El comienzo de Irací Hassler

02 Julio 2021 Entrevista a Iraci Hassler, nueva alcaldesa de la comuna de Santiago Foto: Andres Perez

La nueva alcaldesa de Santiago muestra sus raíces políticas y su libreto. Dice que prefiere dialogar antes que desalojar colegios, asegura que hay presos políticos y culpa a su antecesor y al Presidente Piñera por la violencia a la que se llegó tras el estallido.




La oficina edilicia de la Municipalidad de Santiago aún no parece ser el lugar de Irací Hassler, la economista de 30 años que se convirtió en la primera política del Partido Comunista en regir la principal comuna de la Región Metropolitana. Son las 8 de la mañana del viernes 2 de julio. Hassler toma café junto a su asesor de prensa y lee las noticias del día. Es su cuarto día como alcaldesa y, por eso, sólo ha podido poner algunas flores y una ilustración de sí misma que le regalaron, para diferenciar este espacio de la decoración que tuvo hasta el martes, el último día en que Felipe Alessandri mandó en Santiago. Pero así han sido las cosas en la vida de Hassler: rápidas y, muchas veces, sorpresivas.

No muchos habrían apostado que la nueva carta victoriosa del PC surgiera desde un colegio privado y de una familia no particularmente política, pero con un padre con sociedades agrícolas que votaba por la derecha. Aunque en eso, esta mañana, la alcaldesa no quiere explayarse demasiado.

¿Cuál era la mirada de su familia sobre los procesos de izquierda en Sudamérica?

Debiera preguntárselo a mi familia.

Pero usted creció en esa familia. ¿Qué era lo que usted escuchaba?

Bueno, yo crecí especialmente con mi madre, con quien viví desde los cuatro años y donde había una discusión familiar en distintos ámbitos, muy relacionada con los procesos que vivía el país. Una mayor politización, especialmente a partir del movimiento estudiantil del año 2011, que marcó bastante mi entorno familiar. Ahora, a propósito de la familia de mi padre, yo creo que tienen distintas miradas, particularmente sobre distintos procesos, como en cualquier familia. No sé bien a qué punto quiere llegar.

En una entrevista que dio al diario El Siglo habla de que cuando se unió a las JJ.CC. el 2011, mientras estudiaba en la Universidad de Chile, desde el lado paterno de su familia no estaban especialmente contentos. Eso es lo que quería entender.

Efectivamente, cuando le cuento a mi padre que entro a la Jota no fue algo que le gustara mucho.

¿Por qué?

Bueno, había distintas cosas. En el caso de mi madre, más que no le gustara, le producía bastante miedo que me pudiera pasar algo a propósito de ser comunista. Mi madre me llamaba antes de cada protesta y siempre me decía: “Irací, mejor que no vayas hoy día”.

Su madre ha dicho que una vez le llegó una lacrimógena.

Sí, bueno, eso fue en el marco del estallido social. Y también anteriormente, que yo creo que era lo que recordaba mi madre en ese momento, me llegó una lacrimógena el 2011 en el trasero.

(Irací Hassler se ríe).

Sí, fue bien terrible, porque era de una de las primeras movilizaciones más grandes a la que asistía. Y en ese momento, además, me perdí de todas las personas con las que estaba. De hecho, entramos al hall de un edificio en el que nos abrieron las puertas. Recuerdo que me dolía y que un vecino me permitió entrar a su departamento y fui al baño a vérmelo. Porque tenía todo chamuscado por la lacrimógena.

Su padre es empresario frutícola y mantiene una sociedad con Juan Sutil. Cuando usted entró a las JJ.CC., ¿se le caricaturizó por ser hija de un empresario?

No, no recibí caricaturización alguna.

En general, la gente de alrededor de 30 años que participó de política universitaria con un perfil más de centroizquierda y de cambios tendió a unirse a movimientos nuevos: como el Autonomista. ¿Qué la empujó a formar parte de un partido más tradicional como el PC?

Yo creo que tuvo que ver con dos cosas principalmente. O bueno, quizás más. Pero una tenía que ver con lo teórico. Yo empecé a estudiar Economía y tenía mucho interés intelectual en algunos debates que no se estaban dando en la facultad en este momento. Y, por tanto, me involucré con un grupo de estudiantes en discusiones sobre lo que significa la economía, sobre los distintos modelos, y en ello empiezo a conocer los debates del marxismo y, particularmente, de la plusvalía como apropiación de trabajo ajeno. De hecho, empiezo a calcularlo ahí con algunos economistas como Manuel Riesco. Eso me marcó.

¿Y la otra?

El rol que tenía la Jota en ese momento en el movimiento estudiantil y social. Me llamó la atención la conducción que tenía Camila Vallejo como presidenta de la Fech. Veía que las Juventudes Comunistas tenían una mirada que era más allá del espacio universitario solamente. Yo creo que eso a mí me convocó bastante.

Cuando entró en política, ¿tenía figuras a las que quería emular?

No sé si quería ser como alguien en particular, pero obviamente una ve algunos referentes. En esos primeros momentos me llamaba mucho la atención Angela Davis y la reflexión que ella hace en torno a la intersección de las formas de dominación de clase, género, raza. Eso fue algo bien marcante, una referente que un tiempo me obsesionó. Pedro Lemebel siempre me ha llamado mucho la atención. Me encanta leerlo, pensarlo.

La elección entre un exautonomista y un comunista será también la que decidirá el candidato del pacto Apruebo Dignidad en las próximas primarias presidenciales entre Gabriel Boric y Daniel Jadue. ¿Siente que la elección primaria es carrera corrida para Jadue?

Nunca hay que ver las elecciones como carreras corridas, creo. Son momentos de reflexión, de planteamiento de programas, de propuestas que siempre pueden generar visiones en la sociedad. Sí creo que Daniel Jadue tiene una gestión que lo valida mucho en este proceso, que ha sido incluso política nacional y, por tanto, creo que su gestión habla mucho por su propuesta. Eso creo que le da una ventaja importante.

Definir la dignidad

Al principio, dice Irací Hassler, tuvo dudas. Se había titulado de Ingeniería Comercial y no tenía claro qué hacer. Pensaba en estudiar un magíster, pero finalmente terminó trabajando en el Ministerio del Deporte. Entonces vino el pedido: su partido quiso que compitiera como concejala por Santiago en 2016 y consiguió el cargo. En eso estaba el 18 de octubre de 2019.

¿Cómo vivió usted el estallido social, siendo vecina de la comuna?

Con harta esperanza en torno a la posibilidad de generar cambios. Yo soy de una generación en la que venimos de varios procesos de movilización, de poder cuestionar ciertos elementos de un modelo injusto, excluyente. Y creo que la fuerza que tuvo el estallido social en términos de la masividad, en términos de la discusión transversal que se logra dar en el país, para mí fue bastante esperanzadora.

Si hubiese sido alcaldesa en ese periodo, ¿qué habría hecho distinto que el alcalde Alessandri?

Yo creo que Alessandri fue muy provocador de la violencia en nuestra comuna y en nuestro país. Lo que yo hubiera hecho es no provocar a las y los estudiantes, particularmente. La imagen de grupos de Fuerzas Especiales sobre el techo del Instituto Nacional fue en junio de 2019. Esa fue una de una serie de acciones políticas que buscaron provocar, dañar, violentar a las comunidades.

Pero en los meses posteriores al 18 de octubre, ¿qué habría hecho distinto?

Yo creo que si no hubiera sido por el rol de Alessandri, y sin duda del Presidente Piñera, no hubiéramos llegado a una situación como la que llegamos. Y creo que es importante hacer ese punto, porque ha habido una provocación permanente. Así como se habló mucho tiempo de las provocaciones de los ministros con sus frases, medidas como Aula Segura, Rompe- Paga, fueron provocaciones permanentes y que fueron a poner violencia sobre violencia en una situación que yo creo que no da para más.

¿Cómo se habría diferenciado de Alessandri?

Lo que haríamos distinto es el diálogo con la comunidad. Es la articulación en los propios barrios, el diálogo con artesanos y artesanas, por ejemplo. Aportar en un rol de coordinación con las policías en resguardo de nuestros vecinos y vecinas. También el jugar un rol respecto de cómo se trasladan los problemas de la movilización hacia un barrio en particular. Porque recordemos que la Plaza de la Dignidad, cosa que nunca dijo el alcalde Alessandri, se encuentra en nuestra vecina comuna de Providencia. Sin embargo, hay una decisión política permanente de trasladar ese conflicto, por parte de Carabineros, hacia el Parque Forestal y hacia nuestros barrios. Entonces, creo que faltó una defensa de los vecinos y vecinas real en este proceso y la voluntad de entender que estamos en un momento de toma de conciencia y, por tanto, de que necesitamos resolver políticamente los problemas del fondo para poder avanzar en una sociedad más dialogante.

¿El estallido social perjudicó la calidad de vida de la comuna?

(Irací Hassler se toma unos segundos).

Es relativo.

¿Por qué?

En parte hay un perjuicio de la calidad de vida y en parte hay una calidad de vida tan precaria, que se genera también un proceso de toma de conciencia y de búsqueda de un cambio. La nuestra es una comuna que tiene mucha pobreza encubierta, es una comuna que tiene mucho hacinamiento. Por eso creo que ha primado en nuestros vecinos y vecinas esta búsqueda de la dignidad, que ha sido un concepto que ha estado en el centro, que ha implicado organización de los barrios. Estamos en un proceso que es complejo, porque tiene elementos buenos de perspectiva, de cambio, y tiene elementos difíciles a propósito de lo dañada que está la relación entre distintas comunidades. Yo lo que pongo en el centro es que hay esperanza de un cambio y espero que podamos resolver nuestros problemas generando transformaciones profundas en el país y en la comuna.

¿Qué significa “poner la dignidad en el centro”?

Implica poder avanzar en mejorar nuestra calidad de vida, eso es lo que hemos querido hacer con nuestro programa. Un programa que nace, además, de la experiencia de los vecinos y vecinas, que se construyó participativamente. ¿Qué significa eso hoy día? Poder poner los problemas que tenemos en nuestra vida cotidiana como elementos principales.

Irací Hassler, entonces, comienza a enumerar. Habla de la basura y del reciclaje, de los parques públicos y la seguridad. Dice todo eso usando conceptos como “toma de conciencia”, adjetivos como “transformador” y “comunitarias” y nunca –pero nunca–, olvidándose de nombrar los sujetos masculinos y femeninos en todas sus oraciones.

Los presos y el diálogo

En la mesa central de su oficina, Irací Hassler apunta a una foto de 2019. Se trata de Arlén Aliaga, la primera estudiante trans aceptada en el Liceo 1. Ese tipo de políticas inclusivas, dice, van a ser el sello de su gestión.

“Nos parece importante generar una reparación hacia las comunidades educativas a propósito de lo que han sufrido. Yo busqué relevarlas también en el discurso del cambio de mando, por ejemplo, al hacer un homenaje a Arlén. Han sido comunidades muy dañadas, pero que al mismo tiempo generan pensamiento crítico, una capacidad de cuestionamiento e, incluso, han jugado un rol histórico en términos de aportar al proceso constituyente. Es decir, poder generar condiciones para que realmente nunca más en Chile se violen los derechos humanos, como ha sucedido en distintos momentos de nuestra historia y particularmente en estos meses desde el 18 de octubre”.

¿Usted piensa que hay presos políticos del estallido?

Los hay.

Instituciones como la Defensoría Penal Pública, Human Rights Watch y el mismo Poder Judicial dicen que son presos por delitos comunes y que en muchos casos se ha extendido la prisión preventiva por la pandemia. Entonces le quería preguntar, ¿quiénes, según usted, son presos políticos?

Personas que no han tenido derecho a un juicio justo. Y a mí me parece que eso no se puede naturalizar. El estar presos, privados de libertad, sin tener un juicio, sin tener antecedentes al respecto, creo que eso no lo podemos permitir en nuestro país.

¿Usted piensa, entonces, que la fiscalía funciona con un cariz político a la hora de perseguir delitos?

No he señalado aquello. Lo que he señalado es que no puede haber prisioneros y prisioneras en nuestro país que no tengan un juicio justo.

¿Y eso para usted corresponde a estar en prisión como preso político?

Así es, como le he dicho.

¿Va a desalojar colegios si es que son tomados?

Esperamos poder generar un diálogo con las comunidades educativas que nos permita mejorar las relaciones dañadas que hay. Creo que la forma de actuar del alcalde Alessandri mostró su fracaso total y, por tanto, esa manera no va a ser la nuestra. Vamos a buscar trabajar con las comunidades para poder tener un proceso pedagógico en el centro, avanzar en las demandas que ya han puesto tantos años sobre la mesa. Creo que si podemos recoger demandas, dialogarlas y mejorar, vamos a avanzar en buena medida con las comunidades educativas.

Si le tocan nuevas movilizaciones como las que se vieron para el 18 de octubre, ¿cómo va a enfrentarlas?

El orden público no es una tarea del municipio y, por tanto, no vamos a tratar tampoco de asumir roles más allá de las competencias que tenemos. Creo que en eso también ha habido muchos errores.

Entiendo que me puede decir que el orden público no depende de usted, pero sí afecta a los vecinos de su comuna.

Vamos a poner la vida de las personas en primer lugar. Y a trabajar por el resguardo de nuestros barrios en el proceso de legítima manifestación que puedan tener las personas. A propósito de que es un derecho de la sociedad el poder manifestarse, expresar opiniones y miradas. Vamos a resguardar en eso a nuestros vecinos y vecinas que es lo que creo que no ha ocurrido.

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