Opinión

Pisa 2025: se necesita mucho más que prohibir los celulares

Sistema de Admisión Escolar.

Esta semana en el mundo se celebró el Día Internacional de la Alfabetización y se publicaron también los resultados de PISA 2025. Las cifras, sin embargo, nos dejaron sin celebrar.

Los resultados del país son preocupantes. Si bien nos mantenemos delante de nuestros pares latinoamericanos, en vez de avanzar retrocedimos, con una disminución significativa del desempeño respecto de PISA 2022 en dos de las tres áreas evaluadas. En Matemática, la caída fue de 9 puntos; en Lectura, de 12. Ciencias se mantuvo estadísticamente estable.

Lo que más preocupa es que no estamos solos en esta tendencia. El promedio de los países de la OCDE registró una baja similar en este último período: 10 puntos en Matemática,14 en Lectura y una variación de -3 puntos en Ciencias. En Lectura en particular, si comparamos con el nivel pre–pandemia, en 32 de los 35 países OCDE no se ven señales de recuperación. Al contrario, lejos de recuperar, 27 países (incluido nosotros) retrocedimos aún más los puntajes desde la última medición. Así, tal como se oye: en estos últimos 3 años, en 77% de los países desarrollados se deterioró la capacidad humana para comprender textos escritos.

¿Qué significa esto en términos concretos? Más que el puntaje, es importante mirar el porcentaje de estudiantes que alcanza el mínimo necesario para interactuar con textos de la vida diaria y distinguir hechos de opiniones. En Chile, el 38% de los estudiantes de 15 años no alcanza el nivel mínimo de competencias en lectura, es decir, 2 de cada 5 jóvenes no son capaces de identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, buscar información basándose en criterios explícitos, ni reflexionar sobre la finalidad y la forma de los textos cuando se les pide expresamente que lo hagan. Desde 2015, la proporción de estudiantes que no desarrolla estas capacidades ha aumentado en cada medición, acumulando 10 puntos porcentuales.

La situación es tan crítica que urge indagar en sus causas. La OCDE es clara al vincular esta caída con la proliferación de los smartphones. Por ejemplo, se observan dificultades crecientes para sostener la concentración, de modo que el desempeño es más bajo en las preguntas que piden comprensión de textos de más de 400 palabras. Hay también una mayor tendencia a dar respuestas precipitadas, menor disposición a esforzarse frente a las tareas escolares, así como una pérdida de curiosidad y perseverancia. El informe agrega que la mayor digitalización, el aumento del tiempo de pantalla y la caída de la lectura por placer coinciden con resultados más débiles, tanto como el uso de IA generativa para reemplazar el esfuerzo requerido en las tareas escolares (como resumir textos o escribir un borrador). En suma, no hablamos solo de un problema de lectura: hablamos de una habilidad de pensamiento que se está debilitando de forma transversal. Hablamos de una posible transformación en la cognición humana.

¿Cuál es la relación entre el esfuerzo y el desarrollo cognitivo? La ciencia nos dice que las habilidades cognitivas no se desarrollan sin esfuerzo. “Aprender” mientras se ve un video corto o un TikTok crea una ilusión de aprendizaje. Creemos haber entendido algo que vimos pasar rápido de forma entretenida, sin embargo, sin procesamiento activo, sin cuestionamiento, sin reflexión, y sin esfuerzo, esos nuevos contenidos no se integran a nuestro conocimiento. El concepto de la Paradoja del Esfuerzo alude a que los estudiantes suelen interpretar la sensación de dificultad como señal de que no están aprendiendo, cuando en realidad es lo contrario: enfrentar esa dificultad, bien mediada por un docente, es lo que genera el aprendizaje duradero.

Este principio orienta el rol que debería tener la escuela si queremos formar nuevas generaciones de ciudadanos capaces de comprender con profundidad y de participar activa y críticamente de la democracia. Si en la sala de clases los estudiantes no se enfrentan sistemáticamente a leer textos largos y complejos, leer seguirá siendo, para ellos, un esfuerzo desproporcionado. La tolerancia a la dificultad se entrena, al igual que la capacidad de atención. Si nunca se ejercita, no aparecerá cuando se la necesite. Y si se tuvo, pero se dejó de usar, se reduce.

La evidencia en el campo de la didáctica de la lectura es robusta en sus lineamientos: es necesario desarrollar paciencia lectora, modelar las conductas que utiliza un buen lector y mediar a los estudiantes en el desarrollo de un amplio vocabulario y de estrategias para procesar el texto con éxito de modo que la práctica de leer comience a ser deseable. Así también, es clave proveer de experiencias sistemáticas de escribir y hablar sobre las lecturas, justamente para mediar el procesamiento activo de lo leído.

Por último, el informe de PISA también advierte sobre otro factor que sería un error pasar por alto: los estudiantes tienen mejor desempeño cuando experimentan sentido de pertenencia y valoran el rol de la escuela; cuando aprenden en entornos seguros, contenedores y bien dotados de recursos. En otras palabras, una experiencia de aprendizaje con sentido motiva y dispone a aprender. Los vínculos con la familia y con los docentes también son determinantes, tanto para el compromiso como para el logro académico.

A la luz de estos datos, es claro que la solución no puede reducirse únicamente a prohibir el celular en la escuela y a retrasar su entrada en el hogar, aunque estas medidas están bien encaminadas. Se necesita también que el sistema educativo en su totalidad fomente la lectura y el procesamiento activo de textos extensos y gradualmente más complejos, mientras equilibra la exigencia académica con el sentido de pertenencia y el bienestar de los estudiantes. Será necesario que la escuela proteja espacios que demanden atención sostenida y paciencia lectora, ya que se han hecho más escasos en la vida privada. Será labor de la sociedad y de una política de Estado, respaldar estos esfuerzos. Se trata con esto de entregar a las futuras generaciones las oportunidades, el apoyo y los recursos para que desplieguen su potencial y se integren y contribuyan a una sociedad democrática.

*Esta columna fue elaborada en colaboración con: Katherine Strasser, Francisca del Río, Constanza Errázuriz, Andrea Bustos, Pelusa Orellana, Marta Quiroga, David Preiss - Instituto Milenio MISTRALL

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