“Ray Bradbury veía en Marte el primer paso para salir hacia las estrellas”

El escritor Ray Bradbury en Los Angeles, alrededor de 1980.

Jonathan R. Eller, biógrafo del autor de Crónicas Marcianas, habla del legado del escritor nacido hace 100 años en Illinois. Autor autodidacta, creció en la época dorada de la ciencia ficción, se deslumbró con los viajes espaciales y fue un defensor de los libros y las bibliotecas, como lo atestiguó en su clásico Fahrenheit 451.



A los 11 años decidió su destino: sería mago y recorrería el mundo con sus hechizos. A los 12 un circo visitó la ciudad y tuvo un encuentro con el señor Eléctrico, un personaje que lo tocó la nariz con su espada electrificada y le dijo: “Vivirás para siempre”. Aquella Navidad, Ray Bradbury recibió una máquina de escribir y comenzó a redactar historias inspiradas en Marte. Cuando ya era uno de los autores más populares de Estados Unidos y había publicado numerosos libros, seguía sintiéndose fiel a su primera vocación: “Me guste o no, al fin y al cabo soy una especie de mago”, escribió.

Nacido en Waukegan, Illinois, el 22 de agosto de 1920, el escritor que imaginó la conquista de Marte y que defendió el valor de los libros en su novela Fahrenheit 451, cumpliría 100 años. Fan de las historietas de Buck Rogers y las novelas de Edgar Rice Burroughs sobre John Carter, Bradbury creció en la época dorada de la ciencia ficción y entregó obras conmovedoras en el género, pero su legado supera ampliamente esos límites.

“¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que los episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad?”, se preguntó Jorge Luis Borges en el prólogo a la edición en español de Crónicas Marcianas (1954).

“Ray Bradbury se sintió profundamente honrado de que Jorge Luis Borges escribiera el prólogo de Crónicas Marcianas”, dice hoy Jonathan R. Eller, biógrafo del escritor. En 2008, la sonda de la Nasa Phoenix Mars Lander depositó una copia del prólogo y la edición digital de Crónicas en la superficie del planeta rojo.

Director del Centro de Estudios Ray Bradbury de la Universidad de Illinois, Eller es autor de una biografía en tres volúmenes que abarcan la aristas creativas del narrador de El hombre ilustrado y El vino del estío, un escritor autodidacta que no fue a la universidad, se refugió en las bibliotecas y comenzó publicando en revistas populares. En su biografía, Eller explora en su relación con la Nasa y los viajes espaciales; su amistad con Walt Disney y su colaboración en el diseño de EPCOT Center; así como en su escritura para teatro, TV y cine, entre ellas el guión de Moby Dick para John Huston y la adaptación de Fahrenheit 451 por François Truffaut (1966).

A 100 años de su nacimiento y a ocho de su muerte, “Ray Bradbury sigue siendo uno de los escritores de cuentos más conocidos de nuestro tiempo”, dice Eller, y sus libros pasan de generación en generación. “Estos libros y relatos dieron forma a su legado como visionario de la era espacial, conservador de bibliotecas, defensor del precioso don de la alfabetización y defensor de la libertad de la imaginación”, agrega.

“A Bradbury no le importaban las etiquetas de género; sintió que Crónicas Marcianas era una obra de fantasía, con quizás algunos capítulos de realismo mágico ambientados en un escenario de ciencia ficción”, dice el biógrafo. “Pero no importa cómo etiquetemos este libro, sigue siendo un estudio relevante de los desafíos que enfrentaremos al establecer un nuevo mundo sin traerle destrucción. Bradbury sintió que los colonos irían a Marte en busca de tesoros cristalinos, pero en cambio encontrarían algo sobre ellos mismos. Para Bradbury, Marte es un espejo, no un cristal”.

Fahrenheit 451, adaptación de Francois Truffaut del clásico de Bradbury, con Oskar Werner y Julie Christie.

¿Bradbury estaba consciente de su lugar en la cultura? ¿Cómo se relacionaba con el éxito y los fans?

Ray Bradbury creía que no se puede buscar la fama; ese tipo de ambición literaria nunca funcionará, y el esfuerzo por hacerse famoso, por escribir la novela más importante, sería infructuoso y, en última instancia, autodestructivo. Creía que simplemente debes escribir sobre las cosas que amas, las cosas que te apasionan. El nunca tuvo la intención de escribir una novela que perdurara como Fahrenheit 451; simplemente amaba la idea de ese libro, y lo escribió porque no quería ver un futuro en el que los libros y la historia serían destruidos o resumidos. Le encantaba el hecho de que muchos de sus lectores amaban las mismas cosas que él, y siempre trataba de honrar y hablarle a sus lectores. Un testimonio de este vínculo estrecho con sus fanáticos es el hecho de que su autógrafo por sí solo no sea particularmente valioso para los coleccionistas, porque firmó muchos autógrafos en su vida para los lectores. Sabía que lo amaban y sabía que las numerosas adaptaciones de su trabajo al cine, la radio y la televisión llegaron a un público aún más amplio.

¿Bradbury creía en el poder transformador de los libros? ¿Cómo lo transformaron a él?

Para Ray Bradbury, leer libros era tan esencial para su vida como respirar. No fue un estudiante distinguido en la escuela y nunca pudo asistir a la universidad, pero usó las bibliotecas que encontró en todos los lugares donde vivió para educarse. Apoyó las bibliotecas siempre que pudo, porque creía que las bibliotecas debían ser gratuitas y abiertas a todos los lectores. Sin libros no tenemos pasado ni futuro, dijo una vez. Los libros lo animaron a convertirse en escritor, y cuando era un escritor joven, soñaba con que sus libros estuvieran en los mismos estantes que los de los grandes escritores. Este sueño se hizo realidad para él, en América y en muchos países del mundo.

¿Cómo era la relación de Bradbury con los científicos?

Bradbury ha sido admirado por varias generaciones de científicos e ingenieros asociados con la exploración espacial. El no fue educado en ciencias y su ficción se centró en el aspecto humano en el uso de la tecnología. Como su amigo Jacob Bronowski, creía que la ciencia no puede separarse de los valores humanos. En algún momento de sus vidas, muchos astrónomos, astrofísicos, geólogos planetarios, astronautas e ingenieros aeroespaciales se sintieron motivados por su tipo especial de ciencia ficción, y siempre apreciaron cómo sus sueños sobre el espacio se convirtieron también en nuestros sueños del espacio. Ray Bradbury fue honrado por estos hombres y mujeres científicos, y a menudo se le pidió que hablara en eventos de la Nasa en todo el país.

¿Bradbury estaría emocionado hoy con la perspectiva de viajes tripulados a Marte?

Mientras crecía en las décadas de 1920 y 1930, Ray Bradbury se sintió atraído por los libros del astrónomo Percival Lowell sobre los canales y los posibles habitantes del planeta Marte. Estaba igualmente cautivado por las novelas marcianas de Edgar Rice Burroughs, quien imaginó toda una civilización marciana tecno-guerrera en torno a las aventuras de su protagonista John Carter, un veterano de guerra de la Tierra. Como adultos a mediados de siglo, las inmensamente populares Crónicas marcianas de Bradbury nos advirtieron contra la explotación de Marte y su entorno, y nos instaron a evitar los mismos errores que hemos cometido al no proteger nuestro propio planeta para las generaciones futuras. Realmente él creía que nuestros futuros exploradores y colonos se convertirían en marcianos, como el primer paso para salir a las estrellas. Ray Bradbury fue invitado a presenciar muchas misiones importantes a Marte en los centros de control de misiones de la Nasa, y se le recuerda cada vez que una nueva misión no tripulada llega al planeta rojo. Sin duda, estaría profundamente emocionado por la perspectiva de misiones con tripulaciones humanas que fueran a Marte; fue el sueño más precioso de su vida.

“Después de todo, la Tierra es solo nuestro lugar de nacimiento; no tiene que ser nuestro hogar para siempre”, dijo Bradbury. ¿Creía que la humanidad debería continuar en otras partes del universo?

Bradbury sintió que la humanidad tiene una voluntad de vivir que se origina en las primeras formas de vida en la Tierra. Estaba convencido de que le debíamos al Creador llevar la creación al universo y asentar mundos en tal abundancia que la muerte de una sola estrella nunca podría extinguir a la humanidad. En la década de 1960 señaló, en una entrevista con la periodista Oriana Fallaci, que si el sol muere mientras todavía estamos aislados en esta Tierra, entonces todo lo que escribimos o logramos moriría con nosotros. El no quería que eso sucediera. Quería que la humanidad, como raza, fuera verdaderamente inmortal.

Bradbury se definió a sí mismo como "un hombre con un niño adentro". ¿Hasta qué punto era cierta esta frase?

Ray Bradbury siempre miró al mundo con asombro infantil, presenciando y celebrando nuestros logros mientras criticaba nuestros fracasos con la pasión directa que vemos en los niños. En el instituto y durante unos años después, imitó a los grandes escritores de cuentos. Poco a poco, encontró su voz única como escritor al darse cuenta de que tenía que escribir sobre las cosas que sabía y no sobre las cosas que otras personas sabían. Escribió sobre las cosas fundamentales que son importantes para los niños: sus esperanzas y temores, sus pasiones y odios, sus sueños y pesadillas, y cómo estas cosas se trasladan a nuestra vida adulta. Nunca olvidó su amor por los juguetes de los niños y describió la importancia de los juguetes para el estilo rico en metáforas de su escritura. En Yestermorrow, observó que los juguetes, “como la poesía, eran esencias de cosas, símbolos compactos de vidas posibles o imposibles”. Durante la mayor parte de su carrera de siete décadas, personas de todo Estados Unidos y el mundo le enviaron juguetes, y él guardó la mayoría de ellos en su casa durante el resto de su larga vida.

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