Por César BarrosBanca y Pymes

La banca chilena es, en varios aspectos, una singularidad dentro del mundo financiero de la OCDE. Su rentabilidad superior en un dígito a la de sus pares de países más desarrollados; barreras de entrada a la industria que llevaron en pocos años a tener 17 bancos de los 25 que había -con solo dos nuevos-, y a enfocarse mayoritariamente en empresas grandes.
Las Pymes representan poco más del 15% de sus carteras, muchísimo menos que sus pares de la OCDE, donde superan el 25%, y son servidas -a tasas muy elevadas- por la industria del factoring (dominada también por los holdings bancarios) solo en operaciones de corto plazo, industria que entre el 2009 al 2024 pasó de representar un 1,5% del PIB, al 2,7%.
Una industria como la banca, que tiene un aval implícito del Estado -vía Banco Central- debería financiar a quienes constituyen el corazón del empresariado chileno: Pymes y Mipymes, y no solo a grandes conglomerados empresariales, que tienen financiamiento por otras vías: bonos, emisiones de acciones, grandes bancos internacionales, y otra infinidad de posibilidades. La banca alega que el problema es la tasa máxima legal. Puede ser parte del problema, pero el mayor son los requisitos que enfrenta una Pyme para “entrar” al sistema, en términos de información financiera auditada, garantías o historia en el sistema financiero. Las provisiones que deben imputarse a un préstamo Pyme con su realidad financiera e histórica hacen poco interesante el negocio, a cualquier tasa (de hecho, cuando se ha relajado la tasa máxima convencional -que es altísima- no han aumentado los préstamos al sector Pyme).
Las reformas que traerá la nueva reforma al mercado de capitales, deberían revisar a fondo el por qué los bancos no le dan espacio al mundo Pyme, y ahí hay varios temas. Y el primero, es porque el porcentaje que pueden prestar a grupos económicos grandes puede llegar a ser hasta del 30% de su capital, que es una cifra enorme, y copan su capacidad de préstamos. Se podría argumentar que las Pymes son más riesgosas, pero la verdad es que las crisis bancarias históricamente se han debido a sus préstamos a grandes instituciones y no a Pymes.
Sería muy bueno que -en la reforma al mercado de capitales- empresas de menor tamaño puedan emitir bonos con menos regulaciones; que a las AFP se les permita competir en deuda privada, y tener un mercado accionario más fluido. Pero la nueva regulación debe abrirle paso al mundo Pyme en la banca, que siempre será más grande y más sencilla de operar que el mercado de capitales. Pero ello no es solo analizar la tasa máxima convencional, sino también bajar los límites que se pueden prestar a grandes empresas, para dejarle espacio al mundo Pyme. Reducir las provisiones a los mayores plazos de sus préstamos, los requisitos contables, y todo el enjambre de regulaciones que hacen del mercado bancario chileno uno de excelencia para las grandes empresas, pero un laberinto para las que están naciendo o colaboran con las grandes. El regulador ha ido armando un tinglado regulatorio que aleja a la banca del Chile real, y dejó a ese mundo empresarial mayoritario fuera del sistema bancario.
Por César Barros, economista
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