Deudas, drogas y rock & roll: Exile on Main St. o cuando los Rolling Stones se inspiraron en el caos
Perseguidos por las deudas con Hacienda y refugiados en Francia, los Stones transformaron noches de excesos, drogas, blues y desorden en Exile on Main St., el álbum que definió su leyenda. Un trabajo lanzado el 12 de mayo de 1972, que hasta hoy exuda rock and roll en cada track.
Fue literalmente un choque. Contra la realidad y contra un pequeña rotonda, lo que mandó el Bentley de Keith Richards con la pared de una impecable casa en Wembley. Apenas notó que seguía vivo, el guitarrista de los Rolling Stones solo pensó una cosa; la carga de droga que llevaba consigo.
Pero como reza el adagio, la fortuna favorece a los audaces. Resultó que la casa en la que se estrelló, era de Nicky Hopkins, un reputado músico de sesión que había trabajado con los Stones. “Mi Bentley humeante estaba en medio de sus rosales”, recordó a Loudersound. “Estaba lanzando cápsulas, porque ya podía oír las sirenas y de repente aparece Nicky diciendo: ‘Entra y tómate una taza de té mientras esperamos a la policía’. En ese momento supe que Dios estaba de mi lado”.
Pese a que logró zafar, Richards sabía que debía preparar sus maletas. Una semana después partían a Francia. A causa de los manejos financieros de su mánager, Allen Klein, los Stones debían una fortuna a la Hacienda, y debido a los impuestos, no contaban con suficiente dinero. Era mucho menos del que les habían hecho creer.
Por ello, es que simplemente decidieron marcharse sin más. “En la banda sentíamos que teníamos que demostrarles que éramos más duros y probar que no se podía doblegar a los Stones simplemente echándolos de Inglaterra. Nos miramos y dijimos: ‘Vale, lo haremos huyendo’”, recordó Richards.
Exiliados, los músicos llegaron al sur de Francia, a la rivera. Nunca habían grabado fuera de un estudio profesional, pero en la apacible costa francesa no encontraron un lugar idóneo. Finalmente debieron usar lo que había a mano; el equipo portátil alquilado a la BBC que les permitió grabar en el sótano de la casa en Villa Nellcôte, Villefranche-sur-mer, alquilada por Richards. Fue el arranque de Exile on Main St.
De alguna forma, el lugar, la humedad, evocaba algo del delta del Mississippi. “Hubo mucha improvisación porque nunca habíamos grabado fuera de un estudio y este sótano era… bueno, ya lo puedo oler: cada vez que miro esa portada, percibo un cierto aroma a humedad, aceite y polvo", recordó Richards.
El calor y la humedad también sumaron dificultades. Las guitarras se desafinaban a menudo y Bill Wyman tuvo que grabar sus partes de bajo en un espacio aislado mientras sus amplificadores estaban en el pasillo. El productor musical, Jimmy Miller -quien también tocó batería en algunos temas- tenía que ir y venir constantemente del estudio móvil al sótano para dar instrucciones.
Por su lado, Mick Jagger acompañaba a su flamante esposa embarazada, Bianca (de la que se divorciaría años después). Por ello iba y volvía de las sesiones. De todas formas, comenzaron a trabajar. “Muchas de las canciones empezaron con una idea -recuerda Richards-. Mick tocaba la armónica, te unías y, antes de darte cuenta, ya tenías un tema en proceso y una idea funcionando”.
Por supuesto, no faltaron las drogas. Eran los comienzos de los setenta y toda la ilusión de los sesenta comenzaba a disiparse. Las historias apócrifas hablan de Richards sedado por la heroína y la coca que corría por la casa. Harto del ambiente, el bajista Bill Wyman abandonó el lugar. Keith nunca escondió que al llegar allí “nadie estaba particularmente drogado pero yo probablemente era el más drogado de todos... ¿pero qué novedad hay en eso?”.
Entre las claves de Exile on Main Street, estuvo la comunión que lograban Richards y Mick Taylor, el virtuoso de la guitarra que había entrado a la banda tras la salida de Brian Jones. “No creo que Keith estuviera tan fascinado con Mick Taylor como yo -recordó Charlie Watts-. Era como tener a Carlos Santana en la banda. Para mí era maravilloso. Mick se lucía y tú te lucías con él. Era como en el jazz, la verdad. Le daba una belleza increíble a las canciones en las que tocaba: Loving Cup era una muy buena. Para mí, esa siempre ha sido nuestra mejor y más productiva época: la era de Exile”.
Para Richards, la presencia de Taylor lo obligó a modificar ciertas cosas en el sonido del grupo. “Brian [Jones] y yo intercambiábamos roles. No había una línea definida entre la guitarra solista y la rítmica, pero con el estilo de Mick tuve que reajustar la estructura de la banda y el resultado fue maravillosamente lírico. Era un guitarrista solista excepcional. Me encantaba tocar con Mick Taylor. Probablemente fui el más sorprendido cuando decidió irse. “¿Qué? ¿Estás loco? ¿Qué piensas hacer, amigo?”. Y, efectivamente, nada".
Entre las juergas, las drogas, las zapadas entre Richards y Taylor, el disco fue tomando forma. Keith se animó a cantar en Happy (y también tocó el bajo), probablemente uno de los temas más radiables del álbum. Pero hay momentos de pura fibra r&b: Shake your hips suena a Howlin’ Wolf cantando en un bar perdido en Arkansas; la cruda armónica de Sweet Virginia, la vuelve un tema que destila blues; Turd on the run parece sacada de algún descarte de los primeros discos de Elvis; y por cierto, la versión de Stop breaking down, original de Robert Johnson (con armónica saturada y un notable trabajo de guitarras).
“Lo que surgió de nosotros en Exile fue lo que habíamos aprendido tocando en Estados Unidos durante ocho años -recordó Richards-. Trabajábamos muchísimo allí y aprendíamos de primera mano lo que antes solo habíamos aprendido a través de los discos. Simplemente nos empapábamos de la cultura estadounidense y nos dábamos cuenta de que, ya sabes… les encanta un inglés, si lo tocas bien".
Durante esos días, Richards recibió la visita del músico estadounidense Gram Pasons, quien había iniciado a Keith en el country y albergaba la esperanza de hacer algo juntos. “Nos habíamos hecho muy buenos amigos, especialmente Gram y yo, y creo que Mick [Jagger] lo veía con cierta recelo. A Mick no le gusta que tenga a nadie a mi alrededor…”, recuerda. Pero Parsons era además un consumidor de droga de primera, por lo que se pasó varios días borrado, hasta que el mismo Richards decidió que ya tenía bastante y lo expulsó sin más.
El grupo solía enchufar los equipos y tocar desde las 8 de la noche y hasta entrada la madrugada, varias veces sin Richards. Pese a todo, lograron avanzar pues además tenían temas descartados de sus discos anteriores, como Shine a Light, a los que podían echar mano.
Finalmente, el trabajo en la casa Nellcôte acabó en octubre de 1971, después de que la policía francesa se presentara en la mansión para interrogar a sus residentes acerca de la visita de traficantes de droga. Nuevamente exiliados, el material se terminó de trabajar en los estudios Sunset Sound, en Los Angeles, California. Tras lanzar el single Tumbling Dice, el doble LP Exile on Main St. llegó a las tiendas el 12 de mayo de 1972. Pese al caos que lo rodeó, le dio un número 1 al grupo.
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