La odisea de las madres que no pueden dar a luz donde viven
Las progenitoras de Juan Fernández, Colchane y Cochrane que serán festejadas mañana tuvieron que pasar por términos de embarazos muy distintos a los comunes: lejos de casa y, en muchas ocasiones, de los suyos.
Abigail Recabarren (33) ha vivido toda su vida en Juan Fernández, isla ubicada a 670 kilómetros al oeste de la costa de Chile continental. Pero distinto a quienes dicen que son “nacidos y criados” en un lugar, ella no puede asegurar lo mismo, porque en el archipiélago no existe la infraestructura necesaria para atender un parto, así que todos los partos terminan efectuándose en el continente. Ha sido el caso de los tres que ella ha tenido y por los que este domingo recibirá cariños especiales al ser el Día de la Madre.
“Crecemos sabiendo que hay que programarse para tener una guagua”, dice Abigail. Y es que la imposibilidad de nacer en la isla también se traduce en una logística a resolver: reservar pasajes de avión, coordinar alojamiento en el continente y, en algunos casos, organizar a la familia: si ya hay hijos, los padres deben resolver si viajar con ellos o si dejarlos al cuidado de alguien. Una realidad histórica para los habitantes de la isla, ya acostumbrados a esto.
Esta logística Abigail ha debido enfrentarla tres veces. “Tengo la suerte de tener una red de apoyo, pero hay gente que no. Tengo una amiga que hace poco viajó a tener a su bebé, y como no tiene familiares, se tiene que quedar arrendando una pieza. Es fome tener que salir para poder tener una guagua, porque igual es un tremendo proceso: conlleva harto tiempo y organización”.
Para responder a estas dificultades, la red asistencial se ha coordinado para darles continuidad a los controles de embarazo. Así, desde el Servicio de Salud Valparaíso-San Antonio afirman que las embarazadas deben trasladarse al continente a las 34 semanas de gestación y desde el Cesfam se gestiona un cupo médico con la aerolínea subvencionada para asegurar el viaje en la fecha que corresponde.
Inicialmente, cada paciente debe costear el pasaje de traslado, pero una vez que retornan a la isla se les entrega un beneficio municipal con la devolución del dinero.
“Esta medida permite anticiparse a posibles complicaciones y asegurar que las usuarias puedan contar con atención especializada en caso de requerirla”, señala la asesora del Programa de Salud de la Mujer de la Subdirección de Atención Primaria del Servicio de Salud, Francisca Zamora.
La encargada también explica que “hace varias décadas se dejó de atender partos en la isla, considerando que ante eventuales complicaciones obstétricas o neonatales se requiere acceso oportuno a resolutividad hospitalaria y a equipos especializados. El objetivo es resguardar la seguridad tanto de la madre como del recién nacido”.
Pero el caso de Juan Fernández no es el único en Chile.
Hasta tres horas y media separan a Colchane -comuna que se encuentra en la frontera con Bolivia y a más de cuatro mil metros de altura- del Hospital Doctor Ernesto Torres Galdames, en la Región de Tarapacá. Ese es el recorrido que las pacientes embarazadas deben hacer para dar a luz.
Por las condiciones de la localidad, que solo tiene un centro de salud familiar, las madres, al cumplir 37 semanas de gestación, son trasladadas a Iquique, al Hogar de la Familia Altiplánica, administrado por el Programa de Salud y Pueblos Indígenas (Pepsi), para que cumplan su última etapa de embarazo en un espacio seguro y cercano al principal recinto asistencial de Tarapacá, según explica el servicio de salud homónimo.
De acuerdo a la referente del Programa de Salud Sexual y Reproductiva del Servicio de Salud Tarapacá, Carolina Adonis, el año pasado siete gestantes fueron derivadas desde esta zona fronteriza hasta Iquique.
En el extremo sur de Chile ocurre algo similar. La comuna de Cochrane está a 331 kilómetros al sur de Coyhaique, en la Región de Aysén. Allí, las embarazadas tienen el mismo problema: no hay un centro de alta complejidad que pueda atender partos. Por esta razón, las pacientes tienen que trasladarse a la capital regional.
Desde el Servicio de Salud de Aysén afirman que “la atención obstétrica de las gestantes pertenecientes a las zonas extremas de la región presenta desafíos que se coordinan en el multinivel, involucrando desde los equipos de salud locales hasta los sistemas de rescate y los hospitales de referencia”. Y agregan: “Se aborda con la máxima importancia de armonizar las consideraciones de calidad y seguridad clínica en todo el proceso reproductivo con dimensiones personales y comunitarias”.
Por esta razón, los embarazos, dependiendo de su nivel de riesgo, son trasladados preventivamente a Coyhaique para su atención en el hospital regional. Desde el servicio puntualizan que los partos en Aysén fluctúan entre 700 y 1.000 anuales, de los cuales menos del 2% pertenecen a la comunidad de Cochrane.
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