¿Quiénes están en riesgo por patologías y medicamentos ante una ola de calor?

FOTO: LEONARDO RUBILAR/AGENCIAUNO

Las altas temperaturas pueden afectar especialmente a personas que presentan patologías cardiovasculares, que tienen algún grado de insuficiencia cardíaca, problemas respiratorios, aquellas con insuficiencia renal y las que sufren de presión alta.


El verano 2019 ha presentado continuas olas de calor, que en Santiago y en otras regiones han dejado récord de altas temperaturas. Los riesgos para la salud también aumentan, y no solo en niños, mujeres embarazadas y ancianos.

Las altas temperaturas pueden afectar especialmente a personas que presentan patologías cardiovasculares, que tienen algún grado de insuficiencia cardíaca, problemas respiratorios, aquellas con insuficiencia renal y las que sufren de presión alta, advierte Marcela Ibáñez, urgencióloga de Clínica Las Condes.

El organismo tiene un sistema de termorregulación que mantiene una temperatura entre 36 a 37 grados, rango que se considera normal. Pero cuando se producen aumentos de la temperatura corporal, que no se explican por fiebre, sino por el calor del ambiente, dice Ibáñez, se pueden experimentar síntomas como dolor de cabeza, sudoración excesiva y calambres.

Golpe de calor

Cuando la temperatura supera los 39,4 grados las personas se exponen a sufrir un golpe o shock de calor. En ese caso las consecuencias son confusión y, a veces, pérdida del conocimiento. “Es mucho más riesgoso, se puede tener compromiso de conciencia, convulsiones e incluso entrar en coma”, advierte la experta.

En el caso de quienes sufren patologías cardiovasculares, el organismo al perder más líquido del habitual producto del calor y la sudoración, disminuye el volumen circulante del líquido en el torrente circulatorio, lo que sumado a la vasodilatación que produce el mismo calor, se manifiesta, dice Ibáñez, “una conducción más lenta, una hemoconcentración, la sangre se concentra más, y eso produce falta de irrigación a ciertas zonas, generando estrés, y puede producir también predisposición a coágulos”.

Personas que sufren hipertensión en general se exponen a los mismos riesgos, también están hemoconcentrados, “y si están sumamente deshidratadas pueden experimentar lo contrario, baja de presión”, indica la experta. Por eso, dice es importante mantener una hidratación constante para mantener un volumen circulante efectivo.

En el caso de las personas con varices pueden desarrollar coágulos. Y quienes están haciendo ejercicio o trabajando en el calor, también están en riesgo, si es que no toman precauciones de vestimenta ligera con telas naturales y la hidratación adecuada. Además, las personas obesas tienen un riesgo mayor.

También es riesgoso el calor para quienes que toman ciertos medicamentos. Un estudio del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en EE.UU. de la ola de calor de Chicago de 1995, determinó que quienes más acudieron a urgencias fueron los que tomaban medicamentos diuréticos para la presión arterial alta, y quienes tomaban bloqueadores beta, que se utilizan para tratar los problemas cardíacos y la presión arterial alta.

Los modos que tiene el cuerpo de combatir el calor son la transpiración y la respiración. Pero cuando una persona está expuesta al calor durante mucho tiempo, lo primero que se apaga es la capacidad de sudar. Cuando el aire seca la transpiración hay un efecto de enfriamiento en el cuerpo, pero si la deja de transpirar, en muy poco tiempo puede pasar del agotamiento por calor al golpe de calor. Eso comienza a afectar el cerebro, dice la experta, y ahí es cuando las personas comienzan a confundirse y pueden perder el conocimiento.

Lo más complejo son las altas temperaturas en la noche. Actualmente superan los 27 grados, y la recomendación es que las habitaciones estén entre los 15 a 22 grados para dormir. Si la temperatura permanece elevada durante la noche, el cuerpo se siente abrumado porque no obtiene el respiro que necesita para descansar y no es fácil dormir. “Al día siguiente la sensación de agotamiento es un síntoma de esa falta de sueño, junto con la sensación de mareo”, dice Ibáñez.

La clave está en tomar la cantidad suficiente agua ¿Cómo reconocer el estado de deshidratación? Lo primero son los síntomas de agotamiento, indica la experta. Después de eso se pueden comenzar a tener síntomas de confusión, enlentecimiento de las respuestas y después incluso hasta perder conciencia. “La principal medida para prevenir los efectos secundarios del calor es la hidratación. Y en el caso de bebés, que no tienen como indicar su sed, o personas mayores, que al envejecer la sensación de sed disminuye, la recomendación es beber líquidos cada una hora“.

 



Seguir leyendo