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Eric Goles: “Nunca estuve de acuerdo con la creación de un Ministerio de Ciencia”

El matemático y Premio Nacional de Ciencias Exactas vuelve la mirada sobre su vida, sus errores y sus afectos en su nuevo libro "El segundo principio". Goles también aborda su paso por la política, su crítica a la institucionalidad científica y el futuro de la ciencia en Chile.

Eric Goles. Premio Nacional de Ciencias Exactas. Pablo Vásquez R.

Los libros y cuadros que habitan en el entorno de su hogar compiten, se esfuerzan en destacar bajo los dibujos que le dejan sus nietos cada vez que lo visitan. El día de esta entrevista, Eric Goles (74) no debía estar en Chile. Tenía un viaje de trabajo a Francia que canceló a última hora, donde perdió pasajes y la oportunidad de compartir con pares de alto nivel. Todo porque uno de sus nietos tuvo un contratiempo de salud: ahora funciona así su vida, a diferencia de como hubiese actuado hace décadas.

Ha dedicado buena parte de su vida a estudiar sistemas complejos, autómatas, matemáticas e inteligencia artificial. Esto último hace 40 años, cuando “no le interesaba a nadie”. Pero su trayectoria es más que eso. Creció en Antofagasta marcado por la música, la inmigración yugoslava y el desierto, para pasar luego por centros de investigación en Europa y ganar el Premio Nacional de Ciencias Exactas en 1993. También condujo en los 90 el programa Enlaces y ha escrito novelas como Lady Byron: detective artificial.

Pero en su nuevo libro, El segundo principio, el matemático dirige por primera vez la mirada hacia sí mismo. A través de una autobiografía que combina ciencia, memoria y literatura, Goles -hoy profesor de la UAI- reconstruye una vida atravesada por los afectos, las pérdidas, la paternidad, los viajes y algunos de los momentos decisivos de la historia reciente.

Sin ocultar contradicciones, errores ni obsesiones, el científico repasa así una vida que trasciende los reconocimientos y los cientos de artículos académicos que ha publicado. Aborda, además, su parecer con el devenir científico local, su participación en la política en el pasado y uno de sus grandes arrepentimientos.

Eric Goles, Premio Nacional de Ciencias Exactas. Pablo Vásquez R.

Cuando se escriben autobiografías o memorias, tienden a estar asociadas al ocaso de la vida. ¿Le pasó esa idea por la mente?

-Claro, qué duda cabe, yo estoy en el ocaso de la vida. Siendo optimista, me quedan 10 años de lucidez. La vida me apasiona, me pasan cosas buenas, cosas malas, qué sé yo. Pero gozo de lo vivido y lo sufrido. Tengo harto que contar. Pero ya cuando estaba terminando el libro me empezaron a ocurrir más cosas que no alcancé a poner ahí. No estoy sentado contemplando que ya se acabó todo. Estoy presente, hago ciencia, tengo proyectos. Acabo de enviar una novela inédita a un concurso, estoy escribiendo un cuento policial, estoy haciendo investigación. Estoy más vivo que nunca, o vivo como siempre.

El título, El segundo principio, imagino que tiene que ver con la termodinámica, con el desgaste, el desorden.

-Sí, el segundo principio de la termodinámica habla de que te desgastas orgánicamente, te olvidas de cosas, la vida te usa y te deshace. Y, sin embargo, también te permite progresar, aguantar, luchar. Te reproduces, sigues enamorándote, sigues leyendo el libro que creíste que no ibas a volver a leer, le sigues dando pelea.

La vida es una pelea, cualquiera sea la vida, no solo la humana. La vida es una pelea constante. Y la maravilla, con ese sentimiento trágico que nos gasta el segundo principio es que vivimos a concho: a sabiendas de que nos estamos gastando. Y esa es mi lucha, es una pelea contra el desgaste, y cuando me lean, de algún modo me están dando la vida que se me está yendo. Estoy viviendo por procuración del lector que me va a leer.

Hay una suerte de paralelismo entre su padre y usted. Los dos entraron a Ingeniería, aunque él abandonó la carrera por la música.

-Yo averigüé después que él era un muy buen alumno, pero estaba habitado por la música desde Antofagasta. Había aprendido piano, sabía composición, dirigir. En algún momento creó una canción que es el “Pobre pollo”, para una fiesta, y se hizo famosísima. Ganó un Festival de Viña, le fue muy bien. Creó la SCD en Chile. O sea, tuvo una carrera por ese lado bien importante. En lo económico, no, porque ser artista en Chile es todavía jodido.

Yo, sin embargo, me metí a Ingeniería y me fue muy bien, pero fui hasta el final. Después estudié Matemática en Francia, y la parte artística que tenía en mis ancestros, de mi madre y mi padre, estaba ahí, guardada. Pero no se puede arrancar de sus raíces: ese es el problema.

¿Por qué en el libro a Pinochet lo nombra como Nosferatu?

-Eso fue antes de que saliera la película (El Conde). Yo soñé que se me aparecía Pinochet como Nosferatu. Y lo digo así en el libro, en ese modo.

¿Se fue de Chile a propósito de la dictadura o por oportunidades laborales?

-Antes del Golpe ya tenía la intención de estudiar Matemática seriamente, y para eso tenía que ir al extranjero. En paralelo yo estudiaba Filosofía en la UC, y se fue al demonio porque echaron a todos los profes y me salí porque no tenía ningún sentido estar. Quería terminar rápido Ingeniería, siempre con el plan de irme a estudiar afuera.

Eric Goles, Premio Nacional de Ciencias Exactas. Pablo Vásquez R.

¿Hay en su vida errores o fracasos que le hayan marcado?

-La palabra error es demasiado grande. Pero diría que, si al día de hoy tuviera que rehacer una cosa concreta, fue haberme metido a concho en el gobierno de Ricardo Lagos. Me obnubilé con él.

¿Lo marcó mucho?

-Mucho, sobre todo cuando invitó a la gente a votar por el No. Después lo conocí y me invitó a su campaña presidencial, en la cual di discursos desde Arica hasta Punta Arenas, junto con otra gente, y me hice cargo de Conicyt. Ese fue, en cierto modo, un error. Me hizo mal. O sea, yo creo que era una cosa que podía estar un par de años, y estuve seis. Me desgasté, me enfermé, se desarmó mi familia.

Me convertí en un tipo soberbio que creía que tenía la razón. En fin, me hizo mal. Dejé de hacer matemáticas porque no había tiempo. Tanto fue así que, a poco de terminar el 2005, tuve mi primera crisis cardiaca muy seria, y me salí el 2006. Me involucré demasiado.

¿Mantiene lazos con gente de la política?

-No, para nada. Lo mío es ser creativo, hacer matemática, escribir, y me dediqué a la academia en muy buena hora. Yo creo que me ha hecho muy bien en mi vida, ha hecho muy bien para mis hijos, para mis nietos, para mis alumnos. Perdí esa soberbia y ese ninguneo de mirar para abajo a todo el mundo.

¿Y cuál es su relación ahora con la política? ¿Incluso con la política científica?

-Ninguna. O sea, soy parte del sistema. Postulo a los proyectos de la ANID, tengo un proyecto Fondecyt, hay alumnos míos que han tenido una Beca Chile. Vivo en ese contexto natural de un científico en este país. De ahí a tener opinión de cómo funciona, sí que la tengo.

¿Cuál es esa opinión?

-Nunca estuve de acuerdo con la creación de un Ministerio de Ciencia. Me parece que hacer eso en un país como Chile es interesante recién cuando se pela bien el chancho.

A mí me ha tocado estar en regiones con los seremis de Ciencia, y no sirven para nada. Podríamos tener una especie de National Science Foundation (NSF), el equivalente de Estados Unidos, que hubiese sido más ajustada y, sobre todo, con un cogobierno de gobierno-estado. Se desarmó la estructura, los comités de ciencia hacen lo que pueden.

¿Y con respecto a la gestión del Presidente Kast?

-Cuando un Presidente de la República te dice que hemos puesto tanta plata en un libro bonito, empastado, pero que no genera empleo, a mí casi me dio la tercera crisis cardiaca. Cuando Ptolomeo trabajó en Alejandría no pensó que todo lo que hacía iba a quedar en libros inútiles.

Usted mismo investigó sobre inteligencia artificial cuando todavía era teoría. ¿Pensaban que esto iba a generar empleo?

-Yo hice mi doctorado, hacía teoremas, y en el año 86 diría que no le interesaba a prácticamente nadie. A lo mejor había otro par por ahí que hizo algo parecido, honestamente no sé.

Con las redes de neuronas que hice podíamos hacer cosas aplicadas. No era una novedad, en Europa ya se estaban haciendo. Ocupamos ese proyecto para ver el carguío automático con inteligencia artificial de los molinos mineros en Chuquicamata, ver la calidad de la madera que producían algunas forestales. Instalamos las primeras predicciones de valores bancarios.

No digo que todo partió conmigo, pero partió de trabajos que el señor Kast hubiese clasificado de inútiles.

Eric Goles, Premio Nacional de Ciencias Exactas. Pablo Vásquez R.

¿Y sobre la ministra Ximena Lincolao qué piensa?

-Yo creo que puede ser excelente en haber creado startups en Estados Unidos, pero de gestión de ciencias y de la ecología nacional no sabe nada. Y eso al país le hace un daño enorme. Pero teniendo un Presidente que dice que las investigaciones hay que guardarlas en la biblioteca, ¿qué quieres que te diga? Me deprime.

¿Cómo espera que se desarrollen los años que vienen para usted?

-Quiero gozar de mis nietos, que son la luz de mi vida. Son una nave que envío al futuro y me gusta verlos crecer, su inteligencia, cómo me cuentan cuentos. Es parte de mi vida, y quiero tratar de entregarles lo más que pueda de mí. Hoy me iba a ir a trabajar por un mes a Niza y desistí porque mi nieto estaba delicado de salud. Así de simple, renuncio, antes no lo hacía.

También tengo estudiantes, y con cada uno de ellos tengo los entusiasmos adecuados. Estoy trabajando en temas que van desde fenómenos sociales pasando por temas más esotéricos, como son las redes de regulación genética para el cáncer. También sigo escribiendo, estoy preparando una nueva novela de Lady Byron, entre tantas otras cosas.

¿Y a estas alturas le apasiona más escribir novelas que un paper?

-Van de la mano. Es lo que me presenta el día a día.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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