Luis Miguel cumple 40 años de carrera: el niño sin sonrisa convertido en mito

El artista llega este viernes 21 a las cuatro décadas de trayectoria, convertido en el artista hispanohablante más significativo de fines del siglo XX, no sólo por sus cifras y sus millones: también por lo que simboliza. Además, sus fans en la región preparan una serie de celebraciones.




El paralelo es válido. Si parte del imaginario romántico del siglo XX fue diseñado por Disney con sus príncipes, sus princesas y sus castillos -todo tan idealizado, tan colorido, tan correcto, tan ensoñado-, en el caso latinoamericano parte de ese universo le pertenece a Luis Miguel. Al menos para un par de generaciones que crecieron entre los 80 y los 90, el ídolo mexicano es el modelo siglo XX del galán que se entrega al amor atendiendo tanto a sus pizcas de sufrimiento como de pasión, en una figura replicada durante años en pósters, tapas de revistas, carátulas de discos y todo lo que pudiese reproducir su rostro a momentos desafiante y en otros vulnerable.

Un trayecto que justo mañana capitaliza 40 años. El 21 de enero de 1982, el artista lanzó su álbum debut, 1 + 1 = 2 enamorados, el que lo presentó al continente -melena, mirada seria pero ingenua, rostro aún imberbe- y que simbolizó la primera señal del fenómeno sin contrapesos en que se convertiría más tarde.

De hecho, en algunos países ese disco fue promocionado como El sol: desde un comienzo tanto él como su gente tuvo fe en lo que vendría. Nadie sin demasiada confianza en sí mismo se llega a bautizar como el astro rey.

Pero Luis Miguel ya ostentaba algo de trayectoria antes de su debut discográfico a los once años. Ya declaraba un camino recorrido y podía narrar historias de shows y negocio que son más propias de los veteranos. Todo gracias a una presencia hegemónica en su cuna artística: su padre Luisito Rey.

Cuando a principios de los años 80 su familia se radicó en Ciudad de México, el progenitor estaba dispuesto a catapultarse como estrella. Pero observa que su hijo tiene un potencial innegable: ahí hay algo cercano a una mina de oro. Lo entrena, lo adiestra en algunas técnicas, le dice cómo es eso de pararse frente a un público desconocido. En rigor, se lo lleva de compañía y telonero para sus propias presentaciones.

En 1981, el actor mexicano Andrés García (vecino de la familia y a quien Luismi llamaba tío) invita a Luisito Rey a presentarse junto a su hijo en medio de un espectáculo en un cabaret en Ciudad Juárez. Casi en la frontera más intensa del planeta, como si ello también hubiera significado un antes y después en su propio destino, Micky debuta frente a un público de 600 personas cantando La malagueña, con su padre acompañándolo en guitarra. Causa furor e impacto.

Fue el gran clic: el patriarca se da cuenta que hay que redistribuir esfuerzos y concentrar las fichas en su hijo, y no al revés. En ese mismo viaje, ambos se presentan en TV en un programa de Canal 44 de la ciudad.

De retorno en Ciudad de México, el pequeño intérprete es entrevistado por el productor de Televisa Mario De La Piedra, así como invitado a interpretar algunas canciones en la boda de Paulina López Portillo, hija del presidente de México en ese momento, José López Portillo.

En esa cita hay otro clic: están presentes David Stockling, Miguel Reyes y Jaime Ortiz Pino, todos máximos ejecutivos de la discográfica EMI en México. Ofrecerle un contrato y empezar a trabajarlo como un artista “nuevo” y “en desarrollo” fue sólo cuestión de tiempo.

Ese mismo año 81, el futuro Sol está en los estudios de la disquera para materializar su primer álbum, lleno de composiciones ajenas, un set de autores que se le armó especialmente para su lucimiento y donde destacan Juan Gabriel, ya por esos años una estrella en su país (el fallecido cantante cedió Lo que me gusta).

Sin relajos

Según sus principales biografías -y atendiendo además al carácter y el aplomo que desarrollaría posteriormente-, el artista no dio muestras de nerviosismo cuando debió registrar sus primeras canciones. De hecho, siempre se mostró serio y sin titubeos, riéndose poco, actitud casi en las antípodas de un niño cualquiera. Luisito Rey -que aportó con el track Hay un algo- era por lejos el más ansioso.

El título sale a la calle en formato casete el jueves 21 de enero del año 82, con una conferencia de prensa en la sede de EMI México donde se presenta al artista en grande, como la promesa musical de su nación, aunque con un pequeño truco: en los comunicados biográficos que se entregan a la prensa se lo recalca como mexicano nacido en el puerto de Veracruz, cuando en realidad había nacido en 1970 en San Juan, Puerto Rico.

La idea, naturalmente, vino de parte de su padre: sentía que, si se decía la verdad, la prensa del DF lo miraría con cierta distancia y desdén. O al menos con indiferencia: un extranjero más que intenta conquistar el mercado nacional.

Pero papá no sólo se encargó de camuflar esos baches, sino que también de que el nombre de su hijo se posicionara rápido en el medio. De esa forma, tres días antes de la salida del trabajo, consigue que debute en solitario en televisión en el programa de mayor éxito en la pantalla de su nación, Siempre en Domingo, con Raúl Velasco. Interprete dos temas, Hay un algo y 1+1= 2 enamorados.

Ahí estalla otro clic: su performance despierta la atención de todos y pronto telefonean de otros rincones de la región para que también vaya a sus respectivos espacios televisivos.

Su título debut configuró todo lo que vendría para el mayor astro de la música en español de las últimas cuatro décadas. Sus 40 años de carrera también son 40 años que difícilmente otro nombre puede llegar a igualar: la perfecta dosis entre talento interpretativo, canciones memorables y una vida cubierta por el misterio.

De hecho, Micky sigue hoy, a sus 51 años, aferrado a esos vértices. Las tres temporadas de su serie biográfica en Netflix lo situaron como un mito, un personaje en el que poco importa su carrera actual, subyugado a una serie de leyendas de su vida personal que fueron analizadas con detalle y pasión por miles de fanáticas y fanáticos, desde la propia relación con su padre, hasta su sordera y sus problemas financieros.

Como un recorrido circular, la producción para la plataforma de streaming le habría permitido llegar a las cuatro décadas discográficas con un buen pasar económico y sepultando sus turbulencias de antaño. Así al menos lo dijo en TV Azteca el empresario mexicano Carlos Bremer, quien ayudó al hombre de La Incondicional a saldar tales apremios.

“Él aprovechó la oportunidad, limpió todos sus errores y hoy por hoy quedó muy bien con todo el mundo, le cumplió a sus adeudos a todo mundo y volvió a darnos la emoción de volverlo a tener como el grande que es. Resucitó sus canciones, que es algo que la verdad cuando hicimos el plan de rescate no lo teníamos visto”, detalló.

Es verdad: Luis Miguel resucitó en la memoria colectiva, tanto a nivel musical como a través la imagen del artista herido por su pasado familiar y por su presente rebalsado en fama y celebridad. Incluso, en los últimos días en la prensa mexicana han circulado sus últimas fotografías, capturadas supuestamente en Miami, tanto en un restaurante como en una agencia de autos. En ambas se le ve más delgado y saludable, lejos de cierta imagen abotagada exhibida en sus últimos años, sobre todo en conciertos.

Como fuere, sus fans alistan para este viernes 21 la celebración por sus 40 años en la ruta. Por ejemplo, a las 19 horas se emitirá un especial en vivo en YouTube, en el canal 40TrayectoriaLM, con enlaces con seguidores en distintos puntos del planeta. Se puede ver aquí.

También hay una iniciativa vía Google Maps, donde se podrán ver mensajes de felicitaciones de los fanáticos desde distintas partes del mundo. Finalmente, habrá una maratón radial con música del protagonista desde las 12.00 am (Ciudad de México) a través de este enlace. Más información a través de las redes del evento en el Facebook, Instagram o Twitter 40TrayectoriaLM.

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