Desde casa y virtual: la vida universitaria que se quiere dejar atrás

Los estudiantes de primer y segundo año prácticamente no saben lo que significa estar en un campus. Algunos, incluso, todavía no conocen a sus compañeros más allá de la pantalla. Tras un año y medio de pandemia, muchos universitarios apuestan por la presencialidad.




No es lo que me esperaba realmente, pensaba que la universidad iba a ser más bacán, que iba a conocer un montón de gente, pero no se ha dado”, reconoce Daniela Rubio (19), que ingresó a Veterinaria en la Universidad Andrés Bello en 2020, el año de la pandemia de Covid-19. Tal como Daniela, hay literalmente miles de alumnos que están en primer o segundo año de su formación profesional y que de vida universitaria presencial han tenido poco y nada.

Justo en momentos en que la vuelta a clases presenciales en los colegios avanza rápido, incluso en aquellos municipios que antes eran reticentes, la mirada ahora se ha volcado a las universidades, que desde el arribo de la pandemia han tenido mayoritariamente sus aulas cerradas, a excepción de alguna situación tendiente a prácticas, laboratorios, algún taller puntual o escenarios en los que la virtualidad no permitía acercarse de buena manera al desarrollo de los conocimientos. Atrás quedaron las pizarras y los plumones.

De esta manera, todo lo teórico pasó a enseñarse a través de una pantalla y con ello ya dos generaciones universitarias casi completas -las de ingreso en 2020 y 2021- solo conocen a sus compañeros de los hombros hacia arriba, en contextos de Zoom, Meet o Teams, y sin la dinámica que implica el compartir un café en una ventana entre clases, el intercambio de ideas en una sala de estudios, en la biblioteca, talleres o actividades extraprogramáticas.

A sabiendas de esto, la Superintendencia de Educación Superior hizo un llamado de alerta importante y semanas atrás ofició a todas las casas de estudio para empujarlas a que tuvieran planes de retorno presencial a las aulas desde Fase 2 en adelante, advirtiéndoles que de no ser así, se arriesgan a ser fiscalizados en terreno y luego a multas que llegan a las 1.000 UTM.

Aunque algunas universidades venían trabajando desde hace un tiempo en planes de retorno gradual y presencial a sus diversos campus, la mayoría se ha visto forzada a responder y planificar un segundo semestre con una capacidad acotada, con una presencialidad que va entre el 29% y el 50%. Así se lo han ido comunicando a sus funcionarios, profesores, pero sobre todo a los estudiantes, muchos de los cuales han expresado que desean terminar con la virtualidad, entendiendo que la universidad no solo es un traspaso de material teórico.

No ha sido lo que imaginaba”. Aquella frase resuena una y otra vez entre los universitarios, sobre todo entre aquellos que ingresaron en 2020 o 2021 y quienes han sido los más afectados con la pandemia, puesto que de vida universitaria prácticamente no han sabido. A ellos, de hecho, son a quienes apuntan las casas de estudio para priorizar al menos la primera etapa de la vuelta a la presencialidad. También a quienes están por titularse.

Sin embargo, ya comienzan también a levantarse algunas voces contrarias al regreso presencial. Así al menos lo manifestó el miércoles la Federación Nacional de Asociaciones de Académicos de las Universidades del Estado de Chile (Fauech), que emitió un comunicado en el que dijeron que, según ellos, no están dadas las condiciones. Esto, pese a que apenas una comuna del país está en Fase 1 (Panguipulli), mientras que el 98,8% de la población está en Fase 3 o 4. O que, por ejemplo, universidades como la PUC hayan comunicado a su comunidad que el 98% de quienes la componen ya cuentan con al menos una dosis de la vacuna.

Los planteles han seguido adelante con su planificación, y en su mayoría volverán a clases durante agosto y otros pocos a inicios de septiembre. Aun así, todavía quedan otras instituciones que o no han confirmado una fecha de retorno, o definitivamente ya anunciaron a sus estudiantes que al menos en la parte teórica, el formato online se mantendrá, como es el caso de la Usach.

Universitarios virtuales

“Yo creo que en cuanto a exigencia y carga académica sí era lo que esperaba, porque es bastante distinto a lo que uno tenía en el colegio”, dice Esteban Bernal (20), estudiante de segundo año de Ingeniería en Electricidad de la Universidad de Santiago de Chile (Usach). En cuanto enseñanza, entonces, está todo bien, plantea. El problema para este joven es cuando la pantalla se apaga: “Está ese otro lado, que es la vida universitaria y por supuesto no es ni parecido a lo que esperaba. Estoy en mi casa, en un escritorio, y en la universidad tendría más comunicación con mis compañeros”.

Esteban Bernal (20), estudiante de segundo año de Ingeniería en Electricidad de la Universidad de Santiago de Chile (Usach).

Lo que plantea Esteban en algún momento fue realidad para Carolina Madrid (23), que cursa tercero de Ciencias Políticas en la Universidad Diego Portales. Ella ingresó en 2019 y alcanzó a tener un año completo de normalidad universitaria antes de que el Covid-19 hiciera que lo normal fueran las clases telemáticas. “Ha sido complejo en términos de que ya no tienes un espacio condicionado al aprendizaje, como la sala de clases, y tienes que adaptarte a otros contextos, como la casa, para hacer eso”, asegura, aunque también destaca el hecho de poder ver las clases repetidas o el aumento de trabajos grupales.

Sin embargo, como alguna vez ya supo lo que era ir al encuentro de sus pares, lo anterior no basta: “Para mí ha sido igual terrible, porque me gusta ir a la universidad, ir a los espacios donde puedo leer en silencio, poder compartir con mis compañeras y compañeros, o ver a los profes en vivo y en directo”.

Carolina Madrid (23), de tercera año de Ciencias Políticas en la Universidad Diego Portales.

De hecho, no es la única. Las complejidades propias de la pandemia también han afectado a los estudiantes de cursos más avanzados, aquellos que están a un paso de salir de la universidad y a quienes les ha sido arrebatada la posibilidad de interactuar con compañeros que quizás nunca más verán. Así lo resume Raquel Rojas (23), estudiante de quinto año de Pedagogía de la Universidad Mayor: “Han sido semestres súper estresantes. La verdad es que nos empezamos a enfrentar a una realidad en que no estábamos preparados para estudiar con ciertas modalidades”.

Raquel reconoce que extraña “absolutamente la presencialidad, porque prefiero tener una cercanía distinta con mis compañeros, con mis profesores. De hecho, la forma de realizar las pruebas, las evaluaciones, para mí era mucho más amena dentro de la presencialidad y eso creo que ha afectado en lo académico”.

Raquel Rojas (23), estudiante de quinto año de Pedagogía de la Universidad Mayor.

Habiendo conocido la vida universitaria presencial o no, los estudiantes coinciden en que estos dos años les generaron baches importantes, ya sea de conocimiento, práctico o de relaciones interpersonales.

“En una carrera como Veterinaria hay que aprender a tocar a los animales y es ahí donde también se aprenden muchos gestos”, ejemplifica Daniela, quien ahonda que “todos los laboratorios presenciales que teníamos, esos que eran con práctica, no los vamos a recuperar. Y la universidad los dio por perdidos, entonces igual es latero para nosotros, porque perdemos cosas y muchos de mis compañeros no están aprendiendo todo lo necesario tampoco”.

Y remarca: “Muchas veces los profes mandaban videos y podíamos entenderlos, pero es distinto poder verlos o mirar en el microscopio como tal. Aparte, yo no he conocido lo que es mi universidad, excepto la sala de laboratorio a la que fui”.

Daniela Rubio (19), estudiante de segundo año de Veterinaria en la Universidad Andrés Bello.

La futura pedagoga Raquel Rojas parece coincidir y ejemplifica con algunas de sus prácticas profesionales, que debieron realizarse por la vía online. “Tuvimos que participar en algunas no presenciales, con niños que estaban en sus casas y otros que se encontraban en la sala de clases. Esto igual fue súper complejo, ya que las profesoras se confiaban mucho de nosotras las practicantes y atendían más que nada a los estudiantes que estaban presenciales y muchas veces no contábamos con herramientas o respuestas certeras que los niños necesitaban”.

Carolina, la aspirante a cientista política, aporta otra mirada: “Creo que afecta en términos de la relación con las personas, porque sí o sí una carrera como esta necesita redes para interactuar o desarrollarse en el área profesional”. De hecho, asegura que según su óptica, la virtualidad no afectará tanto el aprendizaje de los ramos, los que en su caso son mayoritariamente teóricos. “En realidad no, porque todo se puede hacer si es online. Va a afectar más en el desarrollo de habilidades blandas quizás”, añade.

Esteban, en tanto, hace una comparación entre sus dos primeros años como estudiante universitario pandémico: “En el primer año siento que no afectó sobremanera, porque al final son ramos de números. Pero en este segundo año las cosas se han visto más afectadas, porque yo, que estudio Ingeniería en Electricidad, hasta ahora nunca he tocado ni un cable. Sí en la casa y jugando un poco, pero no en la universidad”.

Aun así, el joven de 20 años intenta mirar el vaso medio lleno de lo que de golpe y porrazo le tocó vivir. “Igual ha sido interesante en el sentido de que uno crea lazos con todos los compañeros, como que no se hacen diferencias de grupos, porque no se separan”. Esto último, dice, “igual es bacán”, eso de hasta aquí haber entablado relaciones con casi todos.

¿Qué viene ahora?

Las universidades están poniendo el pie en el acelerador en el segundo semestre, porque mejoraron las condiciones sustancialmente y una parte importante de estudiantes y profesores están vacunados”, dice Nelson Vásquez, vicerrector académico de la U. Católica de Valparaíso.

Más allá de las razones que según las instituciones ahora pueden propiciar la apertura, lo cierto es que poco a poco han ido comunicando esos planes a sus respectivas comunidades educativas, los que en su mayoría apuntan justamente a satisfacer las necesidades de estudiantes como Carolina Madrid, Daniela Rubio, Raquel Rojas y Esteban Bernal.

La prioridad, por una parte, la tendrán los estudiantes de primer y segundo año, pero también todos los cursos de naturaleza práctica, laboratorios y otros, cuyo reemplazo por modalidad virtual se ha hecho más complejo”, señala Claudio Elórtegui, rector de la PUCV, quien agrega que más hacia el futuro apuntan a que “en la medida en que se mantengan estas condiciones sanitarias, vamos a ir gradualmente extendiendo la presencialidad”.

Desde la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, la rectora Elisa Araya dice que “hay mucho interés de los estudiantes de los primeros años por conocer a sus compañeros, profesores y los campus, además de que los de los últimos años tienen una verdadera necesidad de retornar”. Sin embargo, sostiene, se encuentran elaborando un plan “progresivo y flexible” que permita que en todos los niveles los estudiantes vuelvan paulatinamente, “no solo los de primer y segundo año”.

Al mismo tiempo, desde la Universidad Santo Tomás, su rectora, María Olivia Recart, asegura que dadas las condiciones sanitarias y de vacunación, y aunque continuarán con una combinación de clases virtuales, también tendrán actividades en sus campus para todas las carreras y que para ello han “privilegiado a estudiantes de los primeros años y esperamos hacer una asignatura por nivel cuando las condiciones de aforo lo permitan”.

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