Mañalich, 90 días después: Qué se sabe (y no) de sus contactos con Piñera, con Paris, de su salida y sus planes

El ex Ministro de Salud, Jaime Mañalich realiza un punto de prensa luego de su renuncia a su cargo.

Pasado mañana expira el plazo para que pueda ser acusado o no constitucionalmente. En paralelo hay una investigación penal sobre las muertes por COVID-19 que lo tiene a él y al Presidente con abogados. Con él sigue conversado, pero no hay una sola versión sobre si el Mandatario le pide o no su parecer sobre el manejo de la crisis. Él y su sucesor parecen ser los únicos contactos que mantiene con el gobierno. No ha vuelto a hablar ni con Cristián Larroulet ni con Karla Rubilar. Y podría terminar con su silencio público a contar del 31 de octubre: en marzo quiere volver a hacer clases.




Hoy se cumplen exactamente noventa días desde que a las 13:39 de ese sábado 13 de junio se despidió diciendo que “he llegado personalmente al convencimiento de que esta nueva etapa de la lucha contra el coronavirus requiere un nuevo liderazgo", que el Presidente “ha aceptado mi renuncia” y que “predigo, me atrevo a decir, que en las próximas semanas vamos a tener un estrés, una tensión sobre la red asistencial aún mayor”.

Después de ese punto de prensa en el que no aceptó preguntas, desapareció de escena -su última foto conocida se tomó ese día, y encabeza este texto-, dejando muchas dudas sobre cómo se precipitó su salida.

En dos días más expirará el plazo establecido por el artículo 52 de la Constitución para que lo puedan acusar constitucionalmente; al momento de publicar esta nota, en el Frente Amplio decían tener las diez firmas necesarias para iniciar el proceso. Por otro carril corre la investigación penal sobre las muertes por COVID-19 que lo tiene a él y al mandatario Sebastián Piñera con defensa judicial.

Noventa días después de su caída, Jaime Mañalich Muxi ha guardado silencio público, sin dar entrevistas (su gente dice que ha rehusado cerca de medio centenar de solicitudes de medios nacionales, argentinos y estadounidenses) ni aparecer en matinales. Sólo retomó hace pocos días su cuenta de Twitter, que cerró poco antes de salir.

Desde entonces, el nefrólogo es una suerte de misterio para varios en el gobierno. Durante este tiempo se han sucedido distintas y contradictorias versiones sobre cuánto sigue hablando con el Ejecutivo sobre el manejo de esta crisis, aunque en un punto confluyen hasta ahora los testimonios: salvo el Jefe de Estado y Enrique Paris, a quien él mismo recomendó como su sucesor, Mañalich y La Moneda ya no tienen contacto.

Un contraste con el “homenaje” que le hicieron más de treinta exministras y ministros, ex compañeros suyos en Piñera I, cuando publicaron una carta en El Mercurio que no logró unanimidad en ese grupo. Que se sepa, hasta ahora el gobierno no le brindó una despedida porque dijeron que la pandemia lo impedía. Y el Presidente -sostienen en su equipo- no aplicó en su caso el hábito de ofrecerle otra destinación en su gobierno.

El detalle exacto de cuánto y de qué conversan Piñera y Mañalich es algo que solo lo saben ellos. Hace menos de un mes, las versiones recogidas en Palacio decían que conversaban casi todas las semanas y que además de preguntarle por su familia -los amigos del exministro recalcan que tanto a él como a Cecilia Morel les preocupa su esposa María Cristina Raffo-, también lo ha hecho sobre aspectos puntuales de la pandemia.

En La Moneda citaban entonces los preparativos del plan de desconfinamiento. Hacia mediados de julio, un grupo de ministros fue testigo presencial de cómo Piñera les relataba que había consultado diversas opiniones, y que Mañalich fue una de las personas a las que le había mostrado el borrador del programa para saber su parecer. Hechas las consultas esta semana, en los anillos más cercanos al Presidente responden que los dos siguen conversando, aunque sin detalles.

Los testimonios cercanos al exministro dicen que “sigue" hablando con el mandatario, pero que “nunca” han siquiera intercambiado una opinión sobre la pandemia. Mañalich ve casi todos los balances públicos del Minsal (los “matinales” que hizo debutar su sucesor y que hicieron evidente un estilo mediático opuesto al suyo). Pero según su gente, él trazó una frontera clara al salir: no involucrarse en nada de lo mismo que antes llegó a controlar sin contrapesos.

FOTO: AILEN DIAZ/AGENCIAUNO

Estas mismas versiones explican que el médico se comprometió con Piñera a mantenerse completamente al margen, porque así tenía que ser si él mismo le había propuesto a Enrique Paris como su reemplazo dos semanas antes de salir. Ese compromiso, recuerdan, fue para darle espacio al hoy jefe del Minsal.

El compromiso es hasta el 31 de octubre, fecha que se fijó Mañalich como un “desde” para volver a hablar. Estará entonces disponible para aportar, dicen los suyos, en lo que le pidan. Una de las razones del plazo es que para entonces podría haber más claridades sobre el año académico universitario 2021. El exministro desea volver a hacer clases (antes lo ha hecho en las universidades de Chile y del Desarrollo) a partir de marzo, en asignaturas relacionadas sobre la administración en salud.

En el intertanto, Mañalich ha impartido conferencias y charlas privadas por zoom a grupos de una veintena de personas por vez, para las que no cobra. La semana pasada hizo una sobre telemedicina, y las próximas serán sobre el impacto del temor al virus y el devenir de futuras vacunas. En su círculo reiteran que quiso tomarse un “año sabático”, pero que aparte de descansar ha estado estudiando “mucho”, no solo para volver a enseñar sino porque sabe que los constantes cambios sobre la pandemia lo obligan a estar al día sobre detalles como la inmunidad y las reinfecciones, por ejemplo.

El médico no ha salido de Santiago y prácticamente no sale de su domicilio. Sigue en modo cuarentena porque su esposa y él están en grupo de riesgo.

Paris, el Segundo Piso y otras intrigas

Mañalich también hizo un compromiso similar con Paris, de cuyo manejo tiene muy buena opinión. También sigue hablando con él, aunque una de las versiones sostiene que solo puntualmente y que -nuevamente- jamás para incidir o sugerir en su cometido. La última vez que lo llamó fue el domingo pasado, después de su entrevista en Estado Nacional de TVN,

Hechas las consultas en el Minsal acerca de qué tipo de relación tiene Paris con su antecesor y de sus contactos, declinaron precisar argumentando que no lo consideran un dato relevante.

Noventa días después, en el gabinete del ministro y en la cartera siguen trabajando personas leales a Mañalich que él instaló ahí. Además del históricamente fiel subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zúñiga, siguen allá los abogados Jorge Hübner y Jaime González, que aunque llegó junto a Emilio Santelices en 2018, bajo su mando estaba a cargo del contacto con las comisiones legislativas del Congreso. También continúa como asesor el ex diputado PPD Enrique Accorsi -quien ha sido cercano al senador PPD Guido Girardi- y su ex jefe de gabinete, Juan Cataldo (ligado a RN). Y cerca de una decena de integrantes del aparato de prensa.

Con Zúñiga sigue hablando. Con la subsecretaria de Salud Pública, Paula Daza, no.

Las bajas del Batallón Mañalich las encabezan su ex jefa de gabinete Itziar Linazasoro (a quien en el gobierno siguen considerando en parte responsable de que el exministro, cuando estaba en su apogeo, se manejara como una república independiente), su ex jefa de comunicaciones Ana María Morales y el anestesiólogo Andrés Llarena, quien coordinaba los operativos para comprar y traer ventiladores mecánicos.

Casi ninguno de ellos supo sino hasta el mismo sábado 13 de junio que él se iba del Minsal. Mañalich -recuerdan en el Minsal y en La Moneda- amarró casi exclusivamente a solas con Piñera su salida. En su día se dijo que estaba “desgastado” y hubo ministros que supieron un mes antes que quería irse. Pero lo decisivo, reiteran hoy voces del gobierno que vivieron el tema en la primera línea, es que había perdido el poder casi omnímodo que detentó.

Mañalich argumentó entonces y sigue creyendo que las críticas en su contra terminaron politizando la gestión de la pandemia y habían centrado el nervio crítico sobre él, perjudicando el resto del trabajo. Su salida acaeció cuando llovían los cuestionamientos por el manejo de la cifras de fallecidos, cuyo conteo y publicación tuvo marchas adelante y atrás que ahondaron ese clima.

Durante sus últimas semanas esto derivó en la entonces comentada intervención -hasta hoy hay quienes retrucan que fue “una colaboración” y “reforzamiento” a él- del Segundo Piso. Tres asesores -Benjamín Salas, de extrema confianza de Piñera, Ignacio Parot y Pablo Eguiguren- revisaron datos sobre los decesos y su metodología y concentraron reuniones en el Minsal. En esos días hubo versiones que aseguraban que el Presidente “no estaba obteniendo respuestas a todo lo que quería saber”, en días en que la pandemia se agudizaba y se caía en gruesos errores comunicacionales.

Noventa días después, Mañalich no ha vuelto a hablar con el jefe de asesores presidenciales, Cristián Larroulet. Y con nadie más de La Moneda, salvo el Presidente, remarcan los cercanos al doctor.

Tampoco volvió a tener contacto con la hoy ministra de Desarrollo Social, Karla Rubilar; solo hablaron brevemente muy poco después del 13 de junio. Con la entonces portavoz de Palacio tuvo varios encontrones respecto de decretar o no las cuarentenas, pese a que ella ha dicho que le tiene afecto y que él una vez le salvó la vida. Ella es médica salubrista y la mayoría de los choques fueron por diferencias sanitarias y con testigos de primer corte, partiendo por el Presidente y los numerosos asistentes a los comités de crisis diarios que se hacían entonces.

Una de esas escenas ocurrió en la sesión del martes 26 de mayo, cuando Rubilar insistió en que había que decretar cuarentena en San Antonio y Valparaíso, y que había que mantenerla en Antofagasta porque los números al alza. Mañalich se opuso, y los dos se trenzaron en una discusión que subió de tono y volumen. Eso sí, algunas autoridades precisan que “para eso son los comités de crisis”, que hasta Piñera y su ministros discutieron, pero que después todos se ordenaban delante de las cámaras.

La Segegob tuvo otros inconvenientes porque no fue sino hasta el último mes de Mañalich que se pudo romper el candado comunicacional del médico. Hasta entonces ni esa cartera ni la Secretaría de Comunicaciones (Secom) podían coordinar ni menos instruirle pautas de manejo como al resto de las carteras; en ocasiones, dicen, él asentía pero después actuaba según su parecer. También es cierto que en su máximo apogeo tuvo un rol similar a coordinador o jefe interministerial de la pandemia, con poder sobre el resto de sus pares en el gabinete.

Sumado eso a la extrema y antigua confianza y complicidad de Piñera y Mañalich (él siempre ha sostenido que su fidelidad es personal con Piñera, cosa distinta del resto del gobierno y de la derecha, y que cuando asumió el año pasado le “juró y prometió” lealtad a él), su posición sin contrapesos era sabida. Por eso es que algunos en el gobierno recuerdan que al final terminó perdiendo poder.

El dato acá es que ese 13 de junio, minutos después de que Piñera, Mañalich y Paris anunciaran el cambio en el Salón Matta de La Moneda, el saliente ministro y su equipo pasaron un salón cercano. Ahí llegó Rubilar (a quien el Presidente le pidió estar presente esa mañana) para despedirse. Hizo el gesto de extender los brazos como señal de afecto, sabiendo que no podía abrazarlo, pero ahí mismo -aseguran dos versiones, una tercera la niega- la cortó Linazasoro, la jefa de gabinete del caído. Argumentó con frases cortas que no, que el virus lo impedía.

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