No solo la final perdida ante el Barcelona: las claves que explican la salida de Xabi Alonso de la banca del Real Madrid
El entrenador no alcanzó a completar una temporada en el cuadro merengue. Llegó de Alemania tras un exitoso paso por el Bayer Leverkusen y se posó mucha expectativa en su figura, sin embargo, las diferencias con el plantel terminaron siendo decisivas para la directiva a la hora de tomar una decisión en torno a su continuidad.
La derrota del Real Madrid ante el Barcelona en la final de la Supercopa de España, disputada en Arabia Saudita, fue el punto final de un proceso que llevaba poco tiempo en desarrollo. Menos de 24 horas después del clásico, el club anunció la salida de Xabi Alonso de la banca, en una decisión que trasciende ampliamente el resultado de un solo partido.
El técnico español, que había asumido el cargo al inicio de la temporada tras su exitoso paso por el Bayer Leverkusen, deja el puesto luego de poco más de seis meses al mando. En ese período dirigió 34 partidos oficiales, con un balance de 24 triunfos, cuatro empates y seis derrotas, lo que se traduce en un rendimiento cercano al 75%. Pese a esos números, el contexto institucional terminó inclinando la balanza en su contra.
Uno de los factores que comenzó a tensionar su continuidad fue el desempeño del equipo en los partidos de mayor exigencia. En la Champions League, si bien el Real Madrid se mantiene en zona de clasificación directa a los octavos de final, las derrotas ante Liverpool, en Anfield, y Manchester City, en el Santiago Bernabéu, instalaron dudas en la dirigencia respecto de la competitividad del equipo frente a rivales de primer nivel europeo.
En LaLiga, el equipo marcha en la segunda posición, a cuatro puntos del Barcelona, luego de haber cedido una ventaja importante en el liderato durante el tramo final del año. La irregularidad se reflejó especialmente en una serie de empates consecutivos ante rivales de menor jerarquía, lo que aumentó la presión sobre el cuerpo técnico.
El desgaste interno
Más allá de los resultados, al interior del club se fueron acumulando señales de desgaste en la relación entre el entrenador y parte del plantel. Desde noviembre comenzaron a surgir versiones sobre cuestionamientos a los métodos de trabajo y al mensaje de Alonso, particularmente por parte de jugadores con mayor trayectoria. De hecho, se realizó una reunión entre el técnico y el plantel para intentar recomponer confianzas, aunque el efecto fue limitado.
Uno de los episodios más visibles fue la tensión con Vinícius Junior. El delantero brasileño protagonizó gestos públicos de molestia tras ser sustituido en un clásico, situación que evidenció un quiebre en la relación. Aunque posteriormente hubo disculpas formales, la situación no quedó del todo resuelta y se transformó en un foco permanente de atención.
Las decisiones tácticas también fueron motivo de debate interno y externo. Alonso fue cuestionado por alterar formaciones que venían funcionando, por mantener como titulares a futbolistas con poco ritmo competitivo y por la escasa rotación en determinados puestos. Casos como la falta de minutos para Endrick o la utilización de jugadores fuera de su posición natural alimentaron la percepción de un técnico que no lograba gestionar del todo las jerarquías del plantel.
La imagen decisiva fue luego del duelo del domingo. Alonso intentó ordenar a su equipo para realizar el pasillo de honor al campeón. Sin embargo, la escena se quebró de manera abrupta. Kylian Mbappé, máxima figura del plantel, desoyó la indicación y condujo a sus compañeros directamente hacia el túnel rumbo a camarines. Los futbolistas se cuadraron con el delantero.
El estilo
En el plano futbolístico, el equipo tampoco consiguió consolidar una identidad clara. A diferencia de lo mostrado por Alonso en Alemania, el Real Madrid alternó fases de presión alta con repliegues prolongados, sin una línea sostenida a lo largo de la temporada. La fragilidad defensiva fue una constante, con goles recibidos en contraataques.
El propio entrenador reconoció públicamente varias de estas falencias, apuntando a la falta de intensidad. Si bien esos diagnósticos fueron valorados como señales de autocrítica, no alcanzaron para revertir la percepción de estancamiento en el proyecto.
La final perdida ante el Barcelona terminó por acelerar los tiempos. La caída en la Supercopa se produjo en un contexto de dudas acumuladas y dejó a Alonso sin margen frente a una dirigencia que, históricamente, ha privilegiado los resultados inmediatos. Al día siguiente, el club comunicó oficialmente su salida, señalando que la decisión fue adoptada de mutuo acuerdo.
En el comunicado, el Real Madrid destacó el vínculo histórico del exmediocampista con la institución y agradeció su trabajo durante el período en el cargo. Al mismo tiempo, anunció que Álvaro Arbeloa asumirá como nuevo entrenador del primer equipo, sin especificar si lo hará de manera interina o hasta el final de la temporada.
Así, la etapa de Xabi Alonso concluye de forma anticipada, marcada por números que, en otro contexto, podrían haber sostenido su continuidad, pero condicionada por una suma de factores deportivos, internos y estratégicos que terminaron pesando tanto como una final perdida.
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