Dieciséis años de prontuario y 119 aprehensiones: la historia del delincuente con más detenciones en Chile

Imagen referencial. Foto: Agencia Uno

En el ranking de antisociales que entregó Carabineros, hay uno que se escapa por lejos. Se trata de Daniel Ulloa Castillo (30), un ladrón que la policía uniformada de Concepción conoce bien y que ha sido imputado por robo con violencia, microtráfico y porte de arma blanca, entre otros ilícitos. Para algunos expertos, el caso encarna la paradoja del sistema penal. Un dato cierto: este año ya ha sido detenido dos veces, pero está libre.




Los vecinos de la población Porvenir, en Chiguayante, abren los ojos cuando se enteran del triste récord de uno de los suyos: Daniel Ulloa Castillo (30), es el chileno que más detenciones acumula en el país, 119 y sumando.

El último arresto de Ulloa, conocido localmente como el ´Pichingue´, ocurrió apenas hace dos semanas, la madrugada del 20 de febrero. Esa noche, Carabineros de Concepción acudió a un llamado por una alarma que se activó en un local comercial de la calle Caupolicán, en pleno centro penquista. Al llegar al local invadido se encontraron, otra vez, con Ulloa.

Su historial es extenso; su rostro, reconocido por fiscales, policías y gendarmes. Los registros del Ministerio Público confirman que comenzó a delinquir en 2005, cuando tenía apenas 14 años. Hoy, 16 años después, suma en su abultado prontuario diversos delitos, que van desde el robo con violencia, robo en lugares públicos y en lugar habitado, hurto simple, microtráfico, porte de drogas, porte de arma blanca y receptación.

Ulloa ha sido formalizado en 63 ocasiones, 20 de ellas como mayor de edad. Pero solo una vez, en agosto de 2018, fue condenado a una pena efectiva de cárcel. En aquella ocasión se le castigó por tres años y un día privación de libertad, tras cometer el mismo delito que hoy lo tiene enfrentando a la justicia: robo en lugar no habitado.

“El 25 de agosto del año 2018, alrededor de las 06.15 de la madrugada, Daniel Fernando Ulloa Castillo llegó hasta el local comercial ‘Del Pedregal’, en calle Maipú 679, Concepción. Mediante un objeto contundente procedió a forzar la puerta metálica de acceso para luego ingresar al local. Una vez en su interior, lo registró, para luego sustraer la suma de $ 50.000 en dinero en efectivo, que se guardaban en las gavetas de recaudación del citado local comercial, además un parlante de música para posteriormente huir del lugar con las especies sustraídas, siendo detenido minutos más tarde, por personal de carabineros”, se narra en el relato de formalización que Carabineros entregó a la fiscalía.

Así, casi siempre en flagrancia, han sido las detenciones que Daniel Ulloa ha enfrentado. Por eso, a pocos sorprende que otra vez esté en problemas. De hecho, el último de sus atracos lo realizó mientras cumplía una orden de arresto domiciliario nocturno por el mismo delito que había cometido hace apenas 12 días. Fue un robo, también en el centro de la ciudad, en el que fue sorprendido junto a otro delincuente dentro de un local comercial.

La vida de este antisocial ha sido un permanente ir y venir entre calabozos, audiencias y la calle. Con una recurrencia mayor durante su juventud: allí, en sus inicios, fue cuando más detenciones registró, acumulando 90 entre 2005 y 2009. Luego, mayor de edad y con la ficha de reincidente, el Ministerio Público comenzó a enviarlo a prisión preventiva. No sirvió mucho: pese a permanecer varios meses encarcelado, en distintos períodos, cada vez que estuvo libre volvió a robar. Así, fue detenido seis veces en 2010, dos en 2011, siete en 2012, dos en 2014, dos en 2016, cuatro en 2017, tres en 2018 –en la última acabó en la cárcel- y una en 2021.

Vida marginal

El sector La Leonera, en Chiguayante, es uno de los más estigmatizados en la provincia de Concepción. Ahí, en la población Porvenir, fue donde Daniel Ulloa creció. Los barrios que componen la zona se levantaron en la ribera del río Biobío e, históricamente, sus habitantes han sufrido con la marginalidad y el hacinamiento. La gran mayoría de los vecinos son trabajadores y obreros, pero la drogadicción y el alcoholismo también afectan a un nutrido grupo que pasa la mayor parte del tiempo en la calle.

Ulloa pasó toda su infancia en la calle, recuerdan quienes lo conocen, en una vida marcada por las carencias y el abandono. Siempre buscaba algo que hacer, junto a los otros niños que, a diferencia de él, sí asistían a la escuela.

“Desde niño lo recuerdo muy pobre, venía de una familia muy disfuncional, donde todos eran más bravos que él. Siempre andaba sucio, descalzo y le corrían los mocos de la nariz”, cuenta uno de sus vecinos.

Su vulnerabilidad y abandono son patentes. En el informe de notas del Ministerio de Educación se da cuenta que nunca asistió al colegio. Al menos, no siendo niño. En 2006, cuando tenía 14 años, estando en el Sename, cursó primero básico en la escuela para adultos PROMAS de Coronel, aprobando los niveles con nota 5,0. Sus mejores ramos fueron Iniciación de los Metales (5,8) y Matemáticas (5,2).

Al año siguiente, quiso continuar sus estudios, esta vez en el centro Induscap de Concepción, pero no lo consiguió: reprobó el segundo básico con un 3,4; todas sus evaluaciones fueron nota roja. Recién en 2019, estando en la cárcel, consiguió finalizar ese nivel en la Escuela Libertador General de Arauco, donde fue promovido con un 5,0.

Daniel Ulloa, el delincuente con más detenciones en Chile.

“Ninguna cárcel sirve como herramienta de resocialización, a lo único que podemos aspirar allí es a evitar la desocialización. El sistema chileno ha recortado sistemáticamente recursos para la reinserción social y, en cambio, sí ha puesto fondos para comprar armas”, dice Jörg Stippel, doctor en Derecho y docente de la Universidad Central.

“Guatón Lavadora”

En su hoja de vida consta que la mayoría de los delitos por los que ha sido detenido Ulloa tienen que ver con robos en supermercados y tiendas del retail. En la jerga delictual, un mechero. Pero pronto comenzó a mudar de crimen, cambiando a los asaltos en lugares habitados y no habitados. Pasó a ser un “doméstico”, como se les dice en la calle a quienes roban en casas.

Según la información de Carabineros, Ulloa registra 17 cómplices individualizados en su hoja de vida delictual. En los expedientes del Poder Judicial, en tanto, se registra que la mayoría de las formalizaciones ocurrieron en flagrancia, es decir, lo atraparon cometiendo el delito o pocos minutos después de ocurrido.

“En el contexto comunal, este sujeto es uno de los más conocidos por nuestro personal policial, tanto por la gran cantidad de detenciones que se le han hecho, como por otras situaciones donde se le ha referido a él como autor de algún delito”, asegura el capitán Alexis Silva Manríquez, comisario de la Séptima Comisaría de Chiguayante.

En esa comisaría conocen al dedillo a Ulloa. Y destacan que, aunque en su registro aparecen 119 detenciones, sus entradas y salidas del calabozo son todavía más.

Por eso, sus vecinos creen que él es la “carne de cañón” entre sus colegas delincuentes. “Aquí lo conocen, porque robaba balones de gas en las casas, pero ni siquiera puedo decir que es un ‘doméstico’. Es una persona drogadicta, que se mete a las casas o revienta los autos para robar y así conseguir la plata para consumir pasta base. Yo creo que como anda drogado, es gordo y muy poco ágil, siempre lo terminan atrapando a él. Se sabe que roba en grupos, pero siempre cargan al más gil”.

Cierto o no, real es que mientras estuvo apresado se transformó en un peón de otros reclusos; un ‘perro’, como le llaman en la cárcel. Prueba de ello es, por ejemplo, el apodo que Ulloa recibió en prisión: “Guatón Lavadora”, según consta en los informes de Gendarmería. “Lavadora” se llama a los reos que deben prestar un tipo de servidumbre a otros reclusos, de mayor jerarquía dentro de las sociedades carcelarias.

Además, se le incautaron en diversas ocasiones armas blancas, una vez un celular y otra vez 23,5 gramos de marihuana. “Muchas veces, estas personas viven las mismas vulneraciones que estando afuera. Son soldados de los líderes de las bandas, y mientras estos líderes acceden a beneficios por sus buenas conductas, son personas como Ulloa quienes deben hacer el ‘trabajo sucio’, como pelearse contra bandas rivales o transportar las drogas”, dice la socióloga Talya Irarrázabal, del Departamento de Control Penitenciario de Gendarmería.

Para muchos, el amplio prontuario y las constantes reincidencias de Daniel Ulloa lo hacen un peligro para la sociedad. Sin embargo, desde el punto de vista penal, no lo es. José Henríquez Muñiz, abogado penalista y director de la Asociación Pensamiento Penal Chile, explica cómo la justicia evalúa estos casos.

“Resulta desproporcionado pensar que, por el hecho de mantener un gran número de detenciones esa persona sea un peligro para la sociedad, principalmente porque las detenciones pueden darse en un contexto de comisión de un delito, como también en otros contextos de mero control de identidad, que no conlleva responsabilidad de ningún tipo”, explica Henríquez.

Y profundiza: “Ahora, si hablamos meramente de detenciones por comisión de supuestos delitos, se debe considerar que el imputado mantiene incólume su presunción de inocencia durante todo el proceso, mientras no exista una condena en su contra. Además, se debe considerar qué tipo de delito habría cometido, uno grave o uno de menor lesividad social, como asimismo ver si existen antecedentes que permitan entender que la persona mantiene un arraigo familiar, laboral y comunitario. Entonces, como se ve, para calificar a alguien como peligroso para la sociedad, se deben considerar muchos más factores que las detenciones que consten en un registro”.

¿Puerta giratoria?

Siempre que salió de sus detenciones, Daniel Ulloa volvió a delinquir. No una, ni dos, sino tres procesos mantiene abiertos desde que cumplió su última condena, el año pasado. Su caso representa la gran paradoja del sistema penal, pues, pese a que existen diversos programas de intervención social, los reclusos pueden acceder a ellos a partir de un año de encarcelamiento.

“El 24 de julio de 2020 ingresó al Programa de Intervención Especializada (PPL), siendo valorado con un nivel de Riesgo de Reincidencia Alto. De este programa salió el 30 de agosto de 2020, sin acceder a intervención psicosocial, siendo egresado por Traslado al C.C.P. (Centro de Cumplimiento Penitenciario) Biobío”, explican desde Gendarmería.

Tras su traslado, él mismo se negó a recibir apoyo. “De acuerdo a lo informado por la Encargada Técnica Local (S) del C.C.P. Biobío, registra ingreso el 30 de agosto de 2020, proveniente desde el CDP de Arauco. Egresó el 26 de agosto 2021, por cumplimiento de condena. No reporta participación en actividades en el área de reinserción social, presentando renuncia voluntaria, con fecha el 20 de abril de 2021. No registra en el C.C.P. Biobío actividad laboral como trabajador dependiente/independiente formalizado”, profundiza la institución penal.

Talya Irarrázaval, socióloga de Gendarmería, revela un secreto a voces: “Muchos presos entienden que, llegado un plazo, ya no necesitan continuar en programas de reinserción, pues saben que les queda poco tiempo en la cárcel”.

Jörg Stippel dice que el problema es más profundo que solo un tema penal. “Si vas a las cárceles chilenas, te encuentras con un gran porcentaje de presos que delinquen desde su juventud. Han caído al Sename, nadie se preocupó de ellos y luego salen de los centros con el estigma de ser delincuente y es evidente que eso no mejora sus posibilidades de integración al mercado laboral”, explica el investigador de la U. Central. Ulloa encaja perfectamente con esta triste descripción.

Pero hay quienes creen que sí puede existir la reinserción. Una de ellas Altair Núñez, fundadora de la empresa Deco Feng, ha comenzado a dar otras oportunidades de reinserción a los reos. Con su empresa de decoración, está enseñando el feng shui (técnica china de ocupación consciente y armónica del espacio) para entregarles un nuevo oficio a personas que han cometido algún delito.

Ha visto de todo, dice, pero asegura que muchos de los presos no quieren volver a la cárcel. “Generalmente, la gente que está en la cárcel es por las malas vivencias de sus infancias y eso hace que ellos caigan en la delincuencia. Yo sí creo en la reinserción laboral y por eso les doy la oportunidad de que aprendan a hacer arte, para que el día de mañana, si nadie les da empleo, puedan crear algo con sus manos y que puedan emprender sin tener que volver a caer en la delincuencia”, asegura.

Con el constante vaivén entre la comisaría y el juzgado de garantía, Carabineros se mantiene alerta ante los ilícitos que comete Ulloa. “Entendemos que gran parte de los delitos que este sujeto ha cometido pertenecen a los de mayor connotación social; por lo mismo, hemos debido realizar servicios dinámicos y focalizados, centrando nuestros esfuerzos y recursos en la zona donde operan”, remata el capitán Alexis Silva Manríquez.

Aunque parezca una bomba de tiempo, por ahora, el ladrón con más detenciones en Chile camina en libertad.

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