Brit Bennett, la nueva estrella de la literatura en EE.UU: “El efecto del racismo es muy tangible y real”

La escritora estadounidense Brit Bennett, de 30 años. Foto: Miranda Barnes

En "La mitad evanescente", que acaba de llegar a librerías chilenas, esta narradora de 30 años explora la identidad racial a través de la historia de dos gemelas que blanquean el color de su piel y que huyen de un pueblo agrícola que reniega de su condición afroamericana. El libro, que llegó al número 1 de los bestseller del New York Times, retrata de manera descarnada la evolución de la sociedad estadounidense. En esta entrevista con La Tercera, Bennett se explaya sobre la novela más elogiada de 2020.




Desiree y Stella Vignes son gemelas inseparables. Tienen cabello ondulado, ojos castaños y su piel clara, aunque ambas esconden un gran secreto. Las hermanas provienen de Mallard, un pueblo agrícola de afroamericanos perdido en el estado de Louisiana, en el que sus habitantes han intentado aclarar el color de su piel generación tras generación. Tal como Michel Jackson, estos ciudadanos negros reniegan de su pasado e intentan escapar de su sangre a como dé lugar. Pero el precio que pagarán por aquello será alto y las gemelas lo saben.

Tan iguales y distintas a la vez, un día ambas deciden escapar en busca de una nueva vida. Cada una sigue su propia ruta: escogen ciudades diametralmente opuestas y ocupaciones disímiles. Pero un día, Desiree decide regresar a Mallard. Y lo hace acompañada de “una niña negra como el carbón, como recién llegada de África”. En el pueblo, todos quedan estupefactos: mientras Stella vive lejos de ahí como una “mujer blanca”, su hermana “se casó con el hombre de piel más oscura que encontró”, con quien tuvo una hija, Jude.

“Uno puede escapar de un pueblo, pero no puede escapar de la sangre. Por alguna razón, las gemelas Vignes se creían capaces tanto de lo uno como de lo otro”, escribe Brit Bennett en La mitad evanescente (Random House), número uno en 2020 en la lista de bestsellers de The New York Times, con más de un millón de copias vendidas en Estados Unidos y ahora disponible en librerías chilenas.

Bennett (California, 1990) y su novela -la segunda que publica tras Las madres- se han convertido en un fenómeno: ella ha sido aclamada por la crítica como una de las voces afroamericanas más lúcidas y provocativas sub 35 -fue portada de la revista Time-, mientras que su última obra ha recibido loas casi unánimes, incluida la de Barack Obama. “Ha nacido una estrella literaria”, sentenció The Wall Street Journal.

“Bennett nos invita a considerar el significado de autenticidad cuando nos enfrentamos con la discriminación por raza, color de piel, sexo u orientación sexual. ¿Qué precio pagamos por ser nosotros mismos? ¿Cuántos de nosotros decidimos escapar de lo que se espera de nosotros?”, escribió The Washington Post. A juicio de esta narradora -cuyos textos han sido publicados por The New Yorker, mientras que HBO prepara una versión audiovisual de La mitad evanescente-, el hecho de que los personajes de su última novela quieran blanquear su piel de alguna manera expone las profundas fracturas de la sociedad estadounidense y retrata de manera descarnada los muros de la intolerancia.

“Todas las novelas son políticas, pero yo estaba interesada en la historia de esta familia, de cómo se rompía, del viaje de las gemelas y de cómo la historia las va afectando”, dice Bennett a La Tercera vía Zoom desde Los Ángeles. Precisamente, la vida cotidiana de Desiree y Stella se entremezclan con acontecimientos claves de la historia reciente de Estados Unidos y un año en particular: 1968, fecha del asesinato de Martin Luther King y Robert Kennedy, del movimiento por los derechos civiles, de las protestas contra la guerra de Vietnam y la elección de Richard Nixon.

¿Cómo surgió la idea central de su novela? ¿Existen realmente pueblos en Estados Unidos donde los afroamericanos intentan blanquear su piel?

La idea del libro surgió después de una conversación con mi madre. Ella creció en Louisiana, donde hay pueblos como el que describo. Un día ella me mencionó esto a la pasada, algo que yo nunca había escuchado, porque crecí en California, en una época completamente distinta a la de mi madre. Así surgió la idea: me pareció muy interesante y daba para escribir una novela.

¿Que exista un pueblo como Mallard, como el que usted menciona en su novela, donde entre los propios afroamericanos sea mal visto ser negro puede leerse como una gran metáfora?

Sí, pienso que sí. Después de tener la conversación con mi madre me interesé en saber esta historia. Pero se volvió más fascinante para mí pensar sobre eso en dos niveles: esta familia que se divide en cuanto al color de piel y raza, y pensar en la idea de esta comunidad que está viviendo como en un tercer espacio racial, fuera del espacio tradicional binario (blancos y negros). Esto último presenta muchas oportunidades, pero a la vez enciende la mecha en muchas otras formas.

¿De qué huyen realmente Stella y Desiree?

Creo que de cosas diferentes. Las dos tenían distintos motivos para huir. Creo que Desiree está yendo hacia algo y Stella huye de algo. Desiree quiere una vida mejor de lo que ella sabe que tendrá en este pequeño pueblo agrícola; Stella escapa de estos recuerdos que la acechan, de las cosas que ella experimentó y fue testigo ahí. Me gusta que ellas dos tengan diversos motivos para correr y las dos malentienden por qué la otra quiere huir, pero al mismo tiempo ambas se entienden. Estas dos mujeres piensan que se conocen, pero son más diferentes de lo que ellas imaginaban.

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La noche en que una de las gemelas regresó a Mallard, en Louisiana, a miles de kilómetros de ahí, en la urbanización más nueva de Brentwood, en California, ocurrió algo “insólito”, que alteró por completo la vida de Stella. En una junta de propietarios, los nuevos y acomodados vecinos se enteraron de que una de las casas del condominio había sido puesta a la venta y que “un hombre de color acababa de hacer una oferta de compra”. Era pleno 1968 y para la comunidad en la que participaba Stella aquello era sencillamente inaceptable.

Stella le imploró a su marido, de muy buen pasar económico, que impidiera la mudanza de un afroamericano en su barrio, porque, además, aquella casa quedaba justo enfrente de la suya. “Stella no sabía qué la inquietaba más, si representarse en una familia de color instalándose ahí o imaginar lo que podía hacerse para impedírselo”, escribe Bennett. Finalmente, el “hombre de color” adquirió la vivienda y la gemela no pudo hacer nada. Lo que ella realmente temía era que su vecino reconociera su piel negra que había blanqueado años atrás.

Imagen: www.goodhousekeeping.com

Cuando la nueva familia se mudó al vecindario, Kennedy -la pequeña hija blanca de Stella- inició de inmediato una amistad con la hija de la nueva vecina, Loretta Walker. Sin pensarlo mucho, rápidamente Stella se entrometió y le repitió a su hija lo mismo que le decía su madre: “¡Nosotros no jugamos con negros!”. Pese a esto, Stella pronto entabló una cercana amistad con Loretta, aunque pensaba que al ser afroamericana, ella intuía su gran secreto.

Usted retrata el racismo entre los propios afroamericanos, tema sumamente incómodo en ciertas sociedades...

Sí, siempre estuve interesada y pensando en el racismo por el color de la piel y pensando en las ramificaciones del color de la piel. Y cómo mis personajes experimentaron esto. En el caso de Jude (la hija de Desiree), por ejemplo, el cómo se sintió ella al tener la piel oscura en el pueblo, donde la gente odia la piel oscura. Quería pensar sobre eso, en las formas en que puedes ser marginalizado y también marginalizar a otras personas. Puedes crear jerarquías dentro de tu propia comunidad, aun cuando tú estás en lo más bajo de tu propia jerarquía. Vemos que eso pasa todo el tiempo en distintas comunidades. En el caso de Jude, cómo ella navegaba a través de esto, habiendo repentinamente terminado en este pueblo, donde tiene que aprender esta nueva ideología sobre el color de la piel, algo en lo que ella no había pensado de esa forma antes.

En ese sentido, Stella vive muerta de miedo y teme que alguien descubra que ella no es blanca, sino que afroamericana…

Lo que Stella ganó es bastante obvio: dinero y poder, acceso y privilegio. Pero lo que ella pierde es mucho más: conexión con su familia, con su hermana e incluso ese sentido sobre sí misma. Ella constantemente editaba las historias sobre su pasado porque no quería revelar ningún indicio de que ella había crecido como una niña negra. Eso impacta sobre ti en el tiempo, el hecho de vivir la vida en una forma en la que tú estás muy paranoica de ser descubierta, tienes miedo de decir algo equivocado. Creo que hay mucha gente que vive así, escondiendo partes de uno mismo, o escondemos cosas a gente que uno no quiere que sepa. Creo que todos vivimos así, más allá de la raza. Esto se volvió interesante para mí: pensar cómo Stella cambia emocionalmente y sicológicamente al tener que vivir en esta disyuntiva, y que está siempre al límite de poder ser descubierta.

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La publicación de La mitad evanescente en Estados Unidos en 2020 coincidió con la ola de protestas tras la muerte de George Floyd, un ciudadano afroamericano de 46 años asesinado a manos de la policía en Minneapolis. Las manifestaciones en repudio a la acción policial se transformaron en las más grandes desde las protestas tras la muerte de Martin Luther King en 1968.

La brutal muerte de Floyd revivió la violencia racial en EE.UU. y la frase “I can’t breath” (No puedo respirar), que repitió al menos 20 veces mientras era reducido por cuatro agentes de la policía, se convirtieron en emblemas del movimiento social antirracial Black Lives Matter. Según The Washington Post, los afroamericanos muertos por la policía -con una tasa de 34 casos por cada millón de habitantes- representan más del doble que los decesos de blancos (14 por millón). Esto, pese a que los negros representan menos del 13% de la población de Estados Unidos.

Usted en su libro alude también al tema de la violencia, incluso en las propias relaciones humanas y cotidianas de sus protagonistas. El debate sobre asuntos de raza y las conversaciones sobre identidad siguen presentes en el mundo actual ¿Qué puede decir sobre las construcciones sociales respecto de la raza?

Creo que esa era la pregunta en la que estaba interesada cuando escribí el libro, pensar en el significado de que la raza es una construcción social, pero el efecto del racismo es muy tangible y real. Así que pensar en alguien como Stella, que se convierte en blanca porque debe tener un trabajo, eso es pasar de una categoría racial a otra. Pero, al mismo tiempo, descubre que eso afecta la vida de otras personas de manera tangible. Para mí, parte del libro fue tratar de desanudar esas contradicciones y lo que significa vivir en esas dos realidades. Ese el fue el gran tema que me motivó.

Foto: AP

En otras entrevistas usted ha dicho que en su vida siempre debió tener conciencia del color de la piel. ¿A qué se refiere?

Creo que te vuelves consciente de las jerarquías. Creo que en la misma forma en que siempre he estado consciente sobre qué significa estar aquí o allá, lo que significa ser hermosa o menos convencionalmente atractiva. Estamos conscientes de jerarquías que existen en diferentes contextos. Y sabemos dónde calzamos en esas jerarquías. Para mí es similar a eso.

Su libro coincidió con las protestas tras el asesinato de George Floyd. ¿Imagino eso fue importante para usted?

Sí, creo que fue extraño ver el libro viendo la luz en ese momento, porque no sabía qué esperar. El libro iba a ser publicado durante la pandemia y luego estábamos experimentando estas protestas internacionales sobre la injusticia racial. Ese fue un contexto sorpresivo para mí, ver el libro surgir en ese entonces. Pero nuevamente, uno pasa años escribiendo un libro, yo comencé este en 2014, no sabía en el mundo en el que el libro iba a salir publicado. Así que considerando todos los eventos que ocurrieron, el año pasado fue completamente surrealista y el momento en el que el libro salió es otro momento surrealista.

“Creo que al menos en Estados Unidos la pandemia ha revelado todas las fracturas políticas y sociales que siempre han existido. Ha revelado quién es el más vulnerable, quién es vulnerable socialmente; ha revelado cómo fácilmente nuestro país está dispuesto a sacrificar a ciertas personas”.

Brit Bennett, escritora estadounidense

De hecho, por su urgencia a manifestarse, miles de personas rompieron el primer gran confinamiento de la pandemia…

Sí, es verdad.

¿Usted ha experimentado el racismo?

Preferiría no hablar de eso. Prefiero hablar del libro en vez de mis propias experiencias y traumas.

¿Cuánto de su propia biografía hay en esta novela?

No mucho, para ser honesta. Hay algo de la geografía, porque mi padre creció en Los Ángeles y mi mamá en Louisiana.

¿Hay algún paralelo entre la historia de su libro y la pandemia del coronavirus, porque, entre otras muchas cosas, el último año y medio ha dejado lecciones acerca de los vínculos de confianza y fracturas sociales?

Sí, creo que al menos en Estados Unidos la pandemia ha revelado todas las fracturas políticas y sociales que siempre han existido. Ha revelado quién es el más vulnerable, quién es vulnerable socialmente; ha revelado cómo fácilmente nuestro país está dispuesto a sacrificar a ciertas personas. Creo que todas esas cosas, todas esas fracturas sociales han sido reveladas en este momento. Esta idea de lo que significa tener el privilegio de trabajar desde la casa, lo que significa tener el privilegio de tener una casa grande para hacer la cuarentena versus un montón de personas en un departamento chico. Todas esas cosas te dan una idea de la fractura del país. Todo eso supongo que está en la novela también.

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