Tras la derrota: Los caminos que tiene Piñera para volver a rearmar su gabinete

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

Consumado el desenlace de esta tarde en el Senado por el retiro del 10% de las AFP -con la cuasi certeza de que el resto del trámite legislativo no cambiará las cosas y la incertidumbre ante lo que pase en el TC-, en las capas más altas de La Moneda hay conciencia del imperativo de volver a alterar el equipo de ministros para encarar los 20 meses que quedan. Si Piñera así lo decide -puertas adentro los ha respaldado-, allá y entre quienes lo conocen a fondo abren opciones: ¿Un gabinete Blumel 2.0? ¿Ceder poder y llamar a un par histórico suyo? ¿Ceder más y presidencializarlo?




Esto se acaba. Mañana mismo quedaría a punto de ser ley el proyecto del retiro anticipado de pensiones que tiene en la cornisa al gobierno y a su coalición, cuando la Cámara despache lo que el Senado apruebe hoy; una eventual Comisión Mixta apenas estiraría los tiempos uno o dos días más. Y aunque se recurra al Tribunal Constitucional (la opción que toma más fuerza, antes que un veto presidencial), en La Moneda asumen que el daño político ya está hecho. Con todavía 20 meses en el poder bajo crisis, el acertijo de “¿Y ahora qué?”, abre otra interrogante: ¿Con qué ministros?

Solo hay dos respuestas. Con exactamente los mismos, o con otros nuevos que impliquen el cuarto cambio de gabinete político desde el 18 de octubre del año pasado. El mandatario -dicen en Palacio- nada ha advertido ni dado señales colectivas al equipo de Gonzalo Blumel, Ignacio Briones, Karla Rubilar, Claudio Alvarado y Cristián Monckeberg: el miércoles negro de la semana pasada les ordenó salir a vocerear “con todas las ganas, con todas la fuerza, acá se mide el temple”, según recuerda uno de ellos. Predecir las decisiones de Sebastián Piñera es inútil por su estilo, pero la sangría del 10% ha instalado en las entrañas del Ejecutivo la idea de un nuevo ajuste.

Allá y en los partidos hay quienes leen que, si lo hace luego, lo mejor sería consumarlo a más tardar a la par con la cuenta pública presidencial, fijada para nueve días más, el viernes 31.

Si es que Piñera toma esta salida hay distintas variantes, partiendo por algo que en la Casa de Gobierno dan casi por hecho: la salida de Gonzalo Blumel de Interior. Otra cosa es si termina relocalizado o no en una cartera sectorial. En un nuevo esquema, una opción es vista como una suerte de gabinete “Blumel 2.0″, en el que Piñera no fiche en su reemplazo a pesos pesados ni a figuras que impliquen ceder poder ante los partidos, sino a un número dos de perfil parecido y que denote que la decisión fue suya e impermeable a presiones. Nombres van y vienen, pero en el equipo íntimo del Presidente reconocen que el de Juan Carlos Jobet, ministro de Energía, cumple con ese concepto.

Algunos muy cercanos al Mandatario temen que en ese caso la lectura sea que “no se aprendió la lección”.

De ahí para adelante hay un laberinto de posibilidades que permitirían apuntar a lo que la mayoría de las y los consultados -dirigentes oficialistas y colaboradores de Piñera- estiman urgente: pacificar el trato con la UDI, RN y Evópoli, recuperar confianzas y lealtades, y tratar de volver a recuperar piso político en la derecha. Tras los últimos eventos, las cifras de las encuestas (la Cadem acusa que en tres semanas ha perdido 11 puntos desde los 27 a los que había llegado antes de la crisis en el sector) advierten un riesgo de desfonde en su base de apoyo. Punto más acuciante si en tres meses y tres días caerá encima el plebiscito constituyente -con una previsible, dicen, derrota del “rechazo”- y el año entrante se sucederá una maratón electoral coronada por la presidencial.

Pero además, hacen ver en la misma Moneda y sus partidos, la crisis económica y laboral obligará a reactivar las carteras sectoriales y productivas para que entrado el 2021 el gobierno demuestre que está haciendo todo lo que debe para recuperar (o al menos revertir en unos cuantos puntos) los dos dígitos de cesantía. Este apartado, compartido por varios consultados, sugiere que además del comité político está la posibilidad de colocar nuevos responsables, frescos, a cargo de carteras como Transportes, Obras Públicas, Energía, Medio Ambiente y Minería, por dar ejemplos. En algunos casos se acusa la virtual “desaparición” de la agenda de algunos.

Volviendo al escenario de un nuevo equipo político, hay condiciones. Además de ideas como recurrir a nombres como el canciller Teodoro Ribera (RN) o el ex subsecretario Rodrigo Ubilla (RN) para Interior -este último sería bastante reacio a la idea-, armar un gabinete nuevo con veteranos de cien batallas de la derecha tiene a lo menos dos problemas operativos y dos más de fondo. Los primeros: quiénes están o estarían dispuestos, y quiénes sí podrían ordenar o concitar de vuelta lealtad de los partidos, pero con el problema adicional que la UDI y RN tiene facciones internas tales, que conciliar con unas enemista con las otras (fichar a Allamand, por ejemplo, quebraría relaciones con Mario Desbordes y su bando).

Los problemas de fondo son dos. Uno, si el o los nuevos nombres, partiendo por Interior, están o no abanderizados con el “rechazo” o el “apruebo”; en el primer caso eso sería comprometer a La Moneda con una derrota en el referéndum. Pero el segundo, y uno de los más delicados, es la aprensión transversal -incluso de algunas de las cartas más mencionadas- de que el tercer ministro del Interior de Sebastián Piñera corra el riesgo de ser acusado constitucionalmente si en unos meses la ira nuevamente se vuelca a las calles a causa de la crisis (escenario que creen altamente posible en Palacio) y el manejo del orden público vuelve a derivar en violencia contra las personas.

Así las cosas, la lista “ideal” de un nuevo jefe de ministros para Piñera se centra en tres. Uno es Juan Antonio Coloma (UDI). El senador, dicen sus pares en el partido, ha dicho que no cuando han tocado el tema, aunque eso fue hace unas semanas. A favor tiene décadas de trayectoria y buenas redes en la derecha partiendo por su revuelto partido (es el último de los cuatro “coroneles” en la cancha) y hasta en la oposición. En contra, además de estar con el “rechazo”, es que debería sacrificar los seis años que le quedan en el Senado por un incierto año y medio en Interior.

De Andrés Allamand (RN) sus amigos y viejos conocidos dicen que su sueño es ser ministro del Interior. Pero que eso bloquearía sus aspiraciones presidenciales a menos que salga airoso. A favor tiene años de circo y ser un par de Piñera, aunque muy pocos los ven congeniando con tantas pugnas al hombro y menos con el Presidente cediendo ante él. En contra, ser portaestandarte del “rechazo”: amarraría a La Moneda.

Evelyn Matthei (UDI) no se ha manifestado ni por el “rechazo” ni por el “apruebo”, y eso le juega a favor. También tiene vasto bagaje político y ya fue ministra y candidata; el Presidente confía en ella y le ha respondido. Pero tendría que dejar una comuna clave que la tiene entusiasmada, ya dijo que no para el ajuste ministerial de octubre, y la misma firmeza en que algunos ven su fortaleza tiene el pero -según algunos en el sector- de su carácter propenso a desaguisados y encontrones.

Todo esto, sin considerar en los ajustes colaterales en el resto del comité político a los que podría obligar un nuevo jefe de gabinete. Hay más nombres, claro; hay voces que especulan con Marcela Cubillos y otros. Y todo está aun por resolverse. Si es que Piñera lo hace. Y si es que lo hace a fondo.

Mientras, en los partidos...

En la UDI también advierten sobre las dificultades que enfrenta Piñera para una modificación ministerial: la falta de personas que reúnan las condiciones que se necesitan en este contexto –más peso político pide este partido- y el poco tiempo para encontrar a esas figuras.

Allá repiten algunos de los suyos: Matthei y Coloma. Sin embargo, advierten, la primera no convence en ciertos sectores oficialistas y el segundo habría comunicado hace algunas semanas que no está dispuesto a asumir en un ministerio como Interior.

“Siempre es difícil encontrar personas que asuman cargos ministeriales en las segundas partes de los gobiernos, y con este clima político, eso se hace más difícil aún”, advierten desde la directiva que lidera Jacqueline van Rysselberghe. Sobre los codiciados equilibrios políticos que se piden desde las colectividades en los cambios de gabinete, en la UDI agregan que estos ya se perdieron aunque igual esperan que se corrijan con un nuevo ajuste.

Desde la otra “alma” de la UDI, la que se enfrentó a Van Rysselberghe en la última elección interna, coinciden que el cambio debe llevar “más peso político” a La Moneda. Pero tanto los sectores cercanos a la timonel UDI como a su oposición interna coinciden que un nuevo ajuste ministerial tendría que pasar no solo por al menos dos ministros del comité político sino que también por ministerios del área de productiva. Ahí, se señala que deberían ingresar personas con más experiencia política en áreas como Obras Públicas, Energía y Transportes.

Esto último también lo comentan en privado desde Evópoli. Para varios en el partido que ahora lidera el diputado Andrés Molina, el gobierno debería empezar un nuevo ciclo a contar de la próxima semana y con un gabinete “renovado”. Obviamente, defienden la gestión de los dos ministros de su partido en el comité político (Blumel y Briones) pero asumen que el primero ya está “agotado” y que es probable que salga.

Desde RN son más bien cautos. Aunque reconocen que puede haber un cambio de gabinete en los próximos días, advierten de las dificultades que tendrá el gobierno para armarlo. Sectores cercanos a la directiva de Mario Desbordes han defendido la gestión de Blumel pero reconocen que su figura se desgastó internamente y hacia los partidos. Asimismo, hacen ver las dificultades que traería para Desbordes el hecho de que su principal opositor interno, Andrés Allamand, asuma un cargo ministerial. Esa opción, la ven “lejana”.

Desde la disidencia del timonel RN, en tanto, recalcan la importancia de que lleguen figuras con manejo político a Interior y la Segegob. Y concuerdan en la necesidad de hacer una “cirugía mayor” en otros ministerios.

Caras nuevas vs presidencializar el gabinete

Para el director de Criteria, Cristián Valdivieso, el gobierno necesita un gabinete que siga propiciando el diálogo, no solo con la oposición sino que, más que nunca, con su propia coalición. En esa línea, frente a la disyuntiva de un gabinete con más figuras con experiencia en política versus uno con caras nuevas, Valdivieso se queda con lo segundo.

Un gabinete que esté centrado en figuras con más autoridad o peso político pero que polarizan, va a terminar siendo un gran error. Eso provocaría que el gobierno se atrinchere más y se aleje de la ciudadanía. Un cambio de ministros debe tener un cierto tonelaje político pero fundamentalmente capacidad de diálogo para tender acuerdos y también un cierto pragmatismo más que un ideologismo. No vienen tiempos donde atrincherarse en tus ideas sea fácil”, comenta el director de Criteria.

El gerente de Asuntos Públicos de Cadem, Roberto Izikson, recuerda que el 2011, en su primer gobierno, Piñera tuvo que hacer cambios importantes en el gabinete luego del movimiento estudiantil y ahí entraron personas como Allamand, Matthei, Pablo Longueira y Andrés Chadwick al gabinete. Pero que no ve liderazgos en el Congreso que ordenen a los partidos.

Si es que Piñera hace el cambio -cree que lo haría como señal a su sector-, de todos los modelos cree que una buena opción “es apostar por un gabinete como sí se hizo el 2011 en otro sentido, el de tener ministros presidenciables -entonces estaban Golborne, Allamand, Matthei y Longueira-, y ahora no los hay. Mi opinión es que entonces habría que dar señales de poder a los partidos, y eso pasa por tener un gabinete que tenga, directa o indirectamente, a posibles sucesores del 2021. Eso daría una señal de continuidad y ayudaría a ordenar los partidos antes de que entren a la municipal y asambleísta de abril, y a las parlamentarias y presidenciales. Me parece que esta sería la forma de entenderse con los partidos en esta crisis de desconfianzas y rivalidades”.

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