María Teresa Ruiz, primera astrónoma del país: “Debíamos demostrar que estábamos por vocación y no buscando marido”

Foto: La Tercera/Archivo

En su carrera suma varios títulos de “primera mujer en”: fue la primera en ganar el Premio Nacional de Ciencias Exactas (1997), es la primera presidenta de la Academia de Ciencias, la primera en estudiar Astronomía en Chile, y la primera en doctorarse en Astrofísica en la Universidad de Princeton.


“¡Ohhh!, tremenda responsabilidad…”, dice la astrónoma María Teresa Ruiz, presidenta de la Academia Chilena de Ciencias, cuando se entera de que su nombre figura entre las 10 mujeres más poderosas e influyentes del país.

En su carrera suma varios títulos de “primera mujer en”: fue la primera en ganar el Premio Nacional de Ciencias Exactas (1997), es la primera presidenta de la Academia de Ciencias, la primera en estudiar Astronomía en Chile, y la primera en doctorarse en Astrofísica en la Universidad de Princeton.

Haciendo un repaso académico y laboral, su primer recuerdo adverso dentro de un mundo de hombres es más bien de orden práctico: el baño. “En toda la Escuela de Ingeniería (Beaucheff) había uno solo de mujeres y era un asco. Tenía una ventana que daba al casino y quien se asomara podía ver adentro. Sobreviví esos años haciéndome amiga de las secretarias y funcionarias de la escuela, ellas me prestaban su baño”, cuenta.

¿Los profesores hacían diferencias por ser mujer?

Había uno al que le tenía pánico. Yo me sentaba de las primeras para ver el pizarrón. Él siempre decía ‘necesito una voluntaria’ y tenía que salir adelante…, sufría. No sé si era acoso, pero era incómodo. Lo que sí ocurría era que las pocas mujeres que éramos teníamos que demostrar, a compañeros y profesores, que estábamos ahí por vocación y no buscando marido. Hoy, casi el 30% de los alumnos son mujeres, cambiando la fisonomía de la facultad y demostrando que las mujeres sí pueden ser ingenieras, matemáticas o físicas.

Su abuela le decía que ser mujer no debía ser obstáculo para hacer lo que quisiera. Sesenta años después, ¿sigue validando la frase?

Las mujeres hoy pueden hacer trabajos de fuerza antes impensados, las barreras hoy están en otras áreas, en los directorios, por ejemplo. Se han incorporado más mujeres en directivas, pero no por iniciativa espontánea, sino por presiones a las empresas.

Respecto del movimiento feminista, dice que es muy útil, porque impacta en personas que pueden ser buenas, pero que no se dan cuenta del dolor que puede causar una situación de acoso o discriminación hacia las mujeres, algo que no veían antes. “El riesgo está en pasarnos al lado oscuro y acusar cualquier situación como acoso. No nos podemos poner extremistas y hacer que los hombres tengan pánico de tener alumnas, por ejemplo. No digo que las denuncias no sean verdad, la mayoría lo son. Hay que cuidar esta ola de conciencia sin perder lo avanzado”.

¿Ha sentido discriminación en su carrera?, ¿gana lo mismo que sus pares?

En general, y estoy hablando desde mi pequeño mundo, que es la Universidad de Chile, no he sentido diferencias. Acá hay grados para los sueldos y cada uno tiene su grado, sin importar si es hombre o mujer. Alguna vez, hace más de 20 años, me llamaron de la facultad porque me tenían que bajar el sueldo. Me dijeron que por un algoritmo, un nuevo cálculo, me rebajaban el sueldo como en 60 mil pesos. Me dio más pena que rabia, no era algo que afectara mi situación económica, pero me pareció inadecuado. A colegas como José Maza no les tocó ese algoritmo, y éramos de la misma generación y teníamos el mismo trabajo. Mi venganza ha sido contarlo.

Recuerda que cuando volvió a Chile junto a su marido tuvo a su hijo. “Estuve medio año fuera, cuidándolo. Para el cálculo del sueldo se me consideró ese tiempo de pre y posnatal, tiempo en que no publiqué nada. Mi sueldo bajó 40%. Tuvimos que pedir un préstamo. Fui a alegar eso con el director del departamento, que era mi amigo. Dijo que no dependía de él, que así era y añadió: ‘¿No irás a tener otro chiquillo, verdad?’. No tuve otro, quiero pensar que no fue por eso”.

También menciona una situación más reciente de discriminación. “Me tocó estar en un comité donde una mujer joven era la mejor candidata para un cargo. Los hombres estaban de acuerdo, pero consideraban que luego tendría hijos y ‘los dejaría botados’. Les dije: ‘Los quiero mucho, pero es inaceptable. Voy a salir, me haré una lobotomía y entraré de nuevo para reiniciar la conversación. Cuando volví, me pidieron disculpas. Por eso es bueno tener mujeres a la hora de decidir”.

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