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Nicolás Zárate: “No tiene sentido hacer películas con el punto de vista de la gente que piensa como uno”

Alabado y premiado por su rol central en Hangar Rojo, el actor detalla a Culto su proceso para interpretar a un militar constitucionalista tras el golpe de Estado de 1973 y comparte las reflexiones que extrae de la cinta, con fecha de estreno en salas para el 1 de octubre. “No queremos plantear a este personaje como un héroe, sino que como un ser humano con una decisión muy compleja que tomar”, afirma.

Nicolás Zárate: “No tiene sentido hacer películas con el punto de vista de la gente que piensa como uno”

Nicolás Zárate confía plenamente en la primera lectura que realiza de un proyecto. Sin importar si es una obra de teatro, una película o una serie, ese primer acercamiento al texto en general le permite detectar el tono de la historia y trazar la ruta que lo acompañará hasta interpretar al personaje en el escenario o en el set de filmación.

“Me da ciertas imágenes, ciertas sensaciones. Después empiezo a estudiar, a entrar en el rol, pero siempre queda algo de esa primera lectura”, indica a Culto.

Su primer acercamiento a Hangar rojo fue incluso más rotundo que de costumbre. Cuando recibió el guión escrito por Luis Emilio Guzmán, se contactó con Juan Ignacio Sabatini, productor del filme, y le preguntó si ya habían escogido a alguien para encarnar al capitán Jorge Silva, el protagonista de la historia. La manifestación de ese interés implicaba un cambio de planes, porque originalmente había sido considerado para asumir otro papel.

Su pregunta llegó en un momento oportuno: Juan Pablo Sallato, el director de la cinta, había visto hace poco a Zárate en Primavera con una esquina rota –en el Teatro Ictus– y había observado en vivo sus virtudes como actor.

“Lo llamé inmediatamente y al otro día nos juntamos a tomar un desayuno –cuenta el cineasta a este medio–. En cinco minutos ya estábamos alineados con el punto de vista de la película y la visión del personaje, y nos abrazamos diciendo: bueno, vamos a hacer esta película”.

Zárate recuerda ese episodio de este modo: “Coincidiamos mucho en lo que pensábamos sobre el guión, la historia. Fue una especie de amor a primera vista”.

Pablo Vásquez R.

El director había tenido serias dificultades para encontrar al protagonista de su primer largometraje de ficción, un filme inspirado en el libro Disparen a la bandada. Crónica secreta de los crímenes en la FACH contra Bachelet y otros, de Fernando Villagrán. Ambientada en las horas previas y posteriores al 11 de septiembre de 1973, Hangar rojo sigue a Silva mientras su escuela de aviación se transforma en un centro de detención clandestino. A medida que la violencia se apodera del lugar, las preguntas lo acechan y se reduce su margen para decidir si actuará guiado por su propio criterio o cumplirá con los lineamientos de sus superiores.

Fuera de la exigencia actoral del personaje, Sallato piensa que para el rol principal “necesitaba a alguien que se comprometiera al mismo nivel que yo, y con Nico tuvimos una visión muy parecida de cómo afrontar la película”.

El trabajo de Zárate en Hangar rojo ha acaparado elogios de la crítica y le permitió obtener el premio a Mejor actor en el Festival de Málaga y el galardón a Mejor interpretación en el Festival de Guadalajara. Además, la producción fue seleccionada por los miembros de la Academia de Cine de Chile como la carta nacional para la próxima edición de los Goya.

Así, el capitán Silva se ha convertido en el gran papel en la pantalla grande de un actor de reconocida trayectoria que también ha protagonizado cintas como El Tila, fragmentos de un psicópata (2015) y Vieja viejo (2022), y que además pronto (el 22 de octubre) llegará a la cartalera con Kalkutun, juicio a los brujos, de Jorge Olguín.

Ahora, a raíz del estreno en salas comerciales de Hangar rojo (1 de octubre), se abre a profundizar en su proceso.

-¿Qué es lo que recuerda de su primera lectura del guión de Hangar rojo?

Fue hace tiempo, pero de esa primera lectura recuerdo mucho la sensación de opresión, la sensación de encierro, la sensación de sofoco. Me imaginaba algo que está a punto de romperse, como una especie de olla a presión, como algo que está a punto de explotar y no explota, como algo que está siempre al límite. Luego fui profundizando en ese espacio liminal que tiene el personaje. Es ese espacio del entremedio, que no está ni en un lado ni en otro, que es un espacio de la decisión, cuando uno todavía está decidiend. Ese espacio liminal siempre te genera angustia, genera presión, genera ansiedad. Y creo que eso es un punto fundamental que me permitió conectar con el guión en primera instancia.

Zárate detalla que leyó el libro en el que se basa la cinta y después escuchó el relato de Silva de lo que hizo aquel 11 de septiembre. Un testimonio detallado que compartió a petición de Juan Pablo Sallato y Luis Emilio Guzmán durante el proceso de investigación. “No tuve acceso a nada audiovisual, por lo que esos audios fueron fundamentales para entender este rol”, sostiene el actor.

Luego, en una fase posterior, se entrevistó con Raúl Vergara, exmilitar que conoció a Jorge Silva. “Era un militar de izquierda. Jorge Silva no era de izquierda, era un militar constitucionalista. Y él me decía que me hubiera hecho muy bien hacer el servicio militar”, señala.

Pablo Vásquez R.

-¿Él le comentó eso porque pensaba que le habría ayudado para su vida en general o para su profesión?

Para todo. Si bien yo ya había investigado la milicia (para otros proyectos), esta es la primera vez que entro sin tratar de poner un punto de vista negativo de inmediato. Y eso causó que empecé a entender el mundo de la milicia desde otro lugar. Al conocer las historias de Raúl Vergara, Jorge Silva y la de muchos otros militares que fueron torturados, perseguidos y exiliados, te das cuenta de que ellos viven la vida de una manera que es muy ajena a la nuestra. Es algo muy sectario, que dice relación –en su esencia– con el honor, con la defensa del Estado, con la defensa de la soberanía, con la defensa del pueblo. Es una cosa rarísima darte cuenta de que estos militares que fueron torturados siguen queriendo mucho a la institución. Es una concepción filosófica diferente a la que uno tiene.

Lo liviano y lo pesado

Nicolás Zárate se describe a sí mismo como un actor “caótico en la creación”. ¿En qué sentido? “Entro a mil cuando dicen ‘acción’, pero fuera de la escena, cuando dicen ‘corte’, requiero de un espacio amable, un espacio de amistad, de cariño, de confianza, justamente para no estar todo el tiempo en ese estado”.

Eso fue precisamente lo que encontró en el rodaje de Hangar rojo. Filmada en Mendoza entre noviembre y diciembre de 2024, la película reunió al elenco y al equipo como si fuera una compañia teatral, con todos juntos de la mañana a la noche durante tres semanas. “Decían dicen ‘corte’ y me ponían a cantar tango”, rememora.

“Cada obra y cada película poseen un enfoque distinto, pero me he dado cuenta de que mientras más violentas son las escenas, o más agobiantes son las cosas que uno tiene que interpretar, más requiero de ese espacio de liviandad fuera del set. Desde mi punto de vista, es una paradoja, pero para mí como actor es algo esencial. Como decía (Milan) Kundera, existe el mundo de lo liviano y lo pesado. Y creo que el mundo actoral contiene ambas”, apunta.

-Es llamativo que no haya más películas chilenas sobre el mundo militar durante esa época. ¿A qué lo atribuye?

Exacto. Yo creo que acá está muy polarizada la mirada con respecto a la milicia. No recuerdo si fue en un conversatorio en Uruguay, México o Buenos Aires, donde alguien dijo que esto podría ser una especie de lavado de imagen a los militares. Todos respondimos que no, que es todo lo contrario. Es entender el punto de vista, y que no toda la milicia de esa época fueron torturadores y que también hubo una parcela importante que se resistió. Y es importante contar esa historia. Lo que empieza a pasar en la época en la que vivimos, tan de blanco y negro, es que se empiezan a perder esos grises. Pero si uno empieza a ver la disyuntiva moral que vive este rol (Jorge Silva), uno puede ponerse en los zapatos de esa persona y entender que no fue tan fácil. No queremos plantear a este personaje como un héroe, sino que como un ser humano con una decisión muy compleja que tomar. Él no tenía todo claro; estaba aterrado. Eso nos hace ver a la persona desde otra perspectiva, que es lo que nos falta hoy en día. Creo que nos falta perspectiva para ver al otro, nos falta perspectiva para ver la humanidad en el otro.

-¿Qué cree que pueda generar la película entre los militares que la vean?

Yo creo que esa una meta un poco difícil, pero sería, desde mi punto de vista, lo más bello que podría suceder. ¿Por qué? Porque no tiene ningún sentido hacer películas que tengan un punto de vista sólo para la gente que piensa como uno. A mí lo que me ha parecido interesante de esta película es que empieza a dialogar con el presente que estamos viviendo, donde están resurgiendo los discursos de odio y vemos fascismo, racismo, xenofobia. Creo que más que nunca esta película se empieza a comunicar con ese presente, para poder volver a decir: oye, esto no puede volver a pasar. Sin duda si esto lo ve la gente que tiene el poder de apretar el gatillo, yo creo que sería una maravilla. Ahí la película tendría todo el sentido.

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