Columna de Marcelo Contreras: #Lolla2022: Qué hay de nuevo viejo

Lollapalooza Chile enfrenta un desafío extra en esta nueva etapa que debiera beneficiar al público. Con el desembarco de Primavera Sound en el mismo recinto en noviembre próximo, ya no corren solos.



“Vuelve lo que nos une”, proclama con gusto a paradoja la sentencia promocional de Lollapalooza, porque las últimas noticias del festival -el bullado quiebre con la comuna de Santiago-, evidenció que después de una década la música en vivo del evento anual más importante de la capital, no logró conciliar evento y entorno. El matrimonio acabó por razones cruzadas, y ahora el festival tiene nueva casa en el parque Bicentenario de Cerrillos para el inicio de un punto aparte, donde la primera responsabilidad es no repetir los errores de este divorcio, lo cual implica crear vínculos y dejar huellas más palpables.

Cerrillos es un espacio distinto que obliga a la totalidad de los escenarios al aire libre sin el resguardo que prodigan las sombras del Parque O’Higgins, y donde todo parece más inhóspito. Sin embargo, el ex aeropuerto tampoco es una interrogante. El recinto ha probado su funcionalidad con grandes montajes como Santiago Gets Louder en 2015. En este nuevo ciclo de cara a una segunda década, la misión de Lollapalooza Chile consiste en mejorar la experiencia total.

En ese sentido, el anuncio del line up esta semana, completa satisfactoriamente las expectativas entre lo nuevo y lo probado, excepto algunos nombres de su acápite más relevante: los cabeza de cartel.

Que el festival sea liderado por viejas bandas de rock como Foo Fighters, un grupo con mejores relaciones públicas que cancionero, cuyo arrastre local quedó en entredicho desde el frustrado debut en el Estadio Nacional en 2015, que derivó a un show a medio llenar en la Pista Atlética, no es precisamente alentador. Lo mismo The Strokes, número repetido que vive de las rentas de un peak creativo coincidente con el debut Is this it hace ya 20 años. Jane’s Addiction, parte del ADN del festival, es un número respetable, pero sus credenciales no ofrecen lo necesario para el lugar que ocupan como headliner.

REUTERS/Gaelen Morse

El atractivo 2022 radica en otros nombres, entre consagrados más nóveles y artistas en pleno apogeo. Miley Cyrus es una veterana del espectáculo que aún no alcanza la treintena, dueña de una discografia sólida e inquieta, junto a una estética y actitud personalizada. Doja Cat encarna la efervescencia del pop actual, caleidoscópica y llamativa, como si varias artistas convivieran en su interior, mientras Phoebe Bridgers posee cualidades similares desde el indie rock. Idles, King Gizzard & The Lizard Wizard y Turnstile, desembarcan con grandes discos de rock inquieto, y la electrónica se refresca con la elegancia de Kaytranada.

La presencia nacional es absolutamente contundente, la más masiva que se recuerde, como una forma de reactivar la escena grogui desde el estallido social, en una combinación exacta entre clásicos y novedades que van en abanico desde La Nueva Canción Chilena con la presencia del Inti Histórico y Quilapayún, consagrados como Lucybell, Beto Cuevas, Javiera y Los Imposibles, Javiera Mena, Pedropiedra y Camila Moreno, y la reluciente armada urbana con Princesa Alba, Harry Nach, Kiddtetoon, Pablo Chill-E, Drefquila y Marcianeke.

Marcianeke

Lollapalooza Chile enfrenta un desafío extra en esta nueva etapa que debiera beneficiar al público. Con el desembarco de Primavera Sound en el mismo recinto en noviembre próximo, ya no corren solos, una condición que probablemente contribuyó a un exceso de confianza, que terminó con el evento fuera de Santiago. Los carteles y habitabilidades inevitablemente serán comparados. Tendrán que esforzarse extra para atraer a la audiencia.

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