Chile avanza por el camino correcto para una mayor protección de la biodiversidad



El agua, el aire que respiramos y los alimentos que consumimos, todo depende de la biodiversidad. Producir alimentos de forma respetuosa con el medioambiente, preservando su diversidad biológica, es vital para la salud de las personas y del planeta. Para la FAO, la biodiversidad -entendida como la variedad de especies vegetales y animales que conviven en espacios determinados- constituye una parte vital de la agricultura sostenible.

Las prácticas agrícolas no sostenibles y el cambio en el uso del suelo son unas de las principales causas de la pérdida de biodiversidad a nivel mundial. De la misma forma, la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero amenazan la producción de alimentos saludables y nutritivos.

Chile cuenta con una biodiversidad con un alto grado de endemismo y exclusividad. De las 30.000 especies vegetales y animales chilenas identificadas a la fecha, casi el 25% de las variedades descritas son endémicas, es decir, no se encuentran en ningún otro lugar del mundo. No obstante, los ecosistemas nacionales están amenazados y sometidos a diferentes presiones como resultado de la actividad humana y del cambio climático, especialmente el cambio en el uso del suelo mediante la actividad forestal y agrícola: de 127 ecosistemas nacionales, 63 están amenazados, a esto se suma que el 70% de las pesquerías nacionales se encuentran sobreexplotadas, agotadas o colapsadas.

En este contexto, la Conferencia Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, que se está realizando estos días, insta a los países a incorporar cambios en los sistemas agrícolas y alimentarios para alcanzar sistemas sostenibles de producción, integrando la biodiversidad y los ecosistemas. Esta acción puede ser una contribución fundamental para el logro de una agricultura sostenible y resiliente, que sirva como base de nuevas estrategias de desarrollo y crecimiento. Sin duda esto requiere de un compromiso político firme, acompañado de cambios considerables en todos los sectores de la economía, así como de transformaciones en las políticas, las inversiones y las alianzas. Los objetivos de la Agenda 2030 no pueden conseguirse mediante políticas aisladas o sectoriales tradicionales, sino acogiendo una visión integral que actúe en diversos frentes.

Con ese objetivo en el horizonte, Chile avanza hacia una mejor gestión de su biodiversidad, ya que se encuentra en proceso de actualización de su institucionalidad para poder hacer frente a los desafíos planteados por el cambio climático y la amenaza derivada de las actividades antrópicas. El proyecto de ley para la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) es una de las piezas clave para disminuir la fragmentación institucional y la falta de financiamiento para la conservación de la biodiversidad.

FAO, como socio estratégico del Estado de Chile en el ámbito de la biodiversidad, se encuentra actualmente desarrollando una serie de proyectos estrechamente vinculados con esta temática, donde se ha visibilizado la necesidad de avanzar hacia el establecimiento de una institucionalidad para la gestión de la biodiversidad. Algunos aprendizajes de estos proyectos son: la red de Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Nacional (SIPAN) que fomenta la conservación y uso sostenible de la agrobiodiversidad, la cual contribuye a promover un desarrollo rural y territorial sustentable, valorizar el patrimonio natural y cultural, y dinamizar las economías locales, temas que hoy no son abordados por una institución en particular.

Por otra parte, el proyecto Conservación de especies y ecosistemas en peligro crítico, enfocado en cuatro especies en peligro (zorro de Darwin, huemul, queule y picaflor de Arica) revela que una institucionalidad como el SBAP permitiría contar con profesionales de terreno que pongan en práctica las políticas de gestión de la biodiversidad, capacidad con la que hoy no cuenta el Ministerio del Medio Ambiente y además facilitaría el trabajo en actividades de conservación fuera de las áreas protegidas, atributo que carece actualmente Conaf.

Picaflor de Arica
Picaflor de Arica.

Finalmente, el Proyecto Fortalecimiento y desarrollo de instrumentos para el manejo, prevención y control del castor que, como especie exótica invasora ha afectado a gran parte de la Patagonia chilena, deja de manifiesto que son necesarias prácticas de control sostenible y marcos regulatorios a nivel local. Sin embargo, dichos marcos deben estar integrados a una institucionalidad y legislación, por lo que la creación del SBAP es un elemento clave para avanzar hacia una gestión efectiva de las especies exóticas invasoras.

Desde FAO, consideramos muy relevante avanzar en el proyecto de ley para la creación del nuevo Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, presentado el año 2014 y que actualmente sigue en discusión en el Congreso. La modernización del marco normativo, en general, y la creación del SBAP, en particular, permitirá, contar con un servicio público que agrupe todos los esfuerzos sectoriales para garantizar la protección de la biodiversidad a través de la creación de un sistema de áreas protegidas, tanto terrestres como marinas, incluyendo a los desafíos climáticos actuales y garantizando la sostenibilidad de las acciones en el tiempo.

* Representante de la FAO en Chile

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