Culto

Crítica de discos y singles: U2 renace, Charli XCX se encumbra y Jorge Drexler toca madera

El cuarteto irlandés hace tiempo que no arrojaba noticias discográficas, pero hoy lo hace con un tono político y urgente, quizás como en sus mejores días. Charli XCX musicaliza la vapuleada Cumbres Borrascosas -y se luce más que la película- y Jorge Drexler avisa que vamos muy rápido.

Crítica de discos y singles: U2 renace, Charli XCX se encumbra y Jorge Drexler toca madera

*Days of Ash EP - U2

A tono con su interés en los símbolos, U2 lanzó en Miércoles de ceniza, el día que da inicio a la celebración de la cuaresma, su nueva colección de canciones. Se trata del EP Days of ash (Días de ceniza), que coincide con los 50 años de la formación del grupo. Contiene seis canciones trabajadas bajo la producción musical de Jacknife Lee, a tono con su lírica cargada por las tensiones de la contingencia; desde los abusos del ICE en Mineápolis, a la situación de Cisjordania y la guerra de Ucrania.

“Son canciones de rebeldía y consternación, de lamento”, comentó Bono en Propaganda, la revista de los seguidores del grupo. La primera canción, American obituary, abre con una cruda guitarra saturada de The Edge, con un filo rockero que U2 parecía haber extraviado. Sirve para introducir una letra en que Bono se explaya sobre el crimen de Renée Good, asesinada en enero mientras protestaba contra los agentes de ICE. “Nació para morir libre/Madre americana de tres/El séptimo día de enero/Una bala por cada hijo”, canta con un fraseo que a ratos coquetea con el rap.

Pasa directo a la balada acústica The tear of things, en que apunta sobre los extremos. Luego, Songs of future suena más parecido al U2 del siglo XXI y la etérea One life at a time, que por momentos recuerda sus días junto a Brian Eno, es dedicada al maestro palestino Awdah Hathaleen asesinado en Cisjordania. En suma una interesante colección de canciones, superior a sus anteriores lanzamientos, aunque la vara no estaba demasiado alta (Felipe Retamal).

*Cumbres Borrascosas - Charli XCX

“Mi nombre está en los créditos, pero ¿es un álbum de Charli XCX? Ni siquiera lo sé. Ni me interesa averiguarlo”, se pregunta la cantante británica en un post en Substack, sobre su banda sonora para la película Cumbres Borrascosas.

Mientras el filme protagonizado por Margot Robbie y Jacob Elordi apenas logra sortear las críticas, la música contiene el arrojo del que carece la obra madre. Compuesta por Charli junto a su colaborador Finn Keane durante la gira promocional de Brat (2024) el álbum con el que captó la energía del momento, también marca un quiebre.

El éxito de Brat podía disparar la tentación de sucumbir a los cantos de sirena que sugieren repetición, pero la inglesa se aferró a la vieja máxima del fundador de Velvet Underground, John Cale: una banda sonora debe ser “elegante y brutal”. Así lo hizo con el primer adelanto, House, una pieza que no suena a Charli XCX, sostenida sobre stacattos de cuerdas, mientras suena un poema recitado por Cale.

Desde ahí avanza a piezas más cercanas a lo que le conocemos; Dying for you con su pegadizo estribillo, beat de discoteca y cuerdas atonales. La ochentera Chains of love, mezcla percusiones industriales, fragmentos de cuerdas alteradas y voz procesada. Lejos de parece un apéndice en su discografía, Cumbres Borrascosas puede marcar un camino. Es, en toda regla, un álbum de Charli XCX (Felipe Retamal).

*Toco madera - Jorge Drexler

Hay algo en la velocidad que anula la perspectiva. Vamos rápido, sí, pero la pregunta que flota en el aire, densa como la humedad de Montevideo, es hacia dónde. Jorge Drexler, ese otorrinolaringólogo que un día decidió que era más urgente curar el alma que el cuerpo, acaba de soltar una pista en forma de canción.

Se llama Toco madera y es, ante todo, un diagnóstico clínico sobre nuestra neurosis colectiva. A sus 61 años, Drexler observa el mapa y se da cuenta que el GPS nos ha traicionado. “No vemos a dónde vamos, pero vamos acelerando”, canta con esa calma de quien ha visto la radiografía y sabe que el hueso roto va a soldar.

Es un adelanto de Taracá, su próximo disco, y en estos tres minutos el uruguayo logra detener el tiempo. La canción, de doble fondo, es uno de esos artefactos que Drexler talla con paciencia de artesano. Por un lado, está el gesto atávico y supersticioso de tocar madera. Ese acto reflejo, casi chamánico, de buscar una superficie noble para anular la mufa, para preservar la buena racha tras decir algo positivo en voz alta.

Y hay otra capa más musical. En el diccionario del candombe, “hacer madera” es percusión pura y dura. Es el palo golpeando el cuerpo del tambor, marcando la clave, el esqueleto rítmico sobre el que se construye la danza. Drexler, que conoce el peso de las palabras, une ambos mundos: “Todo el mundo piensa que hay algo mejor ahí fuera”, susurra, y uno no puede evitar sentirse interpelado. Ante la urgencia de la vida moderna, el músico propone un freno de mano analógico. Tocar madera (Alejandro Jofré).

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