Los motivos de Trump tras el despliegue militar de EE.UU. cerca de Venezuela
El republicano lleva meses presionando al régimen de Nicolás Maduro, llegando a poner una recompensa récord para detener al líder venezolano, y más recientemente, trasladando toda una flota de barcos destructores a las costas caribeñas.
“Llevar un obús a una pelea de navajas”. Con esas palabras, un funcionario de la secretaría de Defensa estadounidense describió lo hecho por Donald Trump al trasladar buques destructores, y cerca de 4.500 marines a las costas venezolanas para luchar “contra el narcotráfico”. La flota, que se lee más como una amenaza a Nicolás Maduro, consta también de submarinos, y según informó el Pentágono, estará ahí durante meses vigilando tanto en los cielos como en el mar.
Este refuerzo de la presencia en el sur del Caribe ocurriría en el marco de una estrategia para combatir el narcotráfico en general, pero llega en un momento de particular tensión con el chavismo, luego de que Washington declarara como organización terrorista al “Cartel de los Soles”, y nombrara a Maduro como su líder. Desde Venezuela rechazan las acusaciones y el régimen ha llamado a sus milicias a prepararse.
Entre el interés de negociar la deportación de migrantes con Maduro, y de tumbar a su régimen, las nuevas presiones de Donald Trump se leen más como una afrenta geopolítica que como una operación contra el crimen organizado.
Durante estas últimas dos semanas, distintas naves de guerra han surcado el sur del Mar Caribe, y aunque sus misiones no son totalmente públicas, los medios norteamericanos aseguran que tienen como fin “enfrentar las amenazas a la seguridad de Estados Unidos”, frente a organizaciones que Washington llama “narcoterroristas”.
De todos modos, el hecho de que estos buques se dirijan particularmente a Venezuela ha puesto a la prensa a especular sobre una posible intervención, sobre todo considerando la especialidad “anfibia” de la flota. Cuestionada sobre la posibilidad de que soldados estadounidenses pusieran sus pies en el país sudamericano, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, optó por jugar al misterio: “El presidente Donald Trump ha sido bien claro y consistente. Está preparado para usar todos los elementos del poder norteamericano para conseguir que las drogas dejen de inundar nuestro país, y para traer a los responsables a la justicia”.
En ese mismo contexto, Leavitt reiteró que Estados Unidos no reconoce al gobierno de Maduro como el legítimo de Venezuela, luego de las elecciones de julio del año pasado. Esto, mezclado con los 50 millones de dólares que ofrece Washington de recompensa por información que conduzca al arresto de Nicolás Maduro, da cuenta de un punto en que ambos ámbitos, el geopolítico y el de narcoterrorismo, serían el mismo para la administración Trump.
En diálogo con La Tercera, el analista politico venezolano Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis, no cree que haya riesgo de una intervención: “El debate en redes sobre la relación entre Estados Unidos y Venezuela gira hoy en torno a la supuesta posibilidad de una invasión militar para deponer a Maduro. Ese escenario es extremadamente improbable, como lo ha sido en las últimas dos décadas. Trump se ha cansado de repetir que no busca cambiar gobiernos por la fuerza, aunque respalde a sus aliados locales en su lucha interna”.
En ese sentido, el analista opina que, a pesar de mucho “wishful thinking”, el régimen está lejos del colapso que algunos le atribuyen: “Es el mismo gobierno que ha logrado mantener la unidad cívico militar de todas sus fuerzas internas para sostenerse en el poder. No sé qué puede pasar en el futuro, pero en este momento no hay ningún indicador que nos haga pensar que Maduro está al borde de su salida”.
“Por ahora, es todo teatro”
Lo que buscaría Washington serían cambios políticos, más a largo plazo que en un futuro inmediato. “Trump sabe que no es prudente hacer el trabajo como sustituto del trabajo político interno. La presión económica para buscar fracturas internas en la revolución, o incluso para ganar poder de negociación para beneficio de Estados Unidos, si es una búsqueda concreta, y aunque no creo que sea muy exitosa, genera impactos económicos internos, aunque más sobre la gente que sobre el gobierno”, comentó León.
En declaraciones al diario The New York Times, el exabogado del Departamento de Estado norteamericano, Brian Finucane, recordó que el gobierno tendría que pedir autorización al Congreso antes de utilizar fuerza militar contra Venezuela. “Si Estados Unidos se sale de su camino para elegir el combate, eso no es defensa propia”, afirmó el actual asesor senior del Programa de Estados Unidos en el International Crisis Group.
Dentro de los republicanos habría una contradicción clave. Javier Corrales, profesor de ciencias políticas del Amherst College en Massachusetts, señaló a La Tercera: “El gobierno de Trump está internamente dividido. Por un lado, quiere un cambio de régimen, y quiere usar más presiones sobre el régimen. Por otro lado, quiere comprar petróleo de Venezuela, lo cual ha llevado a flexibilizar las licencias a Chevron. Esto lleva a Trump a tomar una postura menos punitiva con Venezuela”.
Ya en marzo, en miras a aislar económicamente a Caracas, el presidente norteamericano había anunciado que aplicaría un 25% de aranceles contra todos los países que le compren petróleo y gas a Venezuela. El rol del combustible ha sido clave en las relaciones entre ambos países, y de hecho, durante el gobierno del demócrata Joe Biden, se habían levantado algunas sanciones sobre el gas y el combustible.
De todos modos, Corrales opina que hay toda una demostración de fuerza, por sobre un fin concreto, en el envío de buques. “Trump quiere que los latinos duros en su movimiento, mayormente ubicados en Florida, piensen que el presidente está ejerciendo una política de mano dura con Venezuela, y que dejen de criticarlo por ser flexible con Venezuela y despiadado con el tema de las deportaciones. Quiere darles a esos Latino-MAGA de Florida una distracción. Por ahora, es todo teatro”, señala el autor de los libros Autocracy Rising: How Venezuela Transitioned to Authoritarianism (2022) y Dragon in the Tropics: Hugo Chávez and the Political Economy of Revolution in Venezuela (2011).
Otro factor importante es forzar a Maduro a cooperar con la devolución de deportados a Venezuela. Al respecto, Finucane había comentado a The New York Times: “La situación es difícil de interpretar porque el gobierno de Trump tiene objetivos contradictorios con Venezuela. Sus deseos de utilizar la fuerza militarizada contra los carteles de la droga y de sacar a Maduro del poder entran en conflicto con su deseo de persuadir a Maduro para que coopere en la devolución de más migrantes venezolanos deportados”.
De todos modos, a pesar de lo dicho por la Casa Blanca, el narcotráfico no sería el más afectado por estas medidas. “Los navíos de guerra tienen en mi opinión un objetivo más allá al tema del narcotráfico. No dudo que también funcionen para eso, en Colombia y México, pero la verdad es que la mayoría del tráfico de droga no va por el Caribe sino por el Pacífico”.
Desde el centro de investigación InSight Crime, el codirector Jeremy McDermott comenta a La Tercera: “El despliegue de buques de guerra frente a las costas de Venezuela podría dificultar el contrabando marítimo de cargamentos de cocaína desde Venezuela. Estos incluyen lanchas rápidas, semisumergibles y buques de carga y pesqueros. Además, coloca la atención internacional sobre el régimen de Maduro y su participación en el narcotráfico. Sin embargo, es poco probable que esto tenga un impacto inmediato en Venezuela como país productor, procesador y de tránsito de cocaína, y podría simplemente desplazar la droga a diferentes puntos de salida en Sudamérica”.
En Venezuela, Nicolás Maduro apuesta a movilizar a sus seguidores, y lanzó “jornadas de reclutamiento” para la Milicia Bolivariana. Así, aseguró que el pueblo “acudió masivamente” a las plazas del país donde se habilitaron las inscripciones. “Los centros de alistamiento que se dispusieron fueron desbordados”, aseguró, sin por eso dar números precisos.
Refiriéndose al despliegue de buques de guerra estadounidenses en aguas venezolanas, Maduro aseguró en Globovisión: “Desde el norte, el imperio se ha vuelto loco y, como un refrito podrido, ha renovado sus amenazas a la paz y la estabilidad de Venezuela”. “No somos impostores ni narcotraficantes, y defenderemos la dignidad de la querida Venezuela”, declaró, por su parte, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, ante un grupo de reclutas militares durante el fin de semana pasado.
En tanto, desde la oposición, la líder María Corina Machado se mostró entusiasta con las acciones de Estados Unidos, asegurando que “Trump no está jugando”. Según declaró en Fox News, “muy pocos militares en el alto rango militar están apoyando” a Maduro, y en general, en el bloque opositor contemplarían el respaldo norteamericano como un factor determinante para el cambio de régimen.
Al respecto, Luis Vicente León comentó a La Tercera sobre la división de Venezuela frente al despliegue militar de Estados Unidos. “Por supuesto que la noticia de barcos en el Caribe y la amenaza norteamericana genera debate interno: apoyos de una parte de la población que busca cambios por vías externas, y rechazos por la otra parte de la población que se niega a intervenciones extranjeras y militares. Pero siendo sincero, creo que es un tema más mediático que real”, señala. “Sea o no una amenaza concreta, no parece que la población venezolana esté realmente esperando que ese evento ocurra. Sus preocupaciones vienen más por el lado del impacto que eso puede tener en la economía y el abastecimiento”, concluye.
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