Columna de opinión de Iván Rosas y Rodrigo Palma: “Una transición incompleta”


Sin duda las energías renovables son la clave para construir la necesaria transición energética y nuestro país tiene mucho que decir en este proceso. El gran potencial energético de Chile, especialmente para energía solar fotovoltaica, ha hecho florecer este tipo de proyectos, ubicados principalmente en el norte de nuestro país. A la fecha se han instalado más de 5.200 MW de potencia solar fotovoltaica, lo que equivale aproximadamente a 10,5 millones de módulos solares, cada uno con un peso entre 20 y 23 kg. Se espera que las instalaciones fotovoltaicas por lo menos se dupliquen en la próxima década.

Sin embargo, es importante tener en cuenta un elemento que normalmente se pierde de vista. Nuestra transición energética se ha construido sobre la base de un modelo industrial de producción lineal. Esto significa, y así puede constatarse fácilmente mirando a nuestro alrededor, que cualquier cosa que producimos en algún momento caduca y se convierte en un desecho y pasa a acumularse en alguno de nuestros vertederos. En particular, los módulos fotovoltaicos, tarde o temprano, también sufrirán el mismo destino. Es este punto el que nos lleva a pensar que una transición energética que no considere este aspecto, en realidad está incompleta, pues arrastra principalmente dos problemas.

El primer problema aparece en el horizonte mucho antes de lo que esperamos. Si bien los módulos fotovoltaicos pueden funcionar por al menos 30 años, nuestros estudios sugieren que en realidad los incentivos económicos producirán recambios anticipados en las plantas. Lo anterior debido principalmente al aumento de eficiencia y reducción de costo de los paneles fotovoltaicos. Con ello, se espera que alrededor del año 2035 comiencen a aparecer los primeros módulos descartados por recambio. La pregunta que inmediatamente surge es ¿Qué pasará con estos módulos? ¿Simplemente se irán a un vertedero? La proyección indica que para 2050 se habrán acumulado 500.000 toneladas de residuos fotovoltaicos, los cuales, por su ubicación, deberían almacenarse mayoritariamente en vertederos del norte de Chile.

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Un módulo fotovoltaico se compone de materiales como vidrio, aluminio, silicio y algunos metales como plata y plomo. Por el momento se desconocen los detalles de los potenciales efectos medioambientales que puede implicar disponer de estos desechos de manera inadecuada. Como referencia, debido a la presencia de plomo, muchos países clasifican los módulos descartados como residuos peligrosos, pues la infiltración de este metal pesado en el suelo puede provocar graves daños y contaminar seriamente las napas subterráneas de agua.

El segundo problema es quizás más lejano, pero igualmente relevante. Todos los materiales que componen un módulo o panel solar son finitos. Es previsible entonces que, llegado un punto, el precio de éstos aumentará y consecuentemente el precio de los futuros módulos también lo hará, con lo cual la transición energética puede sufrir un revés y verse comprometida. Asegurar un continuo suministro de materiales es de vital importancia para estabilizar los precios futuros y disminuir la incertidumbre.

Si la energía solar fotovoltaica es una de las grandes apuestas de Chile en materia energética, es necesario también hacerse cargo de estas problemáticas. La primera exige realizar un conjunto de políticas públicas que permitan guiar las posibles soluciones. Estas soluciones se enmarcan en la teoría de la economía circular, que va desde el reciclaje, hasta la reutilización. Por la forma constructiva del módulo, hoy es muy costoso reciclarlo y de hecho para que este proceso ocurra, muchos países han entregado distintos incentivos económicos a las empresas, especialmente multas.

Pero el reciclaje no es la única opción al menos en el corto plazo. La construcción de una proyección que considera incentivos económicos entregó luces de que posiblemente podemos explorar todo el abanico de opciones, principalmente la reutilización directa debido a que los módulos que serán descartados estarán aún operativos y pueden utilizarse en otras aplicaciones, por ejemplo, uso en comunidades o en sistemas agrícolas. Para comprender cabalmente lo que es más conveniente para Chile es necesario realizar más investigación que permita despejar incógnitas sobre comportamientos futuros.

De igual forma, con el desarrollo de esta investigación, es posible aportar desde Chile con información valiosa para dar solución al segundo problema. El diseño de un nuevo panel solar fácil de reciclar o la investigación que permita crear un método para recuperar de manera eficiente y económica los materiales pueden ser oportunidades importantes para nuestro país, posicionándolo como un referente de la economía circular.

*Centro de Energía, DIE, FCFM, Universidad de Chile.

**Centro de Energía, DIE, FCFM, Universidad de Chile.

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