El exitoso programa de Medellín para alejar a los jóvenes del crimen organizado
La directora de esta iniciativa creada en la alcaldía de Medellín relata cómo han logrado trabajar, en menos de cinco años, con más de 12.500 adolescentes para evitar que sigan formando parte del círculo delictual y de violencia. Con un equipo de 120 profesionales, la mayoría sicólogos, esta política pública intenta prevenir y atacar el problema abordando el ciclo de vida completo.
Fue en 2024 cuando la economista colombiana Paulina Patiño llegó al mando del programa Parceros, en la ciudad de Medellín. La profesional, que acaba de estar en Chile como expositora del Foro Internacional de Crimen Organizado, liderado por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad San Sebastián, llegó a Parceros luego de un largo paso en el servicio público.
Patiño es cercana al actual alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez (Creemos Colombia), y de hecho en su primer mandato como alcalde, entre 2016 y 2020, ya había integrado su equipo. Aquella vez trabajó junto al secretario de Seguridad Manuel Villa. “Vivo en una ciudad donde operan 350 combos delictivos, donde el 43% de las estructuras criminales del país operan en Medellín”, dice Patiño para explicar el contexto en el que le toca trabajar.
Fue en 2018 que el equipo de Gutiérrez quiso dar un paso decisivo e innovar con sus políticas públicas. “El alcalde estaba en su primer periodo y en ese tiempo había una ofensiva muy grande para desestructurar las estructuras criminales, para llegar a estos combos delincuenciales y capturar a los cabecillas. Cuando se hacían estas capturas, pues eran masivas y caían muchos jóvenes, el mismo alcalde hablaba con ellos en las estaciones de policía y quedaba impresionado, porque ni siquiera escuchaba de ellos una reacción de rabia, porque los habían capturado, sino que ellos le rogaban que por favor los ayudaran con su familia, con su mamá, que iban a quedar desprotegidos”, recuerda Patiño.
Es ahí cuando la economista dice que el alcalde Gutiérrez le encomendó a su equipo “la tarea de crear un programa para trabajar con esos jóvenes que ya eran parte de las estructuras criminales”.
El proyecto fue bautizado como Parceros y en sus dos primeros años de vida logró trabajar con 1.200 jóvenes.
El primer gran desafío fue lograr que los adolescentes se acercaran. “Nuestro reto era ganarnos la confianza de los jóvenes que eran parte de las estructuras criminales. No es algo pequeño, porque son jóvenes que no confían en nadie, que nunca iban a pensar en tocarle la puerta a la alcaldía para nada, porque además la alcaldía representa la institucionalidad, la legalidad”, dice Patiño.
Pese a los obstáculos, lograron instalarse y ya en esos años la gorra del programa que se usa en las graduaciones se transformó en un ícono. Tanto así que comenzó a venderse pirateada en el centro de Medellín. Sin embargo, en 2019 todo llegó a su fin, debido a que hubo un cambio de mando y otro alcalde ganó las elecciones.
El método Parceros
Cuando el alcalde Gutiérrez volvió a ganar la alcaldía, en 2024, el programa Parceros volvió y de manera recargada. Patiño explica que la iniciativa “está presente en todos los estadios de desarrollo de los jóvenes, en todo su ciclo de vida, porque queremos prevenir que una persona llegue al momento de tener que tomar una decisión sobre si comete o no un delito”.
Por eso la iniciativa parte con “Parceritos”, que abarca niños de 10 a 14 años que estudian en barrios donde hay hegemonía de las estructuras criminales.
Luego viene el grupo de jóvenes que no estudian ni trabajan y que habitan en esos mismos barrios. “Son jóvenes que están en una situación de vulnerabilidad y pobreza, que no tienen acceso a un sicólogo y que tienen problemas de ansiedad y depresión. Un joven en esa situación es el caldo de cultivo perfecto para una estructura criminal”, dice Patiño. El proyecto también incluye “Parceras”, para abarcar a las mujeres en riesgo de explotación sexual.
El último grupo de intervención son los “Parceros”, donde hay personas que ya estuvieron en la cárcel o que ya estuvieron en los centros de reclusión de menores infractores y que están otra vez de vuelta a los barrios.
Eso incluye también a quienes están recluidos. Así lo explica Patiño: “También trabajamos dentro de las cárceles, tanto en recintos para mayores de edad y los centros de reclusión para menores de edad que están en restitución de derechos. Ahí trabajamos con esos dos grupos y los atendemos con el fin de que construyan un proyecto de vida enmarcado en hacer las cosas bien y en la legalidad”.
En el programa participan 120 profesionales, dentro de los que el 85% son sicólogos. En todos los años en que llevan funcionando, en total han podido impactar a 12.500 jóvenes.
Respecto de los resultados, Patiño cuenta que en “Parceritos” el objetivo es que no deserten del colegio. Para eso se evalúan los resultados en grupos de atención que forman parte del programa, y grupos de control, que no lo son. Ahí se ha detectado que quienes sí han pasado por el programa desertan menos que los otros.
Luego en los jóvenes se ha visto una disminución del 25% en las conductas delictivas. El siguiente desafío es conseguir que puedan tener oportunidades laborales y ahí Patiño cuenta que el 30% de la población económicamente activa de los que están en Parceros está trabajando, y un buen porcentaje de ellos lo hace en empleos formales. Para este último objetivo han sido relevantes los acuerdos de voluntad que existen con 75 empresas de la ciudad.
En medio del debate nacional por los adolescentes que son cooptados por adultos de bandas de crimen organizado, y los intentos del gobierno por reformar la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente para que los menores sean sancionados con medidas más duras en régimen cerrado, Patiño destaca que la experiencia en Medellín muestra un camino distinto que vale la pena explorar.
“El enfoque que tenemos es que no haya adolescentes que no tengan nada que perder. Cuando un adolescente toma la decisión de tomar un arma y dispararla para que le paguen, es un joven que no tiene nada que perder. Lo que tenemos que hacer con estos jóvenes es darles algo que perder y llenarles de sentido su vida. En mi rol de directora de Parceros, lo que yo te puedo decir es que no solamente aumentando las sanciones vamos a generar un cambio. Reduciendo el número de jóvenes que lleguen a ese estadio donde les toca tomar una decisión así, podemos aportar a la sociedad”, concluye la economista.
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