La levedad del Frente Amplio



La imagen lastimera del joven dirigente estudiantil de la Fech diciendo que todo había sido terrible podría haber sido una historia entre tantas que suelen ocurrir en la política universitaria, pero se convirtió en un síntoma de lo que le pasa al Frente Amplio. No solamente porque la crisis universitaria se trasladó hacia las fuerzas mayores de la alianza de izquierda, sino porque mostró cómo dicha coalición resuelve sus conflictos, más preocupados del qué dirán y no de los espacios institucionales propios de la política para procesar diferencias.

La acción parlamentaria del FA, pese al esfuerzo que hacen varios de sus integrantes de aportar a las comisiones, no ha sido de grandes éxitos. El único punto que pueden anotarse es que lograron instalar la necesidad de bajar el valor de las dietas parlamentarias, asunto que, al final del día, terminará favoreciendo a los candidatos con mayores recursos, pues la realidad de hoy es que muchos congresistas ocupan sus dietas para pagar deudas de campaña.

También podrían atribuirse el corcoveo del PS en el Senado respecto de acuerdos tomados sobre judicaturas, pues la presión a través de sus diputados clones de la ex NM hizo tambalear un acuerdo en el Senado. Eso sí, varios actores importantes de la coalición de izquierda, como el alcalde Sharp o el senador Latorre, han reconocido que toda esa práctica eficiente del reclamo no es lo que se necesitará finalmente para gobernar, colocar su agenda y finalmente lograr los cambios.

El resto ha sido acciones efectistas y leves, desde el intento de acusación constitucional al ministro Santelices hasta la prórroga artificial de la polémica del uso de corbatas en el Congreso. Todas ellas muy útiles en el cada vez insustancial escenario de las redes sociales, pero que empieza a crear la imagen de una coalición atosigada por la frivolidad y que no es heredera, en modo alguno, de la épica del 2011 que la creó, aunque los actores sean los mismos.

Otro ejemplo es la recepción a las críticas del excandidato presidencial Alberto Mayol, en una entrevista en este diario. La respuesta fue que debiera callarse y procesar internamente las críticas, algo impropio en un régimen democrático. Normalmente, las fuerzas minoritarias disidentes apelan a los medios para plantear sus puntos y así influir en sus coaliciones políticas. Así fue Ossandón en sus tiempos, la disidencia de la DC e, incluso, la Nueva Izquierda del Partido Socialista, que tuvo un inicio disidente de las lógicas de la transición. A nadie se le hubiese ocurrido pedirles a los autoflagelantes de antaño que procesaran internamente sus críticas, y en la derecha, una primaria democrática acalló la rebeldía de Ossandón.

El Frente Amplio tiene una tremenda responsabilidad con sus electores reflejada en los 21 parlamentarios que poseen capacidad de promover acciones legislativas en favor de sus ideas. También sigue teniendo una capacidad moral de influir en la ex NM como se ve a cada rato, cuando los líderes progresistas se vuelven dubitativos ante un par de tuits de Giorgio Jackson y sus huestes. Además de ello, buena parte de sus votos se deben al desencanto con el estertor del gobierno anterior y la candidatura fallida del oficialismo. Sin la novel coalición de izquierda, esos electores se habrían quedado en la casa dañando aún más la crisis de representación que padece la política chilena. La cada vez más frecuente insoportable levedad de sus líderes en estos días no está a la altura de sus deberes.

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