Por Francisco CorvalánEl primer gran manotazo de El Niño en este invierno
Entre julio y agosto 14 personas han muerto y más de 22 mil han sido afectadas por temporales, aluviones y remociones en masa, dejando caminos cortados, viviendas dañadas y ciudades tensionadas ante eventos extremos.

En poco más de un mes, el agua, el viento y los deslizamientos de tierra han dejado una estela de destrucción a lo largo de Chile. El saldo más grave son las 14 personas fallecidas que han dejado los distintos episodios meteorológicos, además de viviendas dañadas, caminos cortados, localidades aisladas y miles de personas afectadas. Desde Penco, en el Biobío, hasta los aluviones que golpearon Tocopilla, el invierno ha puesto a prueba la capacidad de las ciudades para enfrentar eventos que, según los especialistas, serán cada vez más frecuentes e intensos.
Para el climatólogo de la U. de Talca Patricio González, la secuencia responde a un invierno típico de El Niño, muy intenso, con sistemas frontales asociados a ríos atmosféricos más frecuentes. El fenómeno, según agrega, favorece una mayor presencia de precipitaciones intensas en períodos muy breves.
La huella de esa dinámica se extendió primero por el centro-sur. En Penco, además de las lluvias, las marejadas y el viento pusieron a prueba construcciones recientemente instaladas. En Corral, la saturación del terreno derivó en remociones en masa. En Angol, los anegamientos y desbordes de ríos volvieron a tensionar caminos y zonas habitadas. En otras localidades del sur se sumaron nieve, cortes de rutas y aislamiento. Incluso, se dejaron ver tornados en Ñuble.

“Las ciudades no están ubicadas en una hoja en blanco”, plantea Elizabeth Wagemann, directora del Laboratorio Ciudad y Territorio de la U. Diego Portales e investigadora de CigidenR+. Para ella, los episodios recientes obligan a asumir que el territorio tiene dinámicas propias que deben incorporarse en la planificación urbana. Las quebradas, cauces, humedales y bordes costeros no pueden ser considerados elementos separados de la ciudad.
La secuencia avanzó hacia La Serena y Coquimbo, donde la activación de quebradas y el aumento de los caudales provocaron anegamientos y situaciones de emergencia, donde en el sector de Islón se produjo un aluvión. En Atacama, Alto del Carmen enfrentó desbordamientos de ríos y problemas de conectividad, con localidades que quedaron aisladas por la combinación de lluvia y nieve.
González apunta a un elemento común. “La geografía que tiene Chile hace que los sistemas frontales suban muy rápidamente”, y el resultado fue especialmente evidente en el Norte Grande durante los últimos días.
En Antofagasta, Tocopilla e Iquique las precipitaciones intensas activaron quebradas y generaron aluviones. Tocopilla concentró uno de los episodios más graves esta semana, cuando el agua y el barro descendieron por distintos sectores, arrastraron vehículos y dañaron viviendas y calles, mientras la interrupción de rutas dejó a la comuna prácticamente aislada.
En el caso de Tocopilla, las obras de mitigación evitaron un escenario todavía peor, pero no consiguieron impedir los daños materiales. Para González, esa experiencia debería abrir una revisión de la infraestructura. “Si con 15 milímetros ocurrió ese desastre, obviamente que con más precipitaciones hay que estar preparados para hacer colectores y defensas fluviales”, sostiene.
Wagemann, quien también integra la mesa de Proyecta Chile 2050, plantea que el problema no se resuelve únicamente levantando más infraestructura. Las ciudades deben incorporar los ciclos naturales en su diseño. Lo mismo ocurre con las quebradas, ya que aunque permanezcan secas durante años, cuando se produce un evento extremo el agua puede recuperar sus cauces históricos.

El telón de fondo es El Niño, que todavía no ha llegado a su máxima expresión. El último informe de la NOAA elevó a más de 90% la probabilidad de que alcance una intensidad “muy fuerte” durante la primavera y verano. Para el trimestre octubre-diciembre existe, además, un 69% de probabilidad de que sea un evento histórico, superando la intensidad de los registrados desde 1950.
Para Chile, la señal no termina con este mes de temporales. La Dirección Meteorológica proyectó precipitaciones sobre lo normal entre Coquimbo y Los Ríos durante agosto y octubre. Y González anticipa que septiembre todavía podría comportarse como un mes invernal, con lluvias intensas, granizo y eventuales heladas tardías.
El riesgo, entonces, cambia de rostro. Si durante julio y agosto el problema fueron los ríos crecidos, los caminos cortados, las quebradas activadas y las ciudades anegadas, durante la primavera la preocupación se trasladará también al campo. Lluvias sobre cultivos en floración pueden dañar las producciones frutales, mientras las heladas tardías pueden afectar los brotes recién desarrollados.
Y después viene el verano. Con un Niño excepcionalmente intenso podría favorecer temperaturas más altas, olas de calor y condiciones especialmente complejas para los incendios forestales.
Wagemann plantea que la lección de este invierno es más profunda. “Las ciudades tienen que estar pensadas desde su integración en el entorno natural”. De ahí que las llamadas soluciones que incorporan cauces, humedales, quebradas y espacios de absorción en la planificación estén ganando espacio frente a una lógica basada exclusivamente en contener el agua.
Penco, Corral, Angol, Coquimbo, Alto del Carmen, Antofagasta, Tocopilla e Iquique terminaron formando parte de una misma historia. Cambiaron los paisajes, los daños y los peligros, pero el patrón fue similar. Las precipitaciones concentradas hasta ahora encontraron territorios construidos para condiciones menos extremas.
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