Las cifras que alejan a Isla de Pascua del turismo: solo el 56,5% ha completado su esquema de vacunación

Cerrados al turismo desde marzo de 2020, los rapanui se quedaron sin su principal fuente de ingresos. Han tenido que reinventarse, e incluso, volver al trueque. Y si bien algunos añoran la reactivación del aeropuerto, la fecha se ve lejana: hay rechazo a la campaña de inmunización, el hospital necesita equiparse para tratar casos complejos y recién se está elaborando un protocolo con las condiciones para el arribo de visitantes. ¿Cuándo podrían recibir visitantes, nuevamente? No antes de 2022, dice el alcalde de Isla de Pascua.




A comienzos del año pasado, cuando comenzó la pandemia en Chile, Isla de Pascua cerró su frontera aérea y no supo más del turismo. Así, tras 20 años en auge dedicados al rubro, los 150 mil visitantes que recibía por año desaparecieron del mapa. Y los 8.277 rapanuis, continentales y extranjeros residentes hoy tienen la isla para ellos solos.

En lo que va de la emergencia sanitaria, la isla ha registrado solo nueve casos de coronavirus. Los últimos cuatro en septiembre del año pasado. Todos los contagios llegaron desde el continente y fueron controlados. Y desde entonces, un grupo de isleños se ha opuesto férreamente al arribo de no residentes, incluso, tomándose la losa del aeropuerto.

Privados del turismo, los rapanui se volcaron a iniciativas autosustentables, lo que junto a emprendimientos locales redujo el desempleo del 42% alcanzado a mediados de 2020 (prepandemia era del 8%) a un 28% en la actualidad. Así han proliferado los huertos -que permiten paliar el incremento del 32% en el precio de frutas y verduras, desde 2018- y se ha reinstalado la práctica ancestral del Umaŋa, de ayuda colectiva en la isla, que facilita el intercambio de productos a modo de trueque.

El programa municipal Pro Empleo, por ejemplo, ha dado trabajo a 800 personas en distintas iniciativas, como el cultivo de alimentos. Felipe Rivera, encargado de los huertos, cuenta que en 2020 plantaron 506 y que este año sumarán otros 500.

“La iniciativa ha permitido impulsar la soberanía alimentaria para potenciar la sostenibilidad local”, destaca Rivera.

Otras personas fueron empleadas por el municipio en reciclaje, limpieza de mar y playas. Todos trabajan media jornada y ganan, en su mayoría, $ 300 mil. A los directores de cuadrilla se les paga un poco más ($ 400 mil).

La reinvención del turismo

Los grandes hoteles como el Hare Uta, el Explora, el Hanga Roa y el Altiplánico cerraron sus puertas. Mientras que los más pequeños arriendan espacios a los mismos residentes.

Uko Tongariki Tuki, director de Turismo de Rapa Nui, explica la “reinvención” de restaurantes y alojamientos: “Empresarios turísticos invirtieron y compraron food trucks, para vender completos o hamburguesas de atún. Los centros de eventos empezaron a hacer noches temáticas, de salsa, y los restaurantes comenzaron a ofrecer comidas especiales, para el día de la mamá o el papá”.

Antes de la pandemia, Javiera Tuki (28) comunicadora rapanui, arrendaba su cabaña a través de Airbnb y ganaba unos $ 800 mil mensuales, mientras se dedicaba a viajar por el mundo. Cuando llegó el virus, justo estaba de visita en la isla y no le quedó otra que quedarse. Volvió a arrendar la cabaña, pero esta vez a una residente, a $ 250 mil.

“Somos privilegiados de vivir sin coronavirus. De compartir con amigos y salir a la calle”, señala Tuki. Pues si bien el toque de queda rige en el territorio, como no hay casos, en la práctica es como si no existiera. El ritmo de vida, agrega, “ahora es mucho más relajado. Al principio era extraño ir a la playa y no encontrarte con mucha gente. O realizar la Tapati -fiesta tradicional- solo con gente de la isla”.

¿Y la apertura?

Si bien en estos 17 meses de pandemia los rapanui han capeado la emergencia, muchos aspiran a que se pueda normalizar la situación y que se reabran las fronteras. Pero se ve lejano. Actualmente, según las cifras de la Seremi de Salud de Valparaíso, en Isla de Pascua la cobertura de vacunación -dos dosis- es del 56,5% y está entre las cuatro más bajas del país, solo superando a Colchane, General Lagos y Alto Biobío.

El alcalde Pedro Edmunds (PRO) admite que es “un porcentaje muy bajo para el momento en que estamos. Esto tiene que ver con la cultura polinésica. Si ves lo que pasa en Tahití, también tienen un bajo porcentaje de inoculación. No están ni ahí con vacunarse. Es parte de la cultura, del etnocentrismo, de ‘quién me viene a mandar’. En la isla la mitad no está ni ahí”.

El delegado presidencial en la isla, René de la Puente, explica que “hay gente que no cree en la vacuna, hay mucha propaganda en contra y, como no hay Covid en la isla, existe una falsa sensación de seguridad local. Estamos trabajando en una campaña para insistir en la necesidad de que todos estén vacunados pronto, con acciones en los medios locales y con testimonios orientados al público más joven. Por ejemplo, para viajar desde el continente te exigen el Pase de Movilidad. Lo vamos a poner como requisito de salida también”.

Una de los rapanui que no se ha vacunado es Ruty Pakomio, de la agrupación Nación Maohi Rapa Nui Ngavi’e. Al respecto, dice que “estamos en nuestra tierra sin Covid, ¿por qué nos tendríamos que vacunar? ¿Para sacrificarnos por el dinero?”.

Según Carlos Schlack, médico municipal, la vacunación se ha ralentizado por varios factores. Uno es “la resistencia al proceso, ya sea por mitos o capricho, igual que en todo el mundo”. Y también dice que “falta un poco más de proactividad en los ‘administradores’ de la vacuna”, quienes “no han salido del recinto hospitalario para hacer la vacunación”.

Al respecto, Alejandro Dinamarca, doctor en Biología Molecular de la Universidad de Valparaíso, dice que “es un riesgo el bajo porcentaje de personas vacunadas ante una eventual apertura y aumento de tránsito hacia la isla. En este caso es fundamental avanzar a la inmunización y hacer un monitoreo activo de la circulación del virus a nivel poblacional mediante la detección de trazas del virus, por ejemplo, en aguas servidas”.

El alcalde Edmunds adelantó que se ha convocado a un cabildo, el 19 de agosto, para conversar sobre salud y sobre “emociones, psicología y miedos. Hay que borrar los miedos. Hoy la información está. No deben existir más miedos”, señala. Además, prepara una campaña municipal para llamar a la conciencia de las personas frente a la vacunación.

Edmunds también afirma que hoy están viviendo con recursos municipales y regionales. “Ya hipotequé dos años de inversión en favor de la comunidad. Esto debe terminar en diciembre. Hay mucha gente que se está sustentando del día a día, viviendo a lo polinésico, no veo que eso se pueda seguir haciendo un año más. La isla debe ir abriéndose de a poco”.

Pero, localmente, las reglas están claras. La isla no se abre hasta que ocurran dos cosas: que la Región Metropolitana esté en Paso 4 y que la vacunación alcance un 80% u 85% de cobertura. De ahí a que proyecten una reapertura para enero o marzo de 2022.

En ese contexto, el delegado De la Puente dice que se está trabajando un protocolo de ingreso de los visitantes, pero que “mientras el hospital no tenga capacidad para soportar el ingreso del virus a la isla, va a ser muy difícil convencer a la población de que podamos abrirla”.

El tema, señala, lo han conversado con el Minsal. “Se está esperando que bajen un poco los índices en el continente para ver acciones en el corto plazo, como brindar equipamiento básico para el hospital y establecer protocolos de evacuación de eventuales contagiados de la isla”. Hoy en el hospital, detalla, “la máquina de oxígeno está mala. Hay cuatro ventiladores, pero hay problema de infraestructura y aislamiento para tener camas críticas. Además faltan especialistas”.

La rapanui Ruty Pakomio mira con preocupación la reactivación del aeropuerto para turistas: “no hay que apurarse. Antes de la pandemia estábamos todos corriendo a mil por hora y destruyendo nuestro medioambiente, nuestro clima, nuestra tierra. Este tiempo ha servido para que se recompongan la tierra, el mar y las personas”.

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