Gøsta Esping-Andersen y el Estado de bienestar: “Si Escandinavia pudo permitírselo en los 50-60, Chile puede permitírselo hoy”

En esta entrevista con La Tercera, el sociólogo danés plantea que el PIB per cápita actual de Chile es más alto que el PIB per cápita escandinavo en los años 60: “Entonces el problema tiene que ver con definir un enfoque de política que legitime, o disminuya las ideas contrarias, a los impuestos”. Además, Esping-Andersen estima que el foco debiese estar en invertir en el “desarrollo temprano del capital humano de los niños”.




Es una de las principales figuras intelectuales en materia de Estado de bienestar, entre otras razones porque en uno de sus libros -Los tres mundos del capitalismo del bienestar- definió los distintos tipos de este sistema en que el Estado provee seguridad y derechos sociales, y que es típicamente asociado hoy con los países escandinavos.

Danés de nacimiento, Gøsta Esping-Andersen estudió Demografía, Economía y Sociología en la Universidad de Copenhague y en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde recibió su doctorado. Ha enseñado en varias universidades, incluida Harvard, y hoy es catedrático de Sociología en la Universitat Pompeu Fabra, y es desde España donde contesta esta entrevista con La Tercera vía Zoom. Miembro de la Academia Británica y de la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, el académico de Yale Jacob Hacker lo ha descrito como el “decano de los estudiosos sobre el Estado de bienestar”. Su último libro es Families in the 21st Century (publicaciones académicas 1977-2017).

Desde el estallido en Chile han quedado expuestas las fuertes demandas de derechos sociales y problemas económicos relacionados, entre otros, con el Covid... Entonces, ¿qué es prudente tener en cuenta en un proceso hacia un Estado de bienestar?

Bueno, si Escandinavia pudo permitírselo en las décadas de 1950 y 1960, Chile puede permitírselo hoy. La economía de Chile, o el PIB per cápita actual, es más alto que el PIB per cápita escandinavo en la década de 1960. La cuestión no tiene que ver con el PIB per cápita, sino con la capacidad de aumentar la tributación. Entonces, el problema tiene que ver con definir un enfoque de política que legitime -o disminuya las ideas contrarias- a los impuestos. Es decir, es obvio que tendrías que poder convencer a la mayoría de la población de que un aumento de impuestos es bueno. No es una política popular, pero los beneficios de ese aumento de impuestos deben superar el (costo) del aumento en los pagos de impuestos que los ciudadanos tienen que hacer.

En el caso de Chile, ¿qué sería apropiado?

Bueno, esa es una pregunta difícil. Porque la respuesta depende del grado en que la población sea receptiva y esté esperando y necesite este tipo de reformas de política social. Algunas de ellas, en particular la política familiar y la educación y cuidado universal de la primera infancia de alta calidad, ese tipo de políticas, se podrían argumentar con mucha fuerza, porque tienen múltiples beneficios. Y también debido a que se pueden justificar no solo en términos de ayudar a los pobres, sino por invertir en la productividad futura de la economía chilena, que necesita elevar los estándares de capital humano de su población para convertirse en una economía mucho más competitiva y de altos ingresos.

Usted hizo una definición muy relevante del Estado de bienestar que existe desde la posguerra. ¿Pero qué define uno ahora, en el siglo XXI?

Lo que ha surgido como un tema muy central en los debates sobre el Estado de bienestar o la política social en nuestros tiempos, y que es nuevo, es un mayor énfasis en la inversión social. ¿Y qué es la inversión social? Bueno, es invertir en capital humano, en la capacidad de los ciudadanos en términos de sus capacidades económicas, pero también en términos de su capacidad para funcionar en las familias. Así que también ha habido este cambio hacia la inversión en capital humano, y creo que uno de los aspectos centrales y más importantes del tipo de política actual es invertir en los niños, en particular, en los niños en edad preescolar, con educación de alta calidad y para todos. Es una política que tiene una recompensa enorme. Es caro, y si es universal, absorberá alrededor del 1,5% del PIB, pero es una muy buena inversión. Por eso le doy mucho énfasis a eso.

¿Por qué es clave?

Hay varias razones por las que estas inversiones se triplican. Uno, si inviertes en el desarrollo de la primera infancia (guarderías, jardines infantiles), en primer lugar, se aumenta el capital humano. Esa edad, de tres a seis años, desde la perspectiva del punto de la psicología del desarrollo, es clave para el desarrollo cognitivo. Otra recompensa de esta política, y esto es importante, es que fomenta el empleo femenino. Y la parte más importante de la inversión temprana en los niños tiene mucho que ver con la igualdad de oportunidades, estás igualando las oportunidades de vida de los niños. Y esto es algo relevante en una sociedad como Chile...

¿Por qué?

En la estructura social que tiene Chile esto es particularmente importante, porque tienes una estructura de clases muy dividida. Y una forma de caracterizar la economía chilena, o la sociedad chilena, es lo que llamamos una especie de equilibrio de baja calificación. Y cuál es la lógica de eso, es que su estructura industrial o económica se basa en gran medida en la producción de baja calificación. Y eso corresponde, en cierto modo, a la estructura de la población, una proporción muy grande de la población es muy poco calificada, con baja educación. Así que tienes esta perpetuación de la población poco calificada para una economía de baja calificación. Una forma de salir de eso, si desea reconstruir el éxito de Escandinavia, tiene que ver en gran parte con lo que he dicho, con grandes inversiones en el desarrollo temprano del capital humano de los niños. Y la alta calidad debe subrayarse mucho, porque eso es clave. Si no es de alta calidad, entonces es inútil. España es un muy buen ejemplo de ello. Donde yo vivo aquí, tienes casi el 100% de cobertura de jardín infantil de tres a seis años, pero es de muy baja calidad.

Una madre junto a su hijo, mientras mantienen la distancia social que sigue rigiendo en el país como medida preventiva, en Copenhague, Dinamarca. Foto: Reuters

¿Cómo definir esa calidad, puede ejemplificar?

Para ejemplificar, hay un profesor o profesora por cada 25 niños, y los niños que provienen de entornos socioeconómicos bajos tienen menos estimulación cognitiva en su hogar, entonces no van a tener una gran motivación en ese tipo de contexto. Para comparar, Dinamarca tiene entre cinco y seis niños por pedagogo, ese es el otro extremo.

Cuando habla de la asignación de recursos a las familias, ¿de qué tipo de familias está hablando? Acá un candidato ha propuesto beneficios solo para casados...

Una familia es una familia. Hay padres e hijos. Eso es una familia, sea cuál sea su estado formal, casada, conviviendo, lo que sea... La verdadera definición de familia es que tienes padres y tienes hijos, o tienes pareja e hijos. Ese es el tipo de definición que obtendrías hoy en los libros de texto de sociología modernos.

“Una forma de salir de eso, si desea reconstruir el éxito de Escandinavia, tiene que ver en gran parte con lo que he dicho, con grandes inversiones en el desarrollo temprano del capital humano de los niños”.

Gøsta Esping-Andersen, sociólogo danés

¿Parejas del mismo sexo?

Esa definición también incluye a los padres de parejas del mismo sexo.

En el nombre de la madre

¿Cuál es su visión de Chile en cambio?

Bueno, ahora lo que tienes (en Chile) es un legado de soluciones básicamente privadas para quienes pueden pagarlo, y luego nada para el resto, ni asistencia social para los de bajos ingresos, ¿no? Entonces, tiene un sesgo a favor de las soluciones privadas, que deben ser enfrentadas para demostrar o argumentar que una inversión pública sería una solución superior. Y, nuevamente, por eso enfatizaría que los argumentos acerca de la inversión en la economía son los que serán ganadores. Pero ese argumento no se puede hacer en términos de política de jubilación de vejez, o política de desempleo o prestaciones por enfermedad o algunos otros programas. Básicamente, respecto del tipo antiguo y tradicional de grupo de políticas sociales, allí es más difícil argumentar que deberíamos abolir el sector privado y deberíamos construir el público.

¿En materia de pensiones?

Creo que si uno siguiera este tipo de lógica de combinar el tipo de política socialdemócrata y universal junto con un modelo de seguro más parecido al estilo alemán, sería mucho más fácil de argumentar, incluso para la población de ingresos relativamente altos de Chile, que su pensión será una proporción de sus ingresos anteriores, porque es un modelo de seguro, y el modelo de seguro público es mucho más eficiente, y administrativamente increíblemente mucho más barato que un modelo privado. Hay un sinfín de papers escritos sobre esto... De modo que la pensión de alguna manera se corresponda con el nivel de vida y poder adquisitivo que tenían las personas antes de jubilarse. Este tipo de combinación, creo, sería ideal, desde el punto de vista de asegurar la cobertura y la inclusión, y construir un mayor grado de universalismo y un tipo básico de solidaridad detrás del sistema.

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Foto: AFP

¿Pensión básica universal?

El principio de universalismo de la política social socialdemócrata nórdica, que es la inclusión universal, podría funcionar. Y en el contexto chileno, podría tener mucho sentido que tengas una pensión básica universal fija. Como la pensión media, o la pensión de los escandinavos que también se paga a los millonarios, aunque obviamente no la necesiten, y la van a devolver a través de impuestos. Eso, si tienes un sistema tributario decente, claro.

El Estado de bienestar se asocia a la socialdemocracia. ¿Cómo la ve en un contexto global?

Es bastante evidente que los socialdemócratas están en una especie de estancamiento ideológico programático. Es algo más fácil definirse como socialdemócrata en países como Italia o España, donde las políticas sociales y el Estado de bienestar están relativamente subdesarrollados, así que todavía pueden movilizarse sobre la base de políticas que ya están en vigor en Dinamarca, Suecia y Noruega. Por ejemplo, el cuidado infantil universal o las prestaciones familiares universales, todo aquello en lo que pueden movilizarse, pero los socialdemócratas escandinavos no pueden, pues esto ya está ahí. Así que no queda mucho para que los socialdemócratas escandinavos se distingan.

¿Qué la distingue de proyectos más radicales de izquierda, como las del Partido Comunista, por ejemplo?

Ya nadie sigue esas ideas seriamente... No sé nada acerca del Partido Comunista en Chile, pero en Europa los partidos comunistas están muertos.

¿Y la socialdemocracia en Latinoamérica?

Hay un caparazón vacío... por lo que sería fácil adoptar un perfil socialdemócrata si fueras un político chileno de izquierda, obviamente. Por supuesto, cualquiera puede llamarse socialdemócrata. La pregunta es, ¿cuál es el paquete de políticas que va a proponer que lo distingue de, digamos, los políticos de centro derecha que también se llamen a sí mismos socialdemócratas? Y ahí diría, el principio del universalismo debería ser uno de ellos. El objetivo debe ser universal, no por supuesto en todo tipo de políticas, sino en las políticas que unirán a la población. Y aquí, de nuevo, quisiera enfatizar una política de pensión básica universal para las personas como una de las piedras angulares de un paquete socialdemócrata. Y destacaría, como he dicho, 10 o 50 veces, políticas familiares, nuevamente universales.

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Ha dicho que una política de beneficios familiares siempre debe otorgarse a nombre de la madre. ¿Por qué?

Bueno, los socialdemócratas escandinavos lo aprendieron por las malas. Porque en los viejos tiempos estaba a nombre del padre, y ese también era el caso en Gran Bretaña, por ejemplo. Y lo que los estudios mostraron fue que eso significaba que a los niños les llegaba muy poco del beneficio familiar. Probablemente fueron los pubs los que más se beneficiaron, o los partidos de fútbol de los domingos. Entonces, no siempre, pero en general, se encontraron con que los padres malgastaban los beneficios familiares. Eso fue lo que inicialmente empujó la política a favor de ponerlo a nombre de la madre, en términos de cobrar y controlar ese dinero.

¿Y qué pasa en términos de beneficios familiares con las madres solteras, o mujeres que crían solas a sus hijos, como es muy habitual en Chile?

Es también por eso que los servicios de cuidado infantil son muy importantes, en particular para las madres solas, para que puedan trabajar y salir de la pobreza. Y eso se remonta a mi argumento de que el empleo de las madres es la mejor política contra la pobreza infantil. Y creo que esa es una consigna que debería adoptar cierto movimiento democrático en Chile. La mejor política contra la pobreza es “mamá trabaja”.

“Los servicios de cuidado infantil son muy importantes, en particular para las madres solas, para que puedan trabajar y salir de la pobreza”.

Gøsta Esping-Andersen, sociólogo danés

¿Cuál es el impacto?

Bueno, por un lado, es importante que las mujeres se vuelvan económicamente independientes. Pero, desde una especie de punto de vista de las políticas, la recompensa es que cuando las mujeres comienzan a trabajar también en la familia, es la política contra la pobreza más eficiente que se puede construir. Entonces, si puede avanzar hacia un escenario a la Escandinavia, donde es normativo que las mujeres y las madres estén empleadas, entonces básicamente también ha diseñado una política de eliminación o reducción de la pobreza familiar a ser casi inexistente.

Está en contra de los trabajos flexibles para mujeres en lugar de los de tiempo completo, ¿por qué?

En primer lugar, el estatus de medio tiempo no cambia realmente el modelo de rol tradicional y la definición de rol de la mujer. Porque tendrían un pie en el papel de madre tradicional, y luego tienen un pie en el mercado laboral. En el lado masculino, hay muy pocos cambios como resultado de eso. Si su objetivo también es la igualdad de género, debe alentar a las mujeres a trabajar a tiempo completo, con un compromiso de por vida con el empleo. Es decir, que su perfil laboral sea más o menos idéntico al de los hombres, a excepción de las licencias maternales, que son inevitables. Pero por lo demás, lo que es muy evidente es que los hombres solo comienzan a volverse igualitarios de género en su comportamiento, y también en su mente, cuando es normativo que las mujeres trabajen a tiempo completo, como ellos.

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