Hermanas, fiestas y adicciones: relaciones tóxicas en pandemia (3ª parte)

… una de las cosas que aprendí es que se debe vivir a pesar de. A pesar de, se debe comer. A pesar de, se debe amar. A pesar de, se debe morir (Clarice Lispector).



Aumentan los contagios, crece la circulación de nuevas variantes y toda la Región Metropolitana pasa a cuarentena. ¿Tendremos elecciones en abril? Cecilia Pérez, nuestra ministra del Deporte, tranquiliza y pide paciencia a los deportistas de gimnasio, Universidad de Chile cae ante Corinthians en la Copa Libertadores femenina y Christiane Endler ya encabeza la nómina de la Roja que enfrentará próximamente a Camerún por el repechaje olímpico.

Fuera de nuestras fronteras, Brasil supera los 300.000 fallecidos por el Covid, la canciller Angela Merkel nos anuncia que enfrentamos a un nuevo virus y en Europa se preparan para la tercera ola de contagios. En el fútbol la estadounidense Megan Rapinoe se sumó al Presidente Joe Biden para denunciar la brecha salarial de género, en los tabloides Jennifer Garner reivindica su soltería y Melinda Gates anuncia que en algún momento del 2022 tendremos inmunidad colectiva total.

Apago las noticias de mi computador. Apago Twitter y me preparo para conectarme con Sofía, una cliente que tras separarse, está viviendo con sus hermanas.

Después de la última sesión me pegué una buena conversa con la Jose, mi hermana. Le conté todo lo que hablamos, menos de mi aborto, y aunque me escuchaba sin hacer comentarios, ponía ojos de animé todo el rato. ¿Cachai lo que es el animé no? Dale. Pues eso, le crecían los ojos frase por medio y al final me dijo que ojalá me pegara el alcachofazo de que tu solo me intentas ayudar. Como te podrás imaginar, la mandé a la chucha y la Jose no echó pie atrás. Me dijo que estaba cagada, que no sabía distinguir cuando un hombre me intentaba ayudar o simplemente era buena onda. Y ahí me sacó al papá y me dijo que no lograba entender lo mal que lo trataba. Furiosa, le dije a los gritos que ella no entendía nada y ahí la weona me dijo que mi problema era que yo me creía muy especial, que juraba que yo tenía los problemas más brígidos de todas y fue tanta la rabia que me dio, que le dije si acaso sabía lo que era el aborto… Puta… se produjo un silencio mortal… la Jose quedó congelada y ahí caché que la Caro, mi otra hermana, estaba en el living… ¿escuchó todo? Todo. Y también quedó momificada. ¿No vai a preguntar ninguna webada?

Parece que yo también quedé en blanco

Y eso que tú ya cachabai. La Jose solo atinó a traer un vodka y la Caro unos pitos. La Jose no fuma. La Caro no toma. Y yo fumé y tomé, webada que no hago nunca, porque viviendo con Thiago le agarré monos al copete y a las drogas. Bueno… y se me soltó la lengua. Y lloramos. Reímos. Puteamos. La wea parecía aquelarre. Estábamos demasiado arriba de la pelota. De cero a cien. Bailamos, gritamos, se me cayeron vasos, rompí webadas y por suerte terminé abrazada al wáter mientras la Jose me peinaba y la Caro ordenaba la casa. Y por loco que sea, ahí con la cara apoyada en la taza helada, sentí cariño, tanto amor. La Jose no se despegó un segundo de mi lado, y si lo hubiera hecho, la Caro hubiera tomado su lugar. Y me acostaron y la Caro durmió conmigo. Abrazadas. Fue la mejor caña de mi vida. Desperté y el departamento estaba impecable y pensé que en los diez años que estuve con Thiago, él jamás hizo nada así por mí. Para rematarla, la Jose hizo el medio desayuno y nos sentamos las tres a pasar la mona. Fue lindo, sentí paz y me puse a llorar…

¿Por qué o por quien lloraste?

Tuche. Buena pregunta. Supongo que partí llorando por mí. Tanto tiempo tan mal, tan perdida, tan lejos de casa, tan lejos de mis hermanas. Lloré por ellas. Las echaba de menos. También lloré por el weon de Thiago, no lo puedo negar. De ahí empecé a llorar de rabia. De rabia contra los hombres. Nosotras quedamos embarazadas y ellos, como en mi caso, ni saben. Y tampoco quieren saber. Nunca me buscó. Nunca preguntó. Desaparecí y seguramente fui un cacho menos. Una pendeja weona que lo mejor que hizo es no webear más. Lloré por mis papás… por el silencio… por la distancia. Y me dio más pena que la chucha… pero también me di cuenta que este tiempo y esta distancia eran necesarias. Con Thiago pude estar dañada, herida. Podía sobrevivir en las sombras, pues no habían preguntas, ni proyectos ni motivos para hablar. Fueron diez años prácticamente iguales, sin avances ni retrocesos, hasta que la cuarentena hizo evidente que me estaba muriendo en vida. Me revolcaba en mis penas, rabias y en la indiferencia de Thiago y recién ahora que lo compartí con mis hermanas morí del todo. Ya no soy solo la weona cuática que se puso densa al llegar a Santiago. Ya no soy, al menos para mis hermanas, la mina que se chaló con el feminismo. Ahora me entienden y puta que ayuda esa webada. Fue mucho más potente que contárselo a Thiago o a ti. Fue una catarsis total y creo que ahora estoy preparada para hablar con mis viejos.

¿Qué te gustaría que pasara en esa conversación?

Te encanta la webada optimista e irte al tiro a las soluciones. Como buen hombre, quieres que pasemos rápido la página, darle el alta a esta loquita. Pero para tu fortuna, soy matea y caché que de eso se trata el coaching, de entender qué te pasa y qué quieres. Y como buen hombrecito lo lograste, me sacaste de mi estancamiento y ahora probablemente estás satisfecho de ti mismo porque las cosas están cambiando. Y así es, pese a las pesadeces que te digo, estoy agradecida. Sorry, no puedo decir webadas simpáticas sin lanzarte una pesadez. Creo que esa misma webada me pasa con mi viejo. Fue un buen papá, no fue un cabrón, pero igual termino lanzándole toda mi bronca cuando hablamos. Supongo, como una vez me dijo mi psicóloga, que lo hago porque es seguro hacerlo. Me deja y no hay consecuencias. Lo sé, esa webada habla muy bien de mi viejo y muy mal de mí, pero me importa una hectárea de callampas lo que pensi. La webada es así y la buena noticia -para ti- es que voy a retomar terapia con mi psicóloga. Ya sé que echarás de menos las transferencias que te hace la Jose, pero seguro las llenaras con otra persona.

¿Y qué piensan de todo esto tus hermanas?

Están felices con que retome mi terapia y confían que de a poco iré sanando y que en un tiempo más ya podré hablar de este tema con mis viejos y dar por superada esta etapa.

¿Cuál tema?

Te gusta el webeo. Me estai cayendo bien ahora que esta webada se acaba. Supongo que tienes razón, espero poder hablar algún día con mi viejo del aborto, del porqué lo hice, porqué me fui, porqué no dije nada. Además, aunque sé que a Thiago le chupa un huevo lo que piense mi familia de él, me gustaría que entendieran que él no fue responsable de nada. Ni de lo bueno, ni de lo malo. Él no me cambió ni me alejó de ellos. Fue un pacto de mediocridad. Yo no te pido nada, tú no me pides nada. Sin exigencias, sin preguntas, sin planes. Y para él, como es hombre, está bien así, pero para una es distinta la webada. El reloj corre, las oportunidades disminuyen y supongo que la Jose tiene razón. Recién tengo treinta, puedo rehacer mi vida. Asumo, por tu cara, que estoy diciendo las mismas webadas que dicen todos tus clientes cuando tu pega se acaba, solo que con más chuchadas. Reconoce que estai feliz de que voy a seguir mi terapia con otra.

Me alegra que estés retomando tu terapia

Puta que eri diplomático. Pero está bien. Si te sirve de consuelo, ya no me cai mal. No te odio, pero tampoco te amo. Cacha la webada rara. Vuelvo a amar a mis hermanas y de una manera indirecta, a mi mamá. Y la webada más freak de todas es que esto me obliga a querer a mi papá, a ese viejo weón que va a misa por zoom. Y aunque odie reconocerlo, es tierno. Porque yo sé que no cree en ninguna webada, pero acompaña a mi mamá. Mi mamá sí es pechoña y seguramente en sus rezos le pide ayuda al señor para entender porque ninguna de sus hijas está casada ni tiene hijos. Y no hay caso, la vieja es así de fábrica. Ni Darwin ni el Big Bang le hacen mella. Y mi viejo, que es como yo, se la banca.

¿Cómo es tu papá?

Es más científico, aunque igual de antropocéntrico que todos los machitos que gobiernan este mundo. Ellos al centro de todo. No hay caso que lo saques de ahí, pero supongo que estar casado y tener tres hijas lo obligó a moderar la testosterona y los comentarios machistas, aunque no dudo que si lo dejai en el bosque con otros unga unga, le sale más pelo en pecho. Pero bueno, creo que por mis hermanas y por mi mamá, puedo rescatar a mi papá. Tal vez, con los años, pueda ser mi excepción a la regla y lo transforme en el único hombre que me banco. No sé, ojalá. Y antes de que me cortes, porque ya estoy viendo la hora, quiero agradecerte por no tomarte las webadas a lo personal, supongo que eso te hace un profesional. Igual tus caras te traicionan y al igual que mis hermanas tus ojos de Pokemon te delatan. Y agradezco que hagas preguntas weonas y no te lances comentarios o teorías de machito evolucionado, pues ahí sí te habría mandado a la punta del cerro. En definitiva, gracias por darme el empujoncito final para salir del pantano.

Tras terminar la sesión, bajé la pantalla. Pese al cansancio, sonreí y al intentar levantarme del escritorio me di cuenta que estaba algo mareado. ¿Efecto zoom? Me sentía como si me hubiese bajado de una montaña rusa o hubiese salido al frío después de un acalorado debate a puertas cerradas… el debate de una mujer con sus voces… o como diría Camille Paglia… con sus fantasmas.

“El carácter fantasmagórico del sexo está implícito en la brillante teoría freudiana de la novela familiar. Todos tenemos una incestuosa constelación de personajes, las «personas del sexo», que llevamos en nosotros desde la infancia a la tumba y que determinan a quién y cómo queremos u odiamos. Todo encuentro con amigo o enemigo, todo choque con la autoridad o sumisión a la misma contienen las perversas huellas de la novela familiar. El amor es un teatro abarrotado, pues como señala Harold Bloom, «nunca abrazamos (en un sentido sexual o no) a una sola persona, sino que abrazamos a todo el conjunto de su novela familiar».

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