Rodrigo Sandoval: "Chile no puede tener un modelo de migración selectiva"

El director nacional de Extranjería y Migración explica cómo esta entidad tiene que lidiar con una legislación anticuada. Además, Sandoval pone la voz de alerta acerca de cómo los chilenos culturalmente tratan a los migrantes.




Como abogado y académico, Rodrigo Sandoval, director nacional del Departamento de Extranjería y Migración, trata de explicar todo "con peras y manzanas", especialmente cuando se trata de la legislación migratoria. "La migración está en la naturaleza humana. El problema es que siempre se veía en nuestro país como una excentricidad (antiguamente los niños llegaban contando a la casa que habían visto a un extranjero). Hoy es una normalidad", apunta.

El timonel de Extranjería dice además que, a diferencia de otros períodos de la humanidad, hoy las personas pueden migrar varias veces en su vida. "No como antes, que era algo casi definitivo. Por eso, prefiero hablar de 'movilidad', en vez de 'migración'. La migración es una acción, en cambio, la movilidad es una actitud. En este contexto existe un país de origen, uno de destino y un proceso de movilidad", agrega Sandoval.

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¿Y Chile es ahora más un país de destino?

- Sí, pero no sólo es de destino o de origen, también es un país de tránsito, ya que las migraciones ahora no son tan definitivas. Existen algunas de corto y largo tiempo, incluso algunas circulares. La pregunta es entonces: ¿Un extranjero es menos perteneciente a la sociedad chilena? ¿Cómo se define esto? Porque si nos enfocamos en quien aporta más, hay extranjeros que aportan bastante e incluso participan en la vida cívica. En el fondo, el término de la migración se relativiza, especialmente ahora donde el origen ya no es Medio Oriente o Europa como antes, sino los países latinoamericanos. Y no sólo los vecinos inmediatos. El anillo se ha ido expandiendo a Colombia, Ecuador, Venezuela e incluso, en el último tiempo a Haití y República Dominicana.

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Pero sigue existiendo una ley (N°1.094) que se promulgó a mediados de los '70.

- El problema es que a pesar de que Chile es más visible, culturalmente tiene un desfase y con la ley de migraciones más antigua del continente. Históricamente, la migración en Chile fue para poblar, producir o "mejorar la raza" (como lo dice explícitamente una ley de los '50). Por eso la gente tiene una gran desconfianza con la actual inmigración, que es diferente, pero que es una muy buena migración. Sin embargo, hacemos poco para tenerla y estamos muy cerca de perderla.

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¿A qué se refiere con "buena migración"?

- Si le ofrecieras, por ejemplo, a los alemanes que su migración va a ser de baja tasa delictiva, con extranjeros que hablan su idioma, que tienen dos años más de escolaridad, que su población trabaja 25% más que los residentes y con edades de mucha productividad laboral, los alemanes te dicen de inmediato: ¿dónde firmo?. La actual migración en Chile tiene todas esas características. Es una migración "filete".

¿Y por qué existen críticas al respecto?

- Porque hablamos y opinamos de la migración a partir de lo que vemos en otros países y en las películas. Aún hay gente en Chile que cree que los migrantes vienen a apropiarse de la seguridad, cuando el modelo chileno está absolutamente supeditado a la capacidad productiva que tienen los sujetos. Por lo tanto, es un comentario absolutamente fuera de lugar. No estamos preparados culturalmente para entender lo que es la migración de verdad.

¿Dónde está la responsabilidad de esa visión?

- De todos. De las sociedad, los gobiernos, los modelos educativos, etc. Incluso, la academia no ha considerado esto en los postgrados. Por ejemplo, los médicos tienen que conocer la realidad de las culturas orientales o que ciertas enfermedades no deben considerarse como exóticas. Los arquitectos deben adaptarse a otras realidades en el tipo de vivienda, al igual que los profesores en los colegios.

Una tesis dice que hay que adaptarse a los inmigrantes, y otra, que ellos deben hacerlo. ¿Cuál es el camino entonces?

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- Es que Chile no tiene ningún camino aún, porque no se ha tomado una decisión. Por ejemplo, Francia adoptó por un modelo asimilacionista, donde el inmigrante se acostumbra a la cultura francesa. También está el modelo integracionista. Pero en Chile no hay ninguno.

¿El proyecto de Ley de Migraciones que está en el Congreso podría resolverlo?

- La ley no va a resolver el problema en la medida que no entendamos que la movilidad es un escenario donde hay tres personajes: la sociedad de origen, el migrante y la sociedad de destino. Por lo general, con la migración gana el individuo que migra y la sociedad de destino. Pero al estudiar su origen y las causas que motivó a dejar su país, podemos tomar mejores decisiones y tener políticas al respecto. Pero no podemos crear aún políticas migratorias si es que la sociedad chilena no se pone de acuerdo por una definición al respecto.

¿Cuál debería ser esa definición?

- Ahora estamos justo en medio del debate sobre qué migrantes vamos a permitir que entren al país, pero estamos perdidos en esa discusión. Mejor deberíamos discutir -sin dejar de lado lo anterior- cómo vamos a hacer para que vengan más migrantes.

¿Qué rol juega Extranjería en esa discusión?

- Nosotros nos hacemos cargo en lo administrativo y en lo político de una migración en la cual no tenemos ninguna facultad para incidir.

¿Qué se prevé que suceda con la migración en Chile en cinco años más?

- En estos momentos nos seguimos "farreando" la migración. Pero Chile necesita más migración. Lo dicen nuestras tasas demográficas. Incluso, si nuestro sistema productivo sigue dependiendo de los recursos naturales y mientras no seamos Suecia o Japón, seguiremos necesitando más mano de obra. La pregunta es de dónde vamos a sacarla. Por eso, en vez de seleccionar la migración, deberíamos promoverla (sin dejar, obviamente de guardar ciertos parámetros). Chile no puede tener un modelo de migración selectiva. Eso es un error.

¿Por qué?

- Primero, porque necesitamos mucha más migración de la que un patrón selectivo nos puede entregar y segundo, porque no tenemos una realidad geográfica-política, institucional y jurídica que nos permita controlar de forma absoluta a las personas que entran al país. Estamos poniendo muchas trabas

¿Qué podría pasar entonces si se siguen con esas trabas?

- Como sociedad, estamos haciendo todo para que en cinco años se produzca una profecía auto cumplida y de no hacer cambios, realmente bajará mucho el estándar de migrantes. Si no hacemos cambios ahora, muchos migrantes se van a cansar de tanta burocracia y problemas. Ese migrante, que puede escoger donde ir, va a buscar otras alternativas en Argentina o Perú, que vienen en alza e incluso en Brasil, que en algún momento va a mejorar. Los migrantes que lleguen a Chile van a venir como última alternativa. La caricatura se transformará en realidad.

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