Cómo La Misteriosa Mirada del Flamenco se erigió como una de las cintas chilenas más aclamadas del último tiempo
La película de Diego Céspedes –en salas del país desde este jueves 12– ha acaparado premios y elogios desde su estreno en el Festival de Cannes 2025. Con una niña de 11 años como protagonista, la película narra una historia de afectos y sobrevivencia en el norte durante los 80. En su primer largometraje, el director se mueve por un amplio abanico de registros y demuestra una total devoción por sus personajes.
Este jueves 12, tras completar un exitoso recorrido internacional de diez meses, La misteriosa mirada del flamenco finalmente llega a cines chilenos. Lo hace avalada por elogiosos comentarios y por su triunfo en la sección Un Certain Regard de la 78° edición del Festival de Cannes, además de una nominación a Mejor película iberoamericana en los Premios Goya 2026.
El director y guionista Diego Céspedes imagina la historia de Lidia (Tamara Cortès), una niña que fue abandonada cuando era pequeña y criada por un grupo de travestis. Esa familia queer habita una cantina en un pueblo nortino en 1982, un momento en que son culpados por la propagación de una enfermedad que –según la superstición local– se transmite a través de una sola mirada cuando un hombre se enamora de otro.
Aquí, punto por punto, revisamos los factores que le permitieron convertirse en una de las cintas chilenas más aclamadas del último tiempo.
*Ternura y conocimiento
Diego Céspedes está con sus personajes. Inspirado en las historias que relataban los trabajadores de la peluquería de sus padres en Peñalolén, el director imagina una familia donde abundan los afectos y las confianzas. Esos lazos se han fortalecido con el paso de los años y a medida que se han sobrepuesto a toda clase de actos violentos –sugeridos, pero no subrayados–. Una amenaza que se dispara cuando son culpados (y atacados) por los mineros de la zona.
Esa empatía con la que observa a sus personajes se acentúa porque la historia se narra a través de la óptica de una niña, una chica que debe madurar a la fuerza tras sufrir una tragedia. Sin temor a apelar a las emociones, pero sin caer en las simplificaciones o sentimentalismos, el realizador teje una historia dolorosa con tacto y matices.
*Del western a la fantasía
¿Cómo una niña de 11 años planea y ejecuta su venganza en el desierto en los años 80? Céspedes resuelve esa respuesta apoyándose en el western, ese género que puede gozar de mejores o peores épocas, pero que se niega a morir. En este caso, tras superar un momento decisivo, el director traslada la historia fuera de los confines de la cantina y agrega pistolas y una permanente sensación de peligro enfatizada por la música compuesta por la uruguaya Florencia Di Concilio.
Y en otros momentos, con la misma determinación, juega con la fantasía, una recurso sustentado en que la historia se cuenta desde la perspectiva de esa joven muchacha. Por si faltaran más colores, la cinta tiene humor y picardía. Las dinámicas al interior de la familia protagónica están plagadas de detalles que sacan genuinas risas.
*Una mirada original al VIH/Sida
Convencido de que ya se han hecho demasiadas películas sobre las víctimas del VIH/Sida (y que el acercamiento muchas veces ha estado teñido por la miseria), Diego Céspedes se desmarca del drama convencional y monta un filme que se mueve por un amplio abanico de registros y que tiene la capacidad de emocionar y provocar risas.
Sin duda que el largometraje se hace cargo de abordar la propagación de esa enfermedad durante los años 80, pero esa es más bien la excusa para hablar sobre familias unidas por vínculos no sanguíneos y su respuesta ante el ascenso de actos de odio.
*Un elenco nuevo
Fuera de Luis Dubó, Claudia Cabezas y Roxana Naranjo, el elenco de La misteriosa mirada del flamenco se compone principalmente de rostros nuevos. La más experimentada es la actriz Paula Dinamarca (Mamá Boba en la ficción), quien debutó en Naomi Campbel (2013) –una docuficción donde interpretó una versión de sí misma– y durante los últimos años ha aparecido con frecuencia en producciones locales (el año pasado se le pudo ver en Kaye y Sariri).
El personaje de Flamenco, la figura materna de Lidia, es encarnado por el actor Matías Catalán, quien suma roles secundarios en Oro amargo (2025) y en la serie La cacería: En el fin del mundo. También destacan nombres como Pedro Muñoz, Bruna Ramírez, Serena González, Alexa Quijano y Vicente Caballero.
Es decir, un reparto compuesto por una galería de actores (de profesión y naturales) que convencen y exigen más roles en la pantalla grande.
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