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“Saca de foco a los rivales”: qué hay detrás de la idea del Mono Sánchez de jugar sin guantes en la Supercopa ante la UC

El guardameta de Coquimbo Unido se transformó en el protagonista de la serie de penales ante los cruzados, a la que se presentó sin los característicos implementos. El Rambo Ramírez, Javier Di Gregorio y un sicólogo deportivo analizan la ocurrencia.

Diego Sánchez, en una de las contenciones que realizó sin guantes ante la UC. (Foto: Photosport) ANDRES PINA/PHOTOSPORT

En el fútbol se suele decir que los arqueros son personajes extraños. Que no responden a la lógica de quienes se reparten en el resto de la cancha. Mucho de eso hay: entrenan aparte, sus ejercicios son distintos, se visten diferente y hasta se peinan diferente. Tienen una personalidad que los diferencia. No por nada eligieron ubicarse entre los palos y cargar la máxima responsabilidad: en sus manos está evitar la derrota.

Diego Sánchez es la representación de todas esas características. Al margen de su eficiencia como guardameta, también lo destacan sus excentricidades. La última fue quitarse los guantes en eterna la definición por penales que dirimió la Supercopa entre Coquimbo Unido y Universidad Católica. La apuesta fue exitosa: tapó los disparos de Diego Corral y Eugenio Mena. Al final, fue el depositario de la ira de los estudiantiles, quienes interpretaron en su festejo una provocación.

“Saca de foco a los rivales”: qué hay detrás de la idea del Mono Sánchez de jugar sin guantes en la Supercopa ante la UC

La decisión de Sánchez generó debate. En principio, reglamentario. La primera duda fue si un arquero puede atajar sin guantes. El reglamento no los considera obligatorios. "Se permite equipamiento protector no peligroso, como por ejemplo guantes, protectores de cabeza, máscaras faciales, rodilleras y coderas, fabricados con materiales blandos, ligeros y acolchados. También están permitidas las gorras para guardametas y las gafas de protección. Los guardametas podrán utilizar pantalones largos”, sostiene en el caso de quienes arriesgan su integridad por evitar un gol. Históricamente, de hecho, hay sobrados casos de goleros que nos ocupaban. Sencillamente porque no existían.

El segundo elemento es el sicológico. Sánchez se limitó a citar el ejemplo del portugués Ricardo Pereira, en la Eurocopa de 2004, como su inspiración. Sin embargo, hay quienes van mucho más allá en la explicación. “Evidentemente, desconcertó a los ejecutantes de la UC. Con su decisión saca de foco a los rivales al patear . Normalmente, los arqueros apelan a cualquier cosa que pueda distraer al rival. El único que arriesga algo es él”, sostiene Alexi Ponce, sicólogo deportivo de amplia experiencia en el fútbol profesional.

Diego Sánchez, con la Supercopa. (Foto: Photosport) ANDRES PINA/PHOTOSPORT

La revisión toca su especialidad. “Generó incertidumbre y novedad. Esos factores generan estrés. Forman parte de los factores adicionales de estrés. Es parte de lo que tenía pensado. Los arqueros siempre tratan de desconcentrar, de sacar del foco al ejecutante. Por eso hablan, también”, explica el profesional.

Hay otra consideración. “Una situación así pone más información en la cabeza del ejecutante. Más problemas, más incertidumbre y menos certezas al que va a patear. Eso afecta al que va a ejecutar y al que viene después. Es un juego sicológico total”, resalta Ponce.

Otra cualidad de Sánchez es vital. “El arquero tiene que ir seguro con lo que tiene que hacer. Diego lo estaba”, apunta Ponce.

Una locura

Marcelo Ramírez, especialista en la materia, se rinde ante Sánchez. “De partida, estamos en un fútbol tan automatizado que me gustan mucho los tipos que son distintos, que hacen estas cosas y les resultan. Él dijo que se inspiró en el portugués Ricardo. Hacer algo distinto te da una energía especial en lo personal. Le dio un plus, más confianza, más coraje. Nos tiene acostumbrados a estas cosas. Le da alegría al fútbol y triunfos a su equipo. Vaya a saber qué les provocó a los rivales”, sostiene el Rambo.

En el plano estrictamente técnico, repara en que en una definición de estas características, el golero no necesita tomar el balón. “No buscaba eso”, sentencia. Sí repara en el riesgo que corrió. “El guante no solo te da adherencia al balón, sino que te protege. Si llega con uno o dos dedos, con el balón pesado, se arriesga a una lesión. Afortunadamente, no le pasó nada”, valora.

Javier Di Gregorio, medallista de bronce en Sidney 2000, cree que la determinación del Mono va más allá de un eventual afán de descolocar a los cruzados. “No creo que sea un tema de distraer al rival. Más bien, es algo que va de la mano con su personalidad. Diego es único. Tiene su forma de ser, es más histriónico. No lo valido ni lo invalido, pero, insisto, no creo que pase por un tema estratégico. Sánchez no me deja de sorprender. No lo critico, pero todos los conocemos. Su extravagancia, el color del pelo, ponerse a bailar en la cancha. Esto es como que un pateador vaya y se saque los zapatos antes de un lanzamiento. El punto es que le resulte”, analiza.

Después, coincide con Ponce, situándose en el rol del ejecutante. “La reacción es ‘qué onda’. O incluso entra la duda reglamentaria, de si es válido o no. Al final, es una más de sus excentricidades. No es una falta de respeto, tampoco. Es su forma. Antiguamente te hacían entrenar sin guantes, de hecho. Quizás aprendió a jugar así“, intenta explicar.

Finalmente, sostiene que aplicar la idea a un partido es impracticable. “La tanda es una cosa, pero jugar un partido sin guantes es otra cosa. El penal es puntual. Hoy los guantes ayudan mucho a controlar el balón. Es cierto que las tomadas se aprenden. En uno de los penales, Sánchez intentó tomarla, pero la termina desviando”, apunta.

La conclusión final va de la mano del peligro. “Se expone a una lesión. Y es riesgoso, también, porque se te suelta una pelota y es gol”, establece.

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