamente no están en el empleo formal, sus empleadores podrían no estar interesados en pagarles sus cotizaciones, lo que llevaría a que otra generación sea pobre en la vejez.

En el seminario mencionó que Chile es uno de los países donde hay menos educación financiera y eso ha repercutido en la poca confianza en el sistema de pensiones local.

-Hace unos 15 años inicié una encuesta para examinar el conocimiento financiero de personas mayores de 50 años. Allí desarrollamos tres preguntas, que ahora son conocidas como las grandes tres preguntas (the big three questions). La primera pregunta es sobre intereses, y dice algo así: imagine que tiene US$100 en su cuenta de ahorros, y la tasa de interés es de 2% al año. Después de cinco años, ¿cuánto dinero cree que tendrá si no lo retira? No esperábamos que las personas sacaran sus calculadoras, pero sí esperábamos que las personas supieran si era menos de US$102, igual a US$102, o más que eso. Y sorprendentemente muchas personas no sabían la respuesta. La segunda pregunta fue sobre inflación: si tiene US$100 en su cuenta de ahorro, la inflación es de 2%, pero estás ganando un interés de 1%. Después de cinco años ¿vas a poder comprar con más de US$102, igual o menos? Mucha gente no sabía eso. La tercera pregunta de las “grandes tres” (the big three) fue acerca de la diversificación del riesgo. La pregunta era con verdadero o falso, por lo que había un 50% de posibilidades de responder correctamente, y decía así: invertir en solo una acción de una compañía es más seguro que invertir en un fondo mutuo de acciones. Y la respuesta obviamente es falsa.

¿Qué resultados encontraron?

-En EE.UU. vimos que solo cerca del 45% de la gente respondía las tres preguntas de forma correcta. Y no muchos obtenían dos respuestas correctas. Eso nos sorprendió, porque las personas mayores deben haber tomado muchas decisiones financieras, o no las tomaron, acerca de ahorrar, la jubilación, invertir, comprar una casa, tarjetas de crédito, etcétera. Entonces empezamos a usar las mismas preguntas en personas jóvenes y de mediana edad, no solo en EE.UU., sino alrededor del mundo, y muchas de nuestras preguntas fueron integradas en la prueba PISA, que es una prueba que ahora es hecha a estudiantes en varios países alrededor del mundo.

¿Cómo les fue a los otros países?

-Por ejemplo, en Alemania se obtuvo un puntaje mayor, especialmente en cuanto a inflación, porque tienen una historia de inflación, la han experimentado. Pero en EE.UU. las personas no lo hicieron muy bien, incluso peor en China, porque no han tenido la experiencia del mercado financiero por un periodo muy largo. El otro problema obviamente está en Latinoamérica, y en particular en Chile las personas no han obtenido un buen puntaje en estas preguntas financieras básicas, y la preocupación que nos deja es que no entienden la importancia de ahorrar para la jubilación, no entienden lo que pasa cuando se invierte, no entienden el rol de las comisiones y cómo eso puede reducir su retorno, y en particular no entienden cómo sus beneficios son calculados en su pensión.

¿Qué implica eso para el sistema de pensiones?

-Creo que la persistente falta de conocimiento financiero ha contribuido al escepticismo de muchos chilenos sobre el sistema de pensiones. Conduje la Encuesta de Protección Social hace algunos años, preguntando a las personas lo que ellos sabían acerca de su pensión, y primero que todo, muchas personas no sabían qué tipo de pensión tendrían, algunos pensaban que era un plan de beneficio definido, lo que no es correcto, porque es un plan de contribución definida. No entendían que el beneficio dependerá directamente de cuánto contribuyen a sus ahorros. Y creo que este problema persiste durante este periodo de retiros que se han permitido en Chile. Vi que se hizo una encuesta que decía que el 57% de los chilenos que han retirado fondos de pensiones piensa que no habrá consecuencias en sus pensiones futuras, lo que es imposible. Entonces, creo que este analfabetismo financiero es una gran explicación sobre por qué las personas no han ahorrado más, invertido más, y por qué han hecho tantos retiros.

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