La encrucijada de Piñera

Foto: Patricio Fuentes

Quienes lo conocen coinciden en la premisa: al Mandatario le cuesta decidirse a hacer cambios en su gabinete. Sin embargo, con la idea ya instalada en el oficialismo, en La Moneda sostienen que Piñera ya piensa en eventuales modificaciones y evalúa los pros y los contras de los distintos escenarios.




Esta semana, el Presidente Sebastián Piñera dedicó varias horas de su rutina a una serie de conversaciones. Lo hizo con sus ministros en las reuniones del comité político, con algunos de ellos a solas, con sus asesores más cercanos y también con algunos personeros de Chile Vamos. Hacer un cambio en su gabinete para superar la crisis oficialista e intentar recuperar la iniciativa está en la cabeza del Mandatario, sin embargo, para él siempre es una decisión difícil realizar un ajuste en su equipo. Esta vez no ha sido la excepción.

Piñera por estos días se encuentra en una compleja encrucijada, en la que tiene que definir de qué manera dará vuelta la página para superar la compleja crisis por la que atraviesa su gobierno, coronada por la derrota legislativa que sufrió con la aprobación con votos oficialistas del proyecto de ley que permite el retiro del 10% del fondo de pensiones.

Quienes han conversado con el Mandatario sostienen que éste se debate entre dos opciones que tienen múltiples derivadas: hacer un cambio en su comité político o mantenerlo tal cual, pero definiendo ejes claros para los 19 meses que le restan de su segundo mandato.

Una decisión que -se coincide ampliamente en el oficialismo- debe tomar cuanto antes, para despejar el inmovilismo que se ha instalado en el gobierno a la espera de eventuales cambios.

El dilema

Un sector de La Moneda y también en Chile Vamos -donde hay más entusiastas de una reestructuación- coinciden en que el Presidente debería concretar un ajuste en su gabinete -el que sería el quinto de su segundo gobierno- antes de la cuenta pública que realizará este viernes 31. La jugada, señalan, permitiría dar un reimpulso tanto discursivo como con nuevos rostros que ayuden a la conducción política.

En sus distintas conversaciones de la semana, el Mandatario ha podido tomar nota de que la mayoría de sus interlocutores coinciden en que el relevo del ministro del Interior, Gonzalo Blumel (Evópoli), debiera ser la principal modificación. Entre los pasivos del secretario de Estado no hay novedad: una serie de errores y falta de conducción que lo hizo blanco predilecto de las críticas de la UDI y que habrían allanado que votos oficialistas permitieran el retiro de los fondos de las AFP. Pero también se apunta a las debilidades del resto de los inquilinos de La Moneda: los titulares de la Segpres, Claudio Alvarado (UDI), y de Desarrollo Social, Cristián Monckeberg (RN), incapaces de haber alineado a los parlamentarios de sus respectivos partidos e incluso a la vocera Karla Rubilar, quien no suma a la hora de las tratativas y evidencia un cierto desgaste. Sobre quien hay cierto consenso en su continuidad es en el ministro de Hacienda, Ignacio Briones. Una modificación en el jefe de la billetera fiscal podría entregar señales de inestabilidad en el mercado en un momento en que hay una crisis económica que buscan subsanar, justamente, con planes de reactivación en la materia. Además, sería el segundo cambio en esa cartera luego de la salida de Felipe Larraín, lo que contribuiría a generar una mala imagen del país hacia el exterior. Voces minoritarias, en todo caso, apuntan a Briones como el gran responsable de la demora e insuficiencia de la ayuda fiscal durante la pandemia. En su ronda de conversaciones, Piñera ha tomado nota de que no hay consenso en que un cambio de gabinete solucione la crisis oficialista, por lo que su deliberación se hace más compleja. En este grupo se encuentran el jefe del Segundo Piso, Cristián Larroulet, Blumel y Alvarado, su jefa de gabinete, Magdalena Díaz, e incluso el presidente de RN, Mario Desbordes.

Ellos si bien reconocen, dicen en Palacio, que el gobierno y el equipo político han cometido errores, el problema de la coalición está más bien radicado en los partidos debido a sus divisiones internas en las bancadas y problemas en las directivas. Y que para eso deben mejorar las relaciones entre ellos y luego con el gobierno para poder recuperar la gobernabilidad.

Allí el análisis es que la crisis que hay en la coalición no se originó con el comité político actual, sino que es un problema de arrastre por varios factores que vienen desde hace meses: nominaciones que no gustaron en los partidos, decisiones de impulsar algunas iniciativas, que ministros no los escucharon, entre otros factores. Pese a eso, están conscientes de las presiones que existen para concretar un cambio y en la dificultad que hay en administrar ante la opinión pública la idea de que el actual comité político está debilitado.

Para resolver el dilema, la apuesta estaría en concretar una estrategia que apunta principalmente a tres áreas: realizar con éxito el plan “paso a paso” de desconfinamiento para enfrentar la pandemia; reactivación económica y empleo para subsanar las consecuencias económicas de la crisis sanitaria, para lo cual se anunciará dentro de los próximos días un plan, y fortalecer las gestiones en seguridad ciudadana.

Empoderar al gabinete

Quienes sostienen que es ineludible un cambio, porque -además de las consideraciones expuestas- es la manera más notoria de evidenciar un nuevo rumbo, estarían algunos ministros sectoriales, el exsubsecretario del Interior Rodrigo Ubilla, quien trabaja actualmente como asesor del Segundo Piso; el matrimonio compuesto por Andrés Allamand y Marcela Cubillos, quienes públicamente han cuestionado al equipo político de Piñera, y varios parlamentarios del sector.

La apuesta es reeditar una fórmula que el Mandatario ya aplicó en su primer gobierno: la de figuras fuertes y reconocidas en los partidos, que en esa oportunidad debió sacar del Parlamento.

Ahora no sería tan distinto y podría recurrirse también a algunos alcaldes en un modelo que Piñera se resiste a conceder: dejar el rol de jefe de gobierno y replegarse al rol de Jefe de Estado. En decir, darles margen a los ministros para que puedan desenvolverse y replegarse de tener tantas apariciones en todas las discusiones.

El problema, dicen en el oficialismo, está en que -por diversas razones- ninguno de ellos, salvo Allamand, estaría dispuesto a asumir el desafío si es que no es estrictamente necesario. Entre los nombres han sonado los senadores UDI Juan Antonio Coloma y Víctor Pérez, el diputado Jaime Bellolio y la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei y el alcalde de Estación Central, Rodrigo Delgado, como alternativas para el comité político.

El Mandatario, en todo caso, pide análisis en sus conversaciones, opiniones sobre los pros y contras de hacer un ajuste ministerial, y no discute particularmente de nombres.

La alternativa de hacer un cambio más allá del corazón de La Moneda también está entre los análisis, en especial porque toma fuerza la idea de concentrarse en la gestión y no en el debate en el Parlamento para sortear los próximos meses. Y -en esta ocasión- también ha habido espacio para evaluar la continuidad de Larroulet al mando del Segundo Piso, a quien responsabilizan del fallido diseño del gobierno implementado en los últimos cambios de gabinete y de haber sido quien defendió con más fuerza la idea de convertir la pelea del retiro de fondos de las AFP en un tema de principios, y llevarlo a una guerra fratricida dentro del bloque oficialista. No pocos sostienen que la remoción del exministro Segpres tendría un carácter político y simbólico casi tan fuerte como una reestructuración ministerial. Pero quienes han hablado con Larroulet sostienen que transmite que está “más firme que nunca y entusiasmado como siempre”.

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