La tarea recién comienza

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La mayoría de los habitantes de Chile hemos sentido, sin duda, un alivio en estas horas, porque al fin la política, espacio irremplazable para definir los destinos de un país, actuó. Se hacía evidente hace tres semanas que la salida a la crisis política y social precisaba dejar las trincheras, buscar el diálogo y ofrecerles a los ciudadanos y ciudadanas de este país una alternativa viable que se hiciera cargo de las demandas de la sociedad para la búsqueda de un nuevo trato. Eso es, sin duda y con todas sus imperfecciones, la democracia. Un tipo de régimen que, con bemoles, es la única alternativa para alcanzar el diálogo mediante canales institucionales, que puede garantizar derechos, que tiene instrumentos de control del poder y mecanismos para procesar y resolver conflictos. Por cierto, este régimen falla cuando no tiene capacidad de adaptarse a las transformaciones sociales, leer adecuadamente lo que demandan los ciudadanos y responderles. La legitimidad del sistema, que es el resultado virtuoso de aquello es, precisamente, lo que tuvo en jaque al gobierno y al mundo político en estas semanas.

Afortunadamente no fue demasiado tarde y los actores políticos no renunciaron a la vía institucional. Ello habría sido claudicar a valores fundamentales de la democracia como son la libertad, la igualdad y la solidaridad. No obstante, es preciso comprender que la tarea recién comienza.

En efecto, hay al menos tres cuestiones relevantes que no debemos olvidar y que son parte de los aprendizajes y de la manera de seguir este proceso en sus siguientes etapas, de manera adecuada.

Primero, es importante recordar que como resultado del descontrol que se produjo en el orden público en estas semanas, se sucedieron una serie de vulneraciones a derechos humanos que no pueden quedar impunes. A los más de 20 muertos se suman las vejaciones y torturas a las que fueron sometidas muchas personas. En una democracia el estado de derecho es un pilar irrenunciable y es preciso que cada vulneración de derechos fundamentales se aclare y sea castigada adecuadamente. Misma cosa con la destrucción de bienes públicos y privados, que deben ser aclarados y justamente sancionados.

Segundo, también hay que considerar que parte importante de la demanda instalada en la calle tiene que ver con la necesidad de responder adecuadamente a las necesidades sociales. Así, es importante considerar que la agenda social debe ser discutida y debe generar respuestas en un corto plazo. El clamor por la dignidad de las pensiones y terminar con el precio abusivo de los medicamentos, entre muchos otros temas, requiere repensar la política pública, poniendo al centro un nuevo trato con los ciudadanos.

Los dos temas anteriores son condiciones sine qua non para avanzar en aquel que será, probablemente, el resultado más relevante de este proceso: una nueva Constitución Política. Será la primera vez en la historia de Chile que la discusión de la carta fundamental incorpore a los ciudadanos para definir el mecanismo, el proceso, sus contenidos y para ratificar su resultado. El ejercicio democrático que ello implica supone también ser muy cuidadosos en las reglas del juego que darán marco a este camino. Ello, para asegurar su integridad en la observación minuciosa de la información que circulará y brindar a los ciudadanos reales posibilidades de deliberación y decisión, lejos de las noticias falsas que tanto daño han generado en otros sistemas políticos del mundo. Y así, mantener el entusiasmo y el sentido de corresponsabilidad que tiene un proceso de estas características, tanto para la ciudadanía como para el mundo político.

Tenemos la oportunidad histórica de volver a mirarnos y escribir por primera vez un nuevo pacto social y que todos los habitantes de nuestro país se sientan parte del mismo proyecto colectivo. No fallemos en esto.

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