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Escolares con tusi en la mochila

Cuatro alumnos de 7mo y 8vo básico de un colegio en Calama fueron encontrados con una bolsa de ketamina. El caso puso el foco en el preocupante acceso a drogas por parte de estudiantes en la región: Antofagasta muestra un alza por sobre el promedio en cuanto a consumo y cada día hay al menos tres niños esperando ser ingresados para ser desintoxicados.

La tarde del jueves 13 de noviembre, Ana Rojas se dirigía a buscar a su hijo al Colegio D37 República de Bolivia, en la comuna de Calama. Ella, que se dedica a cuidar su hogar, no lo sabía, pero al interior del recinto estaba surgiendo una emergencia. El primer indicio de que algo no estaba bien sucedió cuando cambiaron la zona de salida de los alumnos. Hasta ese momento los padres no habían sido informados de que cuatro alumnos de séptimo y octavo básico fueron encontrados con una bolsa de ketamina. El hijo de Rojas, alumno de octavo básico, fue quien le relató lo que había pasado durante clases: “Me dijo que en el recreo habían pillado a unos niños de otro curso con droga”. La noticia terminó llegando a los portales de todos los medios locales.

En los 14 años en que Rojas ha sido apoderada de la escuela, nunca había ocurrido un problema de este tipo. La noticia no impactó solamente a la madre: en el grupo de WhatsApp del curso las preguntas coparon el chat. Como secretaria de la directiva, Rojas comunicó los detalles a los demás padres en una reunión que convocó en los días siguientes. Pese a que todos estaban preocupados, Rojas comenta que –al igual que ella– los demás apoderados destacaron la reacción inmediata que adoptó el colegio para dar aviso a quienes correspondía. Según consignó El Diario de Antofagasta, las autoridades escolares llamaron rápidamente a los servicios de urgencia para atender a los estudiantes que presentaban síntomas de ingesta de droga.

Que esto sucediera ahí no era algo improbable. Según el último Estudio Nacional de Drogas a cargo de Senda, realizado hace dos años, la población escolar de la Región de Antofagasta muestra un alza por sobre el promedio nacional de la prevalencia del consumo de cocaína, pasta base e inhalables. Además, el informe evidencia un aumento de la proporción de menores de edad que declara que les sería fácil conseguir droga. En el caso de la marihuana, hay una variación significativa al alza (36,7% en 2023), con una diferencia de 4,9 puntos porcentuales respecto de la medición de 2021. Para la cocaína, el indicador de facilidad de acceso pasa de 7,6% en 2021 a 12,2% en 2023. En la pasta base, esta medición sube sustantivamente, con una variación de 4,8 puntos porcentuales respecto de 2021.

La inquietud en el colegio se tradujo en reuniones con los apoderados de los cursos involucrados; asimismo, el centro de padres realizó una asamblea para recoger las interrogantes de la comunidad. Tras el hecho, el Servicio Local de Educación Pública de Licancabur, que administra al Colegio D37, señala que lo sucedido “no representa un comportamiento habitual de los estudiantes dentro de las comunidades educativas”. También destacan que, semanas antes del incidente, habían realizado una charla de prevención sobre el consumo de alcohol y drogas, que reunió a las duplas psicosociales de los establecimientos de Calama, junto a representantes de la atención primaria de salud.

El líder del magisterio nacional, Mario Aguilar, se distancia de este análisis y precisa que, aunque no se trata de un fenómeno generalizado, se ha vuelto común recibir alertas de docentes de diferentes zonas por casos de consumo. “En ese sentido, no sé si las estadísticas oficiales de las instituciones que deben estudiar este tema realmente dan cuenta de este fenómeno”, señala.

Esa visión también la comparte el presidente del Colegio de Profesores de la comuna, Ariel Aguirre: “Lo particular con esto es que el tema del D37 salió en la prensa. Pero, en general, en las escuelas básicas, en los niveles séptimo, octavo y en las medias, esto por lo menos ocurre una vez a la semana”.

Clases, ketamina y lápices

Ariel Aguirre describe una escena que muestra qué tanto han penetrado las drogas en los colegios y qué tan normal se ha vuelto ver a alumnos manipulándolas:

“A veces los niños simulan tener droga. Por ejemplo, muelen aspirina u otro tipo de elementos y las venden entre ellos. Juegan a traficar”.

El presidente del Colegio de Profesores de Calama dice que eso es parte de un problema mayor.

“Todo esto comenzó a juntarse con la violencia dentro y fuera de establecimientos, donde muchas de estas situaciones también iban ligadas al consumo y tráfico que se hace generalmente fuera de los establecimientos”.

La ketamina y otras drogas sintéticas derivadas de ella, como el tusi, se instalaron con popularidad entre los jóvenes. La masificación de canciones con referencias al consumo del polvo rosado la ha instalado en el ecosistema de modas juveniles. Pablo Carvacho, director de Investigación y Desarrollo del Centro de Estudios de Justicia y Sociedad de la Universidad Católica, expone que “las drogas sintéticas siempre han estado asociadas a ambientes festivos y de celebración. Hasta hace poco, en Chile eran parte de la cultura de las fiestas electrónicas. Sobre todo en ambientes ABC1. Esto ha cambiado. Su uso se ha hecho más transversal y, a diferencia de lo que creíamos, no necesariamente está asociado a la narcocultura. Esto se produce por una serie de factores relacionados con la oferta y venta de estas drogas sintéticas, que las hacen más eficientes para ser vendidas. Incluso, a través de aplicaciones de delivery”. Además, explica que su popularidad en los adolescentes se debe a que las drogas sintéticas cuentan con una baja percepción de riesgos asociados a su consumo, a diferencia de drogas como la cocaína o pasta base.

Situaciones como la de la bolsa que fue encontrada en el Colegio D37 son amenazas que conoce de cerca la Fiscalía de Antofagasta. Al comparar los datos de las incautaciones de noviembre de 2024 con el mismo período de este año, las pesquisas pasaron de 254 a 370 kilos. El fiscal regional, Juan Castro Bekios, explica que las cifras reflejan una ascendencia de esta droga sintética que va en línea con lo que pasa en otros países de Latinoamérica. Antofagasta, al ser una zona fronteriza, es el nicho perfecto. El persecutor añade que “el aumento de la disponibilidad de ketamina se asocia al fortalecimiento de bandas locales y su vinculación con organizaciones transnacionales, que explotan la porosidad de la frontera con Bolivia y Perú, desde donde se desvía de laboratorios con menor regulación”. Que la ketamina se posicione como un nuevo mercado no es al azar. Bekios detalla que la sustancia tiene altos márgenes de utilidad: un gramo en polvo cuesta alrededor de $ 20 mil pesos y rinde hasta 40 dosis. Lo que permite dejar cuantiosas ganancias para las bandas, sin la logística que implica trasladar enormes cantidades.

Incautación de ketamina líquida

Hasta ahora, en la cadena de tráfico no es frecuente ver a menores involucrados, sin embargo, el fiscal alerta que “el riesgo radica en su exposición al consumo, especialmente en mezclas como el tusi, prevalente en fiestas juveniles”. Asimismo, el tráfico de ketamina expone a los menores al crimen transnacional, debido a que su producción está vinculada a bandas internacionales como Los Lobos y Los Costeños.

Debido a la proliferación de ketamina en la región, fuentes policiales indican que diferentes colegios han solicitado charlas informativas sobre los peligros de la droga, entre ellos, la pérdida de movilidad temporal –conocida como agujero K–, problemas respiratorios, convulsiones y, en altas dosis, la muerte.

Fiscal de Antofagasta, Juan Castro Bekios.

Adictos en la Urgencia

Tras el episodio en el colegio, Ana Rojas también tuvo esa conversación con su hijo. “Yo confío en él. Hablamos sobre lo que pasó y él sabe que puede contarme cualquier cosa. Hay niños que vienen con esos problemas desde la casa”, recuerda.

Las comunidades escolares y los padres no son los únicos que han debido hacerse cargo de la proximidad de los niños con las drogas. Karen Alvarado, enfermera jefa de Urgencia del Hospital de Antofagasta hace ocho años, cuenta que el aumento de casos de menores con consumo de drogas comenzó tras la pandemia, asociado a los problemas de salud mental por el confinamiento que afectó tanto a adultos como niños: “Cuando llegamos al hospital, comenzamos con la consulta de adolescentes por patologías duales -adicciones y trastorno psiquiátrico-, pero era muy bajo el número de atenciones. De hecho, nosotros no teníamos una unidad de psiquiatría infanto-juvenil en ese momento. Pero ya pospandemia comenzó un aumento muy significativo en el tema de las consultas de los pacientes por consumo de drogas y problemas de salud mental. A tal punto de que hoy en nuestra unidad de emergencia manejamos un número no menor de tres niños diarios que están esperando ingresar a un servicio de psiquiatría o a un centro para que puedan hacer la desintoxicación”. Misma situación que comparte Sebastián Cortés, dirigente de la Asociación de Enfermeros y Enfermeras de Calama.

Los datos de 2024 de Senda señalan que la marihuana (65,9%) es la sustancia que mayoritariamente motiva el ingreso de niños y adolescentes a los centros de tratamiento, seguida por la cocaína (12,7%). El consumo de tusi-ketamina hoy representa un 4,9% de los casos. Sin embargo, ha tenido un importante crecimiento respecto de 2023, cuando se encontraba en un 0,7%, convirtiéndose en la tercera sustancia de mayor consumo entre los niños, niñas y adolescentes tratados. La directora de Senda, Natalia Riffo, precisa que las cifras más relevantes en población escolar siguen estando en el alcohol, en la marihuana y no en drogas emergentes. Aunque eso, insiste, “no significa que no sea relevante o que no le tengamos que poner atención”.

Alvarado ve este incremento de drogas sintéticas en las entrevistas que realizan a los pacientes que llegan a Urgencia: “Es muy fácil acceder a esta droga, al parecer, para ellos. Porque lo comentan como si fueran a comprar un chupete, algo así. Entonces, tienen acceso no solo al tusi, sino que a muchas otras drogas”.

Como la red sanitaria no está preparada para recibir a pacientes adolescentes por consumo, sumado al déficit que existe de camas psiquiátricas de hospitalización, las urgencias son el principal lugar de llegada de estos casos. Allan Mix, presidente de la Sociedad Chilena de Medicina de Urgencia y director del Programa de Medicina de Urgencia de la UDP, refuerza que estos casos no solamente han ido en aumento, sino que también el tipo de droga se ha ido complejizando con la aparición del tusi. “Es una situación bien problemática, porque requieren de un acompañamiento y las unidades de Urgencia no están preparadas para eso. Se hacen adaptaciones, se les pide en general a las familias que hagan los cuidados con todas las consecuencias que implica: tienen que tener familiares acompañando al paciente 24 horas al día, a veces por varios días, hasta que haya una disponibilidad de camas. Y todo esto se traduce en una gran presión asistencial para servicios de urgencia, que ya no están prestando solamente servicios de urgencia, sino que tienen que estar prestando servicios de hospitalización por la falta de camas de la especialidad en la red pública y privada del país”, relata.

La alerta también la levantó la Asociación de Enfermeros y Enfermeras tras el informe de Brecha de Camas Psiquiátricas de Fenasenf (2025), que concluye que la red pública solo cubre entre 30% y 35% de la demanda real de hospitalización infanto-juvenil, y que regiones como Antofagasta, Tarapacá y Arica tienen coberturas incluso menores.

En la sala de clases la situación se refleja en casos como el de la escuela D37. Fuentes policiales afirman que los casos de microtráfico de drogas al interior de colegios no son una práctica generalizada. Más bien se trata de casos que deben ser vistos con sus propias particularidades. Pero una transversalidad se encuentra en el modelo familiar que tiene cada alumno, sobre todo en los niños de edad más pequeña, que pueden asociar el porte de la sustancia a nuevas tendencias o conductas normalizadas en los familiares.

El alcalde de Calama, Eliecer Chamorro (FRVS), destaca como una medida prudente la revisión de mochilas. Sobre todo considerando la facilidad de transportar ketamina y otras drogas ahí dentro. Sin embargo, precisa que es una medida que debe ser discutida y acordada con todos los actores de las comunidades escolares.

Los cuatro alumnos de la D37 fueron suspendidos de clases y se encuentran con acompañamiento psicosocial a cargo del servicio local. Ana Rojas dice que es un caso aislado, que conoce a la mayoría de los padres y funcionarios del colegio, que “cumplieron todos los protocolos”, aunque reconoce que en los alrededores de la escuela hay una amenaza que escapa del control de los padres y profesores. Y eso, porque hay puntos de venta de droga en las cercanías.

En la sala de Urgencia, el pronóstico es el mismo. La enfermera del Hospital de Antofagasta, Karen Alvarado, anticipa que “seguiremos recibiendo estos casos y en el próximo año quizás sean más. No somos el único hospital afectado con esto, son todos los hospitales. Es cosa de sentarse a conversar con todos los jefes de servicio de la Unidad de Emergencia de Chile y darse cuenta de que no estamos solos en esto”.

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